| 3/6/2009 12:00:00 AM

Los cimientos del saber

En los primeros años de vida se determina el potencial que cada ser humano podrá desarrollar a través de la educación.

Las redes neuronales que dan vía libre al desarrollo de las capacidades cognitivas de un individuo, estrechamente relacionadas con la motricidad, se conectan en los primeros meses de vida. El niño adquiere conciencia y se inicia la vida en sociedad y la apropiación de formas de comunicación y relación consigo mismo y con su entorno. Pasa velozmente por numerosas fases en su desarrollo como individuo social, del mundo solitario de la gestación al contacto con el mundo externo, el hogar, la familia y otros espacios de socialización. En esta etapa, con mayor énfasis que en cualquier otra, la responsabilidad de su desarrollo reposa en los padres.

Con frecuencia, los padres creen que su primer deber es nutrir a sus hijos, brindarles un ambiente sano y proveer condiciones óptimas para su desarrollo físico, y luego proporcionar el conocimiento que les dará las herramientas para defenderse por sí mismos en el mundo. Sin embargo, en la primera infancia no existe esta dicotomía, pues en dicha etapa el niño aprende a vivir al mismo tiempo que aprende a aprender.

La tarea de los padres es inmensa y comienza antes del nacimiento del niño. La decisión de engendrar un hijo debe ser racional y gran parte del éxito del rol de padre reside en brindar las mejores herramientas en esa etapa crucial de la vida. En este momento, a diferencia de lo que ocurrirá más tarde, estas herramientas se centran en el buen desarrollo físico.

Dicho desarrollo reposa en mayor medida en la madre, quien debe prepararse mental y físicamente para transmitir al menor lo mejor de sí, desde antes de su concepción. La alimentación, el ejercicio, los buenos hábitos, la tranquilidad mental y la armonía en su propia vida son la herencia primaria que transmitirán los padres a sus hijos. Lo que se haga o deje de hacerse en esta etapa repercutirá a lo largo de toda la vida del nuevo ser.

La nutrición tiene un papel preponderante: un niño desnutrido puede perder para siempre hasta el 40% de sus neuronas potenciales. A pesar de la importancia de esta etapa, en Colombia no se cuenta con información suficiente sobre el estado de la población en esta fase de desarrollo, ni con políticas públicas de largo plazo para evitar la pérdida del potencial de desarrollo de millones de niños.

En estudios recientes se muestra que las estadísticas sobre este tema no solo son deficientes sino que además son contradictorias. En el país no se sabe cuáles son las prácticas pedagógicas empleadas en los jardines infantiles y cuál es la nutrición que reciben los menores. Prácticamente no hay información sobre los insumos que están recibiendo los niños que tienen en la actualidad entre 2 y 3 años de edad .

Es necesario darle a la primera infancia la prioridad que merece y establecer líneas de acción para mejorar el panorama, tales como aumentar el número de embarazos deseados y reducir los embarazos precoces; prestar más atención al cuidado del embarazo; tener mecanismos de apoyo para enseñar y motivar a los padres a cumplir mejor su rol; reducir al mínimo las expresiones de maltrato infantil físico y psicológico; hacer que la sociedad brinde un mayor apoyo a los menores al tiempo que se reconozca la labor de los padres; contar con mejores servicios de apoyo, como un mejor sistema de salud para los niños en la primera infancia y fortalecer las instituciones de atención complementaria con personas preparadas en nutrición y pedagogía.

El reto hacia adelante está en educar para ser padres. Así, desde la primera infancia se generarían las condiciones necesarias para que el menor abrace el futuro con los valores necesarios para generar un ambiente de equidad, tolerancia e igualdad de oportunidades. Es necesario enseñar a los padres a relacionarse mejor con sus hijos para que les brinden cariño y compañía, y estimulen sus aptitudes cognitivas por los canales de comunicación propios de esta edad. Los padres de familia son la célula inicial que determina el potencial de toda la sociedad para su desarrollo futuro.

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