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López y la economía

| 7/19/2007 12:00:00 AM

López y la economía

Su administración consiguió algunos de los mejores resultados económicos del Siglo XX. Cuáles fueron y cómo se alcanzaron.

Los resultados económicos fueron extraordinarios, pero quizás más interesante fue la originalidad de las estrategias que se utilizaron para conseguirlos. Alfonso López Michelsen recibió un país con el 56% de la votación de 1974, una cifra suficiente para emprender las tareas con las que se había comprometido desde su campaña, incluyendo la de cerrar la brecha entre los ricos y el 50% más pobre de la población del país

El resultado de su esfuerzo aparece en las estadísticas. El crecimiento del PIB en 1978 fue el tercero más alto desde que se llevan las cuentas nacionales; el PIB per cápita se duplicó entre 1973 y 1978; el gobierno central registró un superávit fiscal sostenido entre 1976 y 1978; la deuda pública se redujo constantemente desde 1975 hasta 1978 a una cifra récord cercana al 6% del PIB; las reservas internacionales alcanzaron el nivel más alto de la historia hasta ese momento, US$2.100 millones en agosto de 1978; la tasa de desempleo se redujo durante todo el mandato López, de 11,63% en 1974, a 8,1% en 1978, siendo la cifra más baja de 17 años; la diferencia entre los jornales agrícolas y los industriales se redujo en 20 puntos porcentuales durante su administración frente al promedio de 1965 a 1969.

La estrategia económica se caracterizó por estar dirigida desde el Ejecutivo, que en varias ocasiones decretó acciones al amparo de las normas de la Emergencia Económica. Al inicio de la administración, el énfasis se puso en modificar la estructura económica y al final, en aprovechar una bonanza para mejorar las condiciones financieras del país.

La reforma de impuestos
El primer año de gobierno se concentró en conseguir una reducción en la inflación, que en 1973 era del 26%, y recuperar la estabilidad fiscal. Disciplina monetaria y fiscal, son las recetas más difíciles y por eso las menos usuales en el manual de los gobiernos latinoamericanos para promover el crecimiento y la equidad.

La reforma tributaria de 1974 se adoptó por decreto, usando las facultades de la Emergencia Económica, para evitar que fuera modificada por presiones gremiales en el Congreso. La norma transformó sustancialmente la estructura de los impuestos en Colombia.

Desde 1944 hasta ese año la participación en los tributos directos e indirectos dentro de los recaudos totales había sido muy similar. La reforma López aumentó la participación de los impuestos indirectos. Estableció un impuesto a las ventas, que como lo dice el ex gerente del Banco de la República, Miguel Urrutia, establecía "tarifas mayores para bienes consumidos por los estratos altos, logrando así que no fuera regresivo" (ver entrevista).

De otra parte, aumentó la progresividad del impuesto de renta modificando el régimen de deducciones y exenciones, amplió al resto de las empresas el impuesto de renta presuntiva que solo existía sobre propiedades agrarias y estableció el impuesto a las ganancias ocasionales.

La reforma mejoró la efectividad del sistema. Los ingresos tributarios se incrementaron 36% entre 1974 y 1975, e incluso, a pesar de la evasión y la elusión generalizada en renta, se consiguió que el recaudo creciera otro 17% en 1977.

El efecto final, además de aumentar los ingresos, fue el de modificar permanentemente la forma en que se cobran impuestos en el país. Adicionalmente, como lo señala Miguel Urrutia, "eliminó el déficit fiscal para hacer posible un mayor gasto público social".

El petróleo
Desde finales de los sesenta, los países productores de petróleo habían erosionado la fortaleza de las siete grandes petroleras mundiales (las siete hermanas), reclamando no solo una mayor participación en el negocio, sino la propiedad del recurso minero. El mundo petrolero comenzó a cambiar del todo el 16 de octubre de 1973, cuando Arabia Saudita aumentó unilateralmente el precio del barril de petróleo a US$5,11.

En el albor de ese nuevo orden, el 28 de octubre de 1974, otro decreto de Emergencia Económica terminó con los contratos de concesión petrolera en Colombia y estableció que toda la exploración sería hecha por Ecopetrol, directamente o por medio de contratos de asociación 50/50.

