| 2/1/2008 12:00:00 AM

Las inquietudes de Davos

El año pasado pronosticó un aterrizaje fuerte para la economía de Estados Unidos, así como apretón crediticio. Tenía razón. Nouriel Roubini.

Muchos son los temas que se tratan cada año en Davos. Tres, sin embargo, se destacaron en esta oportunidad. La situación económica mundial, la regulación financiera y el futuro del agua.

Este año, como lo vienen haciendo desde hace 37 años, los grandes líderes del mundo se dieron cita en Davos, Suiza, para asistir el Foro Económico Mundial. Las expectativas eran grandes, ya que tanto asistentes como observadores esperaban obtener de este Foro las respuestas a la crisis de los mercados financieros. No obstante, como era de esperarse, esto no sucedió. No hubo respuestas claras. Solamente apuestas, unas más optimistas que otras.

Por la coyuntura, por supuesto, buena parte de la atención estuvo concentrada en los temas económicos. Sin embargo, llamó la atención la importancia que en esta ocasión se le dio al tema del agua y, en particular, a la poca conciencia que hay en el mundo frente a este recurso escaso y vital.

Perspectivas Económicas

En materia económica, el foco de la discusión no estuvo en si Estados Unidos va o no a entrar en recesión, sino en qué tan severa va a ser. Para el economista y profesor iraní, Nouriel Roubini, quizás el más pesimista entre los pesimistas, la recesión será profunda y se extenderá por lo menos por un año. Para él, la reducción reciente de intereses de 75 puntos básicos por parte de la Reserva Federal era necesaria, pero llegó tarde. Posiblemente ayude a suavizar la recesión, aunque lo ve difícil dado el deterioro de las finanzas de los consumidores americanos, así como del sistema bancario.

Stephen Roach, de Morgan Stanley en Asia, coincide plenamente con Roubini.

Considera, sin embargo, que la Reserva Federal al bajar los intereses de la forma como lo hizo el 21 de enero, parece estar defendiendo más al mercado de acciones que a la economía.

Del lado de quienes ven las cosas con más optimismo está David McCormick, subsecretario del Tesoro de Estados Unidos para asuntos internacionales. Según el subsecretario, los fundamentales de la economía americana son sólidos, aunque reconoce que hay temas que preocupan como la crisis de las hipotecas subprime que se extendió más allá de las fronteras y que indujo una revaloración del riesgo.

Qué tanto puede la recesión en Estados Unidos afectar el crecimiento en el resto del mundo, fue el segundo gran interrogante entre los asistentes a Davos. Y, aquí, también las opiniones estuvieron divididas. Del lado de los optimistas están quienes defienden la teoría del decoupling, o la no dependencia del resto del mundo de la economía de Estados Unidos.

Por ejemplo, para C. Fred Bergsten, director del Peterson Institute for International Economics, una caída incluso severa en las economías desarrolladas no llevaría al mundo a una recesión. No es posible, ya que los países emergentes participan con el 50% del PIB mundial y, en muchos de ellos, el crecimiento es superior al 6 y 7% anual.

El ministro de finanzas de India, Palaniappan Chidambaran, apoya esta tesis y considera que el comercio mundial entre los países desarrollados bien puede compensar la caída de Estados Unidos. Desde la perspectiva de India, no hay ninguna preocupación, ya que en la actualidad el crecimiento de este país está sustentado en la demanda interna.

Del otro lado, están quienes consideran que Estados Unidos es determinante en el crecimiento del resto de países y que por tanto una desaceleración de esta economía se sentirá en el resto del mundo. En este grupo está Dominique Strauss-Kahn, director general del FMI. Kahn es contundente en afirmar que todos los países se van a ver afectados por la crisis, ya que como lo han demostrado los hechos de las semanas recientes, los mercados aún no están decoupled.

Roubini, por su parte, en este tema está en un punto intermedio. Aunque reconoce que no va a haber una recesión mundial, considera que Europa va a sufrir por sus propias burbujas inmobiliarias y porque los bancos se han golpeado duro con el subprime.

