| 3/6/2009 12:00:00 AM

Maestros, en cambio extremo

Clases más participativas, que promueven la creatividad y la investigación por parte de los niños, conforman el nuevo paradigma en la educación básica.

El 19 de noviembre de 1957, días después de recibir el Premio Nobel de Literatura, Albert Camus hizo una sentida evocación del papel que el señor Germain, su primer maestro, jugó en su vida de escritor. "Sin Usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto", escribió Camus en una carta fechada en París.

Esta nostálgica forma de gratitud frente al maestro conserva su esencia en la sociedad, pese a la irrupción de la tecnología, y hace presagiar a algunos el surgimiento de modelos pedagógicos cada vez menos personalizados, pero que para otros se convierten en herramientas que no pueden prescindir de un guía.

El desafío para los próximos años, entonces, será lograr aulas más activas, con mayor participación de los estudiantes en las clases y un espíritu creativo e investigador -incluso desde el primer grado-. Sin embargo, lograr este objetivo está más cerca de lo que muchos esperaban. La educación convencional se está replanteando y todo apunta a que en el futuro el profesor pasará de ser el tradicional transmisor de conocimientos a convertirse en un guía del proceso de aprendizaje de sus alumnos y el encargado de evaluar sus progresos e identificar sus dificultades.

"El papel del profesor va a ser muy distinto en 25 años", explica María Cristina Cortés, experta en educación del Grupo Editorial Santillana, y quien cree que los cambios en las aulas se están acelerando, movidos por la necesidad que hoy plantea un mundo más competitivo y con estudiantes cada vez mejor informados.

Y no se trata simplemente de pensar que en cinco lustros las aulas estarán mejor dotadas de elementos tecnológicos o que la forma de aprender estará mediada por equipos más sofisticados de informática. Los cambios, más bien, estarán dados por el mayor grado de interacción entre alumnos y profesores, explica el experto Jorge Enrique Vargas, quien asegura que, al menos en la educación básica, el aula de clases mantendrá su importancia estratégica y los cambios estarán dados por el papel más participativo de los alumnos.

Vargas reconoce que los programas más exitosos en educación básica son aquellos en los que prevalece la educación activa y participativa, guiada por un maestro que se convierte en referente y modelo para los estudiantes. "Necesitamos un maestro que sea la encarnación de lo que queremos ser", añade Vargas sobre el papel del educador.

Fernando Vita Suárez, rector del Colegio Italiano Leonardo Da Vinci considera fundamental la educación centrada en el ser humano "y desde este punto de vista no podemos ser esclavos de la razón". En este sentido, cree que la educación debe servir para formar no solo buenos bachilleres sino buenos seres humanos en las esferas científica, lingüística y humanista.

Pero, ¿qué tantos cambios pueden darse en el rol que cumple el profesor de educación básica en el país y cómo deben prepararse para asumir este reto? Natalia Zuleta, del Gimnasio Fontana, cree que la transformación será total en el papel del educador del futuro. Para comenzar, explica que los maestros tendrán que desarrollar las inteligencias múltiples de los alumnos descritas por el experto mundial Howard Gardner (ver recuadro). "La creatividad debe ser una obsesión para los maestros, a fin de mantener la atención de los alumnos y generarles amor por el conocimiento", afirma. Sin embargo, reconoce que esto se logra con el compromiso, no solo de los maestros y rectores, sino también de los padres de familia, quienes tienen un papel preponderante en la adopción de cambios estructurales en la educación básica.



Formación permanente

Desde el punto de vista de los docentes, los expertos coinciden en que estos deben comprometerse con un proceso de formación permanente que los dote de las herramientas para renovar el ciclo de aprendizaje. La apropiación de nuevas tecnologías en el aula será el gran reto para los docentes que quieran ir al ritmo de sus alumnos.

Sin embargo, este proceso deberá estar acompañado de una mejora en el estatus social de los maestros, que les garantice condiciones adecuadas para su desarrollo profesional y reconocimiento social. "El proceso de formación de docentes debe ser permanente para estar a tono con los cambios, tanto en el conocimiento como en la sociedad. Un maestro con 25 años de experiencia debe seguir formándose y una de las reflexiones que debe hacerse cada día es cómo lograr que los estudiantes aprendan mejor", asegura Leopoldo González, ex rector del colegio Gimnasio Moderno de Bogotá, y director de Alianza Educativa.

Carlos Alberto Casas, jefe del departamento de educación de la Fundación Corona, explica que parte del cambio cultural que requiere hoy el país debe apuntar a que los maestros de primer grado sean los mejores que pueda tener cualquier institución, pues es allí donde inicia el proceso de acercamiento de los estudiantes al conocimiento.

Pero los desafíos no se limitan a una formación permanente del docente y una mejora en sus ingresos y estatus. Un elemento adicional tiene que ver con su evaluación, pues en este caso también es válida la premisa según la cual "lo que no se evalúa no mejora".

Aunque nadie puede predecir con exactitud los cambios de la educación básica en 25 años, maestros y expertos en el tema coinciden en que la tecnología dotará a esta nueva generación de las herramientas apropiadas para garantizar su competitividad. El gran reto, sin embargo, está en aprovecharlas para seguir inculcando en los estudiantes el amor por el conocimiento.

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