La fórmula debía resolver un problema de propiedad sobre el negocio petrolero, y uno de desabastecimiento. Desde 1970, la producción disminuyó de 220.000 barriles diarios a cerca de 168.000 en 1974. La exploración había caído sustancialmente, y las petroleras internacionales culpaban al oneroso régimen cambiario especial al que estaban sometidas. Con los contratos de asociación y el desmonte del sistema cambiario, el país ganó atractivo en el entorno internacional. Los resultados comenzaron a aparecer lentamente. La producción continuó cayendo en 1978, año en que Colombia perdió su condición de exportador neto de petróleo, pero la exploración aumentó a un ritmo saludable y de nuevo la producción reaccionó al alza desde 1979.

La bonanza
En julio de 1975 las heladas afectaron el 70% de la producción de café de Brasil, el mayor productor del grano en el mundo. Como resultado, los precios pasaron de US$0,65 por libra en mayo de 1975 a US$1,50 en mayo de 1976, en 1977 pasó de US$2 y como lo reporta el historiador Daniel Pecaut, "en marzo-abril de 1977 se asiste a una verdadera explosión, con un precio récord de 3,50 dólares".

Las guerras civiles en Angola y un terremoto en Guatemala en febrero de 1976, terminaron de apuntalar la bonanza. "Los precios (promedio) en esa época superaron el nivel de los US$2,30, que en dólares de hoy serían más de US$7", dice el analista Diego Pizano. "El valor promedio de las exportaciones cafeteras entre 1976 y 1979 fue del orden de los US$2.000 millones anuales, que serían más de US$7.000 millones en la actualidad", agrega.

Las bonanzas siempre les imponen retos a los gobiernos. Deben contener las presiones inflacionarias y las distorsiones en la producción que genera el movimiento de recursos hacia los sectores en auge, lo que se conoce como la enfermedad holandesa. El mismo Presidente López estableció otra dificultad cuando propuso que "la bonanza cafetera es para los cafeteros".

Así, con los recursos adicionales, se fortalecieron el Fondo Nacional del Café y los Comités Departamentales de Cafeteros. De igual manera, aumentó el precio interno del café 40% en términos reales entre 1975 y 1976 y se modernizó la caficultura. "La productividad por hectárea aumentó de 400 a 800 kilogramos por hectárea entre 1975 y 1979. Se renovaron en ese período más de 200.000 hectáreas, lo cual se reflejó en una mayor competitividad del café colombiano", señala Pizano.
 
 Para contener las presiones de demanda, se les entregaron títulos de ahorro, los TAC. Esas medidas concordaban con la intención del Presidente que, como recuerda el ex ministro de Agricultura Gabriel Rosas, decía que la bonanza cafetera "no es la prodigalidad. Es la bonanza de la fábula de la cigarra y la hormiga que, en la época de la cosecha acumula recursos para la época en que puedan cambiar las circunstancias".

También se ajustaba a las ideas centrales del Plan para Cerrar la Brecha, que puso el énfasis en la agricultura, con programas como el DRI que benefició a 70.000 familias campesinas con asistencia técnica, crédito de fomento, mercadeo, vías, energía, acueducto, alcantarillado, salud, vivienda, educación y recreación. El Desarrollo Rural Integrado (DRI) y el Plan de Alimentación y Nutrición, PAN, fueron puntales pro-agrícolas.

Técnicos
Para el ex ministro de Hacienda, Rodrigo Botero, uno de los puntos más importantes de la estrategia del gobierno López, fue el haber conformado una tecnocracia económica joven, que se convirtió en un rasgo típico de la institucionalidad colombiana hasta hoy. Sobre esa apreciación, el académico José Fernando Isaza destaca la decisión del Presidente de creer en 'las audacias de los menores de 30 años'. "La generación que así formó sigue prestando, con su consejo y la sabiduría que dan los años, importantes aportes al desarrollo colombiano", afirma. De esos grupos salieron normas tan importantes como la reforma financiera de 1974, que formalizó a las Compañías de Financiamiento Comercial y liberó las tasas de interés.

La política económica del gobierno del Presidente López se describe bien en el título de su plan de desarrollo: "Para cerrar la brecha". Como dice Miguel Urrutia, "las políticas públicas se enfocaron en aumentar los ingresos de los campesinos medianos y pequeños con los programas del DRI, en aumentar el gasto público en educación primaria, y reducir la desnutrición infantil con un Plan Nacional de Nutrición. La reforma tributaria de 1974 aumentó la progresividad tributaria a la vez que eliminó el déficit fiscal para hacer posible un mayor gasto público social. La decisión de no financiar los programas de gobierno con deuda externa, como lo hicieron en esa época otros gobiernos de América Latina, determinó que Colombia no tuviera 'la década perdida' de desarrollo que caracterizó a la región". Así visto, el uso de herramientas novedosas produjo grandes resultados.

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