Yu Yongding, de la Academia China de Ciencias Sociales, tiene también una posición intermedia. Para su país, la recesión en Estados Unidos se convierte en un gran reto desde la perspectiva de la política económica. Por un lado, el país tiene que crear por lo menos 24 millones de empleos nuevos cada año para acomodar la creciente población y la migración de los trabajadores del campo a las ciudades; mientras que, por el otro, las presiones de inflación están aumentando. Dijo que su país muy posiblemente se vaya por la vía de controlar la inflación a costa del crecimiento. Pero, si la recesión en estados Unidos fuera severa, el gobierno chino podría utilizar recursos fiscales para estimular el crecimiento interno.

Latinoamérica se encuentra en una buena posición para enfrentar la crisis gracias a que el crecimiento de los últimos años se ha aprovechado para mejorar los fundamentales, como por ejemplo, la relación deuda/exportaciones y la balanza corriente. Entre los panelistas, sin embargo, no hubo consenso sobre el tema de decoupling para esta región. En lo que sí estuvieron de acuerdo es en que Latinoamérica haga un decoupling sicológico y deje de pensar que debe sufrir tremendamente cada vez que hay una crisis internacional.

Regulación Financiera

En el asunto de mercados financieros, en particular, el colapso de las hipotecas subprime volvió a poner sobre la mesa el tema del riesgo sistémico (la posibilidad de que la volatilidad en una área de los mercados de capital se pueda propagar a otras, creando una crisis imposible de controlar por parte de los banqueros centrales). Mientras que nadie está pensando que este sea el caso en la actualidad, sí hay un gran cuestionamiento sobre la calidad de los controles de riesgo existentes, sin que, sin embargo, se haya llegado a un acuerdo sobre los mismos.

De hecho, mientras que unos hablan de la necesidad de mayores controles, otros son de la opinión que controles demasiado estrictos terminan siendo peores que la enfermedad.

Para Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, si los bancos ya hubieran implementado los estándares de capitalización de Basilea II, mucho de lo que pasó hubiera podido evitarse. De acuerdo con estos, los bancos tendrían que haber puesto capital para respaldar las operaciones que se hicieron por fuera del balance para invertir en hipotecas subprime y otros activos de riesgo. Pero, opina Trichet, la industria primero debe tener la oportunidad de autorregularse y desarrollar estándares voluntarios y mejores prácticas en el área de manejo de riesgo.

Agua, su verdadero valor

El panorama mundial de largo plazo del agua, tanto en términos de cantidad como de calidad no es alentador. El recurso es cada vez más escaso. Los problemas asociados con la creciente demanda de agua y su pobre suministro son más graves y urgentes que los de cambio climático. El problema del agua amenaza el crecimiento económico, los derechos humanos, la salud y la seguridad nacional.

En China, la mayoría de los ríos se están secando, mientras que la India, que tiene un problema semejante, desperdicia entre el 80 y el 90% de las lluvias de los monzones al no almacenar el agua. Este país utiliza miles de millones de galones al año, de los cuales el 80% son para riego y un porcentaje muy pequeño va para las necesidades básicas de la población. Pero el problema no solo es la escasez sino la calidad. India necesita agua limpia.

Los problemas del agua no se limitan a los países en desarrollo. Una tercera parte de Estados Unidos y una quinta parte de España sufren de este problema.

Para solucionar esto se requiere voluntad política, mecanismos de mercado y tecnología innovadora, como sucedió en respuesta al calentamiento global. Es más complejo lo del agua que lo del clima, afirmó Peter Brabeck-Letmathe, presidente de Nestlé, Suiza. Hay que hacer que los mecanismos de mercado operen. Es la única forma de avanzar.

Para evitar afectar a los pobres, se concluyó que mientras el agua para tomar es un derecho, el agua para agricultura, industria, piscinas y jardines debe cobrarse para evitar su desperdicio y uso ineficiente.
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