| 4/12/2006 12:00:00 AM

Los pioneros del agro

La Costa Atlántica -en especial Córdoba, Magdalena y el Valle del Sinú- ha sido desde el siglo XIX responsable de la producción de banano, algodón y ganado, actividades que ayudaron al desarrollo de la economía de la región y del país.

Los nombres de José Manuel González, Manuel Antonio Buelvas Cabrales, Andrés Guerra Dickson y el general Manuel Burgos se han perdido en la historia, aunque gracias a ellos la Costa Atlántica inició la explotación comercial de algunos de los productos agropecuarios que han marcado su desarrollo durante años. El primero descubrió el potencial exportador del Magdalena en banano, los dos segundos iniciaron el negocio del algodón y el General Burgos cambió la ganadería de la zona.

Banano de exportación Otro de los productos agrícolas de gran importancia en la Costa Atlántica fue el banano, sembrado y comercializado por la compañía estadounidense United Fruit Company. Este empezó a ser sembrado con intenciones comerciales en las zonas aledañas a Ciénaga, Magdalena, en 1891 por José Manuel González. En este primer intento por comercializar el producto se lograron exportar 5.113 racimos. Ese mismo año, José Manuel González vendió sus cultivos al estadounidense J. Sanders, quien aumentó la producción a 171.891 racimos, todos exportados. En 1892, el cultivo pasó a manos de la Colombian Land Company, adquirida por el estadounidense Minor C. Keith, de la Boston Fruit Company, de amplia presencia en los países centroamericanos. Cuando Keith se hizo el control de las dos empresas, las fusionó y creó la United Fruit Company (UFC).

La UFC, desde sus orígenes, controlaba el 80% de las exportaciones mundiales de banano, gracias a un sistema que le aseguraba el control de toda la región: era dueña del ferrocarril que llevaba el banano a los principales puertos desde donde se embarcaba para su exportación. Además de sembrar banano en tierras de su propiedad, compraba la producción a pequeños productores que aprovechaban sus tierras para sembrarlo.

La producción bananera en el Magdalena aumentó hasta 1930 en un promedio de 25% anual. La caída del comercio mundial, ocasionada por la Segunda Guerra Mundial, afectó al banano nacional. Después de este conflicto, la industria mostró una ligera recuperación que no ayudaría mucho, pues el deterioro del suelo, las plagas y los conflictos laborales (hay que recordar la masacre de las bananeras, por parte del Ejército colombiano en 1928) impulsaron a la compañía a buscar nuevas opciones. En 1965, la UFC terminó operaciones en el departamento del Magdalena, y se trasladó a Urabá, donde continúa hoy. Si bien la industria del banano no abandonó la zona, la siembra y la exportación industrial que se veían en tiempos de la UFC no se repitieron.

Ganado de extensión Aunque la ganadería existía desde la Colonia en la Costa Caribe, solo a finales del siglo XIX tomó algunas características modernas. El pionero en la ganadería en la región fue el general Burgos, dueño de la hacienda Berástegui, que impulsó el desarrollo de esta actividad en forma extensiva y con fines comerciales. Si bien hoy conocemos esta región del país como una sabana, esto no fue siempre así. En la década de 1890, el General Burgos optó por talar árboles y maleza para aprovechar la tierra inutilizada.

Con la firme intención de hacer ganadería extensiva, y después de haber ensayado con productos como la caña de azúcar e incluso con la explotación petrolera, importó las primeras semillas de pastos de corte como el pará. Estos, al ser sembrados por el hombre, eran más fáciles de manipular, y eliminaron la necesidad de desplazar el ganado de un lado a otro. Sembró sus amplios terrenos y se dedicó a hacer cruces entre distintas razas para crear el ganado perfecto para las condiciones climáticas. A diferencia de otras haciendas ganaderas, la Hacienda Berástegui tuvo desde sus inicios una visión muy amplia; pretendía exportar. Gracias a esto, en Coveñas fundaron el primer frigorífico del país. En las primeras décadas del siglo XX, la actividad ganadera se amplió a otras zonas de la región, entre ellas las sabanas de Bolívar, hasta tener en esta región un poco más del 40% del inventario ganadero nacional.

Oro blanco El algodón fue otro de los productos que impulsó el desarrollo económico de la Costa Atlántica en el siglo XX. Las primeras décadas del siglo pasado fueron testigos del crecimiento de la industria textil en el país, que utilizaba algodón importado. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, las fábricas nacionales de tejidos se vieron en la necesidad de buscar nuevos proveedores. Esta situación fue aprovechada por un grupo de visionarios de Montería que sembró las primeras plantas de algodón en esa región.

El primer cultivo de algodón con fines comerciales en la Costa fue en 1946 en Córdoba, gracias a Manuel Antonio Buelvas Cabrales y Andrés Guerra Dickson. Ázael Negrette Babilonia, Luis Miguel y Carlos Pardo García, Rosendo Garcés y César Navarro emularon la experiencia de los anteriores y sembraron algodón. Amplias extensiones de tierra cercanas a Montería fueron sembradas con la fibra, lo cual convirtió a esta pequeña ciudad en el centro algodonero del país. Las textileras nacionales crearon un mercado importante para el producto, que empezó a extenderse hacia otros departamentos de la región y a otras zonas del país. En 1948, con la reactivación del comercio internacional, empezó a debilitarse con la entrada de algodón importado a mejores precios. El vallenato Pedro Castro Monsalvo, ministro de agricultura de Mariano Ospina Pérez, creó en 1948 la Ley de Absorción Obligatoria del producto nacional, que obligaba a las empresas nacionales a utilizar las materias primas que se producían en el país. El algodón estaba entre estos productos, y la industria comenzó a crecer nuevamente.

En un principio, cada quien hacía lo que podía para recolectar sus cultivos y transportarlos, por medio de carretas tiradas por mulas, hasta que en 1947, por iniciativa de las textileras de Antioquia, se creó el IFA (Instituto de Fomento Algodonero), que dirigía el proceso productivo y buscaba apoyar a cultivadores y recolectores del producto. En 1953, los algodoneros crearon su propia asociación, la Federación Nacional de Algodoneros, que paulatinamente adquirió las funciones del IFA. En 1959, gracias a la producción de excedentes de algodón en la Costa, se inició la actividad exportadora. Pero a partir de la década de 1980, la Costa Atlántica perdió cultivos y dejó de ser la primera región productora. El predominio pasó al centro del país.

Ahora, ante la inminencia del TLC, el reto del sector es repensarse y prepararse para la competencia externa, mejorando productividad o cambiando de cultivo.

Bibliografía

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Viloria de la Hoz, Joaquín. Ganaderos y comerciantes en Sincelejo, 1880-1920. Cuadernos de Historia Económica y Empresarial. Banco de la República, Cartagena, julio 2001.

Péres Burgos, Javier. Utopía del Valle del Sinú: Desconocimiento de la Realidad del Hombre Hicotea. Mayo, 2004.
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