| 4/13/1998 12:00:00 AM

¿La mujer perfecta?

Cada mujer que trabaja en Colombia tiene dos trabajos de tiempo completo: su carrera y su familia.

No hay una sola madre en el mundo que no recuerde cuándo fue la primera vez que dejó solo a su hijo por ir a trabajar.



Las mujeres que trabajan, en especial en Colombia, sienten la presión de tener una carrera exitosa y una vida familiar estable. El manejo de sus sentimientos de culpa por dejar a sus hijos al cuidado de otros es, con frecuencia, una fuente de tensión.



En Colombia, algunas mujeres sarcásticamente se llaman a sí mismas "mujeres perfectas", pues trabajan duro para lograr un balance entre su vida personal y sus ambiciones profesionales.



Ellas eliminan las cosas menos necesarias para encontrar tiempo para sus esposos, algunas veces con un costo personal, y buscan horarios de trabajo flexibles para estar el mayor tiempo posible con sus hijos.



Dos de estas "mujeres perfectas" han encontrado un balance entre sus profesiones y sus familias, y la importancia de ambas en su vida. Pero concluyen que el costo personal es alto.



Magdalena Pardo de Serrano aceptó ser viceministra de Comercio Exterior con la condición de que sería sólo por un año. Antes de decidirse les preguntó a sus hijos de 17, 15, y 10 años, si estaban de acuerdo. Su trabajo requiere viajar el 80% del tiempo, lo que considera un sacrificio tanto para su familia como para ella.



Para Scarlett Cundy, su carrera no cambiará en el corto plazo. A los 33 años es jefe del departamento Jurídico e Impuestos en BASF Química, y responsable de toda la actividad legal en el Pacto Andino.



Ella le da el crédito a un jefe comprensivo que tiene tres hijos y le permite horarios de trabajo flexibles para que pueda almorzar con su hija de tres años.



Carga doble



Magdalena Pardo y Scarlett Cundy sienten que las mujeres que trabajan tienen una carga fuerte: ser buenas madres, buenas esposas, buenas empleadas, manejar de manera eficiente la casa, verse bien, estar en forma, ser buenas hijas. Ambas están cansadas, pero felices con sus decisiones.



La viceministra Pardo recuerda el día que a primera hora desayunó con el embajador de Venezuela, a las 10 a.m. dictó una conferencia en la Universidad Nacional, al medio día recogió en el colegio a uno de sus hijos para llevarlo al hospital y por la noche hizo mercado. "Las mujeres somos más recursivas", concluye.



Cundy tiene un posgrado en derecho en Alemania y habla tres idiomas. Señala que si algo marcha mal en la casa es su culpa. Y si su hija debe ir al médico, ella tiene que llevarla. El apoyo de los hombres colombianos no va hasta ayudar en el manejo de la casa.



Pardo de Serrano se graduó en Sociología en París, es economista de la Universidad de los Andes e hizo un posgrado en Economía. Sin embargo, siente que sacrificó su carrera por su familia. "Nunca hice un posgrado en el exterior, como muchos de mis amigos. Eso fue un sacrificio. Claro que me casé y tuve hijos, pero fui capaz de completar esa etapa por un camino diferente".



Cundy llama a su hija todas las noches y hace todo lo posible por estar en casa sin importar que esté a punto de viajar o llegue tarde en la noche. "Mi recompensa ­dice­ después de viajar toda la noche es ver la cara de mi hija en la mañana. Pero mi trabajo nunca ha sufrido por el tiempo que le dedico a mi hija".



Ambas expresan un sentimiento de toda mujer que trabaja, culpa. Pardo piensa que hay pocos hombres que hayan sentido esto. "Uno siempre siente culpa por no estar con los niños. No importa cuánto tiempo les dedique después del trabajo y los fines de semana", dice Cundy.
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