| 10/13/2006 12:00:00 AM

Las nuevas generaciones

El investigador Enrique Ogliastri, PhD de la Universidad de Northwestern y profesor de INCAE Business School, Costa Rica, ha hecho trabajos sobre el desarrollo de la industria y la estructura de poder que se empezó a conformar en Bucaramanga hacia finales del Frente Nacional, momento en el cual se consolidó el predominio de los industriales. Según su investigación, el poder para afectar el desarrollo socioeconómico de la región se concentró en varios grupos empresariales.

Uno de ellos era el liderado por Pedro María Buitrago, un boyacense que había trabajado en los Ferrocarriles Nacionales y promovió empresas como la Nacional de Cigarrillos, Hilanderías del Fonce, el Banco Santander y Forjas de Colombia. Su liderazgo había asociado capitales procedentes del comercio, la profesión independiente, la industria, la agricultura y la ganadería, promoviendo una gran mística empresarial que infortunadamente fue frustrada por el fracaso del proyecto de Forjas. Trabajó con empeño hasta el final de sus días, cuando desde la gerencia de la Nacional de Cigarrillos recibió la negativa de Planeación Nacional a una inversión extranjera de L&M para producir cigarrillos con tabaco rubio.

Alfonso Silva, oriundo de San Gil, era el prototipo del empresario industrial de Santander: había empezado su carrera en actividades comerciales relacionadas con la venta de vestidos y trajes sobre medidas, y su empresa estrella había sido Ropa El Roble, fundada por sus socios, la familia Ferreira. Emparentados con los influyentes políticos Espinosa Valderrama, los Silva administraban un buen grupo de diversas empresas industriales y comerciales.

El grupo liderado por Armando Puyana se abrió a asociaciones distintas al núcleo familiar tradicional. Se concentró en la construcción y creó la firma Urbanas, que desarrolló las tierras de la hacienda familiar situada al extremo oriental de la ciudad. A diferencia de los demás grupos, que provenían de las provincias, su nombre encarnaba el prestigio de una vieja raigambre bumanguesa.

Gustavo Liévano, por su parte, era más un aglutinante que un grupo, un moderador cívico que había sido gerente de la Colombiana de Seguros y presidía la Corporación Financiera. Fundó varias empresas industriales propias (como Damton Buxton), pero también formó parte de la asociación de capitales que promovió Buitrago. A su vez, la Andi y la Cámara de Comercio, organizaciones gremiales que podían actuar a escala regional, formaban un núcleo de primordial influencia.

Los nuevos comerciantes enriquecidos, que se agruparon en el Club Unión, participaban en menor grado en los asuntos generales de la ciudad. Aunque no había realmente una pugna entre estos grupos, su colaboración no estaba exenta de tensiones. La principal se presentó entre el poder económico (otrora dominante en la política) y una nueva clase media profesional que desde hacía años había comenzado a dominar la esfera de la acción política, pese a cierta descalificación social, lo que probablemente originó la creencia de que había demasiada separación entre el sector público y el sector privado.

El testigo de todo este proceso ha sido el periódico Vanguardia Liberal, desde que lo fundó en 1919 Alejandro Galvis Galvis, con un capital inicial de $200. Durante todo este período, el diario ha tenido que sortear duros enfrentamientos políticos, ha salido airoso de varios atentados, censuras religiosas y recesiones económicas. Hoy es el soporte de un grupo conformado por El Universal, de Cartagena; El Liberal, de Popayán; La Tarde, de Pereira; El Nuevo Día, de Ibagué, y un diario que lleva su mismo nombre en Valledupar.

El gestor de este nuevo emporio es Alejandro Galvis Ramírez, quien sucedió a su padre en la gerencia a los 27 años de edad, para imprimirle cambios radicales a la organización, tanto en el contenido periodístico como en el ámbito empresarial.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?