| 10/15/2004 12:00:00 AM

Mejor de lo que creen

Las cifras muestran que el Valle del Cauca tiene las mejores condiciones para convertirse en el centro de exportación del occidente del país y en el foco de una zona de producción y comercio que se extendería hasta Caldas.

En Cali, el tráfico en horas pico es complicado. Los peatones y las motos se esquivan mutuamente con quiebres de cintura tan salseros como peligrosos. Las cebras y los paraderos no se usan ni se respetan. En esos momentos, los caleños se quejan: ¿dónde se quedó la ciudad ejemplo del país en los 80?

Parece que las cosas en el Valle no andan bien y esta sensación la comparten empresarios y ejecutivos. Pero cuando se estudia detalladamente la situación, se ve que, en últimas, el Valle lo único que tiene enfermo es el ánimo, porque en general los números de la región son buenos y su futuro como plataforma de producción y exportación pinta todavía mejor.

La crisis de 1997 dejó a los vallunos con el 'síndrome del sobreviviente', que manifiestan con frecuencia los soldados que regresan de la guerra, los supervivientes de accidentes aéreos o los empleados de compañías que han sufrido fuertes procesos de reestructuración. Actúan con demasiada cautela, con poco optimismo y mantienen una combinación de sentimiento de culpa y depresión.



El lado bueno

Contra esa sensación están los datos. "Cali lleva tres años como la ciudad que más ocupación genera, después de Bogotá", dice Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Comercio de Cali. El año pasado, la tasa de desocupación de la capital del Valle fue la menor de las 13 ciudades que mide el Dane (ver gráfico).

Las exportaciones de la región son, en su mayor parte, de bienes con valor agregado. Así en 2003 el 53% de las ventas al exterior correspondió a productos de consumo final. Además, con la recuperación del mercado de Venezuela, las exportaciones regionales volvieron a crecer. Ya el año pasado se observó que la balanza comercial del departamento fue menos deficitaria, al bajar 63% frente al saldo de 2002. Además, ese déficit no es preocupante. Los estudios del Banco de la República muestran que, por su estructura productiva, el departamento ha presentado un déficit permanente en su balanza comercial. La configuración industrial del Valle hace que sea un importador neto de bienes intermedios, mientras que los saldos comerciales de bienes de consumo no duradero son positivos.

Los programas de inversión empresarial y pública para los próximos meses superan ampliamente los previstos para las regiones vecinas. Se esperan proyectos en la expansión de capacidad, plantas nuevas, obras de infraestructura vial y portuaria, parques y nuevas entidades financieras. Las importaciones de bienes de capital, que responden por el 20% de los US$1.300 millones que valen las compras totales en el exterior, no reflejan todavía los nuevos programas; pero sin duda los mostrarán en breve.

Si se completan las obras previstas, el departamento puede convertirse en el centro de exportación del occidente del país y en el foco de una zona de producción y comercio que se extendería hasta Caldas. Cali podría arrebatarle fácilmente el liderazgo natural de la región a Medellín. ¿Demasiado optimista? No. Basta con mirar algunas de las cosas que vienen.



Proyectos a montón

El Valle sigue dependiendo de la caña de azúcar, más o menos como en los últimos 100 años. Por eso es tan importante que los ingenios Manuelita, Incauca y Providencia hayan comenzado la construcción de plantas de alcohol carburante con inversiones de $48.000 millones. "Los demás ingenios también se van a meter", asegura Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Comercio de Cali. Cada planta adicional vale cerca de US$7 millones, aunque el costo se podría reducir si, como algunos proponen, la Industria Licorera del Valle destila alcohol en asocio con otros particulares. Estas plantas aumentan el valor agregado de las siembras de caña, pero además reducen la vulnerabilidad del sector a las fluctuaciones de los precios internacionales, porque estabilizan la demanda interna.

En sucroquímica, la empresa Sucromiles expandió este año sus plantas con una inversión de US$6 millones, para producir 100.000 litros diarios de alcohol y 30.000 toneladas de ácido cítrico para exportación. En los próximos años, dice Jaime Colmenares, su gerente general, espera aumentar notablemente su producción de ácido cítrico y sus derivados, como el citrato de calcio, una fuente importante de calcio para alimentos.

En otro frente, a partir de 2005, Propal invertirá cerca de US$20 millones anuales durante los próximos 10 años, para hacer una completa reconversión tecnológica de sus plantas de producción. "El objeto es mejorar la competitividad tanto en calidad como en costos de producción, así como obtener incrementos en la capacidad instalada para la fabricación del portafolio de papeles", dice Alfonso Ocampo, presidente de la compañía. Este plan es parte de un programa de los últimos cuatro años en los cuales ya se habían invertido US$55 millones para modernizar la maquinaria y para poner en marcha la línea de papel propalcote.

Bavaria construirá en Yumbo la planta cervecera más moderna de América Latina, con un costo de US$62 millones. El proyecto estaría terminado en 2007 y, aunque por su ubicación podría aprovechar su cercanía al puerto de Buenaventura para abrirse mercados en el Pacífico, la producción por ahora se usará para abastecer el mercado doméstico.

La cooperativa Coomeva, la más grande del país, planea fortalecerse en su actividad financiera. Así, a comienzos de 2005, tendrá lista su licencia como cooperativa financiera, lo que le permitirá captar dineros del público y del Banco de la República, para financiar el desarrollo de las empresas de sus cooperados, que ya reciben recursos de crédito y de capital de riesgo.

En el sector público también hay proyectos. A pesar de sus dificultades financieras, Emcali acordó con sus acreedores un plan de inversiones por $600.000 millones para los próximos cinco años. En el sistema de transporte masivo (MIO) se invertirán US$410 millones en los próximos 43 meses.

La malla vial del Valle, una de las mejores del país, se optimizará con la doble calzada de La Victoria a Pereira y con la vía a Buenaventura. Esta última se beneficiará de la ampliación de la carretera de Bogotá a Girardot y del Túnel de La Línea, obras que reducirán el tiempo de viaje desde el interior hasta el puerto.

En otras áreas también hay avances. El Parque Científico y Tecnológico Llanogrande, en Palmira, servirá para hacer investigación y desarrollo tecnológico en temas agrícolas y ambientales. El parque se inserta en un corredor biológico entre el Páramo de Las Hermosas en la Cordillera Central y el Parque Los Farallones de Cali en la Cordillera Occidental.

Pero, además, el ambiente para la inversión puede mejorar si prospera la idea de Apolinar Salcedo, alcalde de Cali, de reducir o eximir por 10 años de impuesto de industria y comercio o predial a las empresas nuevas que se conformen en la ciudad. Salcedo le dijo a Dinero que llevará esa propuesta al Concejo de la ciudad.



Dónde está el problema

Si la inversión, uno de los mayores motores del crecimiento económico, parece tener cuentas interesantes, entonces ¿por qué hay desánimo en el Valle?

Francisco Piedrahíta, rector de Icesi, considera que la raíz del problema estaba en el pasado. El Valle viene de una crisis que conjugó varias fuerzas negativas. La primera, dice, fue el narcotráfico. "Fue espantoso, porque corrompió un buen sector de la sociedad y dañó la moral de una parte importante de la comunidad. Generó la cultura del dinero fácil", explica. La segunda fue la apertura, porque promovió la salida del país de varias multinacionales que habían llegado en los 40 y 50 para abastecer el mercado doméstico desde Cali. "Con cambio de modelo se fueron Gillette, Eveready, algunas farmacéuticas y muchas empresas fabricantes de bienes de consumo se redujeron. Con eso afectaron las empresas locales, sus proveedores, etc.", dice Piedrahíta. La tercera fuerza fue la guerrilla. "Tres secuestros masivos espantaron la inversión, la gente y desmoralizaron la ciudad", afirma.

Las tres fuerzas, dice el rector, produjeron después la quiebra de lo público (el departamento del Valle, el municipio de Cali, la Universidad del Valle), porque facilitaron el desorden y la corrupción.

Con un ingrediente nuevo hoy -el reinicio de las vendettas entre narcotraficantes-, esas parecen razones suficientes, como una guerra o un accidente aéreo, para que los ciudadanos de una de las empresas más importantes del país -el departamento del Valle del Cauca- tengan un problema que deben superar: el 'síndrome del sobreviviente'.
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