| 12/7/2007 12:00:00 AM

La mejor ciudad para vivir

La mejor ciudad para vivir

Bogotá tiene, en general, los mejores indicadores de calidad de vida entre las capitales grandes del país. Lo bueno y lo malo en Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena.

El frío, la congestión, la actitud reservada y a veces hosca de algunas personas, pueden deteriorar completamente la calidad de vida de una ciudad. Sin embargo, estas características podrían ser, como en el caso de Bogotá, el costo que se paga por tener acceso a otras ventajas como una buena cobertura de servicios públicos, una gran cantidad de puestos de trabajo y una oferta amplia de lugares culturales y de esparcimiento.

En un ejercicio sencillo que compara ventajas y desventajas, Bogotá aparece como el mejor lugar para vivir del país. Por supuesto, esta afirmación no tiene ninguna pretensión de considerar todas las condiciones que toma en cuenta una persona para sentirse a gusto en una ciudad. Quién no pensaría que la paz de un pueblo o la velocidad con la que se hacen los trámites en una ciudad pequeña podrían desbancar fácilmente en las preferencias de vivienda de un colombiano, a cualquiera de las tres mayores capitales del país.

No obstante, el recorrido por las estadísticas le pone algo del frío necesario a la discusión que casi siempre tiene más calor de emoción que ciencia, sobre el lugar que le ofrece la mayor cantidad de comodidades a sus habitantes. Esos atributos en último término moldean ese concepto sutil que se conoce como calidad de vida.

La batería de indicadores para establecer cuál ciudad es mejor, incluye las condiciones económicas. Asuntos como la tasa de crecimiento de la producción, la tasa de desempleo, la inversión neta de inversión en sociedades, el porcentaje de la población viviendo en pobreza y la cantidad de empresas por habitante son algunas de ellas. Otros índices muestran la disponibilidad de lugares de esparcimiento como zonas verdes, o de cultura como teatros, bibliotecas y museos, lo mismo que acceso a internet.
 
También hay medidas sobre la disponibilidad de servicios como salud, educación, vivienda, agua y energía. Otras más muestran las condiciones de seguridad urbana, como las tasas de homicidio, o las muertes por accidentes. Adicionalmente hay datos de movilidad y velocidad de desplazamiento. Finalmente, información sobre el costo de vida.

Cuando se toman en consideración esos elementos, las medidas muestran que la mejor ciudad para vivir en el país es Bogotá y le siguen en orden Medellín y Cali. Incluimos a Cartagena en la medición, como representante de las ciudades intermedias, pero no sale tan bien librada, lo que demuestra además que la construcción del paraíso urbano necesita más argumentos de buena administración, que tesoros arquitectónicos, playa, brisa y mar.

A pesar de sus problemas, que sin duda son grandes, Bogotá en los últimos años se convirtió en el modelo de administración urbana en Colombia. Esa es una tecnología que se hará cada vez más importante en el mundo. Este año, por primera vez en la historia de la humanidad, el número de habitantes de las ciudades del mundo igualó al de las zonas rurales y en 2030 puede haber entre 40% y 50% más personas en ciudades. Esto hará que la solución a los retos urbanos gane relevancia y que las ciudades en todo el planeta puedan usar las nuevas herramientas que se creen para ello.

Estrategia urbana
La fortaleza bogotana está en su estructura de producción. En 2006, la economía bogotana se consolidó como la más importante de Colombia y una de las más dinámicas en el contexto latinoamericano. En ese año la producción creció 6,9%, y en el primer trimestre de 2007 el crecimiento fue de 9,6%. Se convirtió en el mayor receptor de inversión extranjera directa del país y consiguió la tasa de desempleo más baja de las ciudades consideradas.

En servicios públicos la ciudad también avanzó enormemente. La tasa de cobertura neta en educación llegó a 93,1%, mientras que la cobertura de los servicios de acueducto y alcantarillado sanitario es de 99,4 y 97% respectivamente.

El eje central de la estrategia de Medellín está en la educación, que consideran una herramienta para la transformación social. La ciudad invierte 40% del presupuesto municipal en mejorar la calidad y cobija temas relacionados con cultura, emprendimiento y ciencia.

En Cali, los mayores avances de la ciudad se hicieron en salud y educación. La cobertura en salud llegó a 83,1% en 2006. La tasa de analfabetismo en mayores de 15 años pasó de 1,9% en 2004 a 1,2% en 2006, una baja en la que superó notablemente a Bogotá.

Cartagena naturalmente tiene su fortaleza en el turismo. Los turistas nacionales aumentaron 22% y los extranjeros 32%. Con esto, el comercio, restaurantes y hoteles pueden mejorar su actividad.

Esta comparación sucinta permite ver la estrategia de cada una de las ciudades para conseguir una mejor calidad de vida para sus ciudadanos y entender cuáles son las mejores fórmulas para conseguirlo. Una evaluación completa no debería dejar por fuera consideraciones sobre las finanzas públicas locales, el medio ambiente y la calidad de las redes sociales o las instituciones políticas, pero sus medidas, en especial en las ciudades pequeñas son bastante imprecisas, cuando no inexistentes.

Naturalmente, al lado de las mediciones cuantitativas, la percepción sobre calidad de vida es igualmente importante. En este sentido, con una encuesta del proyecto "Cómo Vamos", Cartagena y Medellín fueron las ciudades en las que mejoró más la calidad de vida percibida por los habitantes.

Las ciudades colombianas tienen como principales retos el empleo, la movilidad y el medio ambiente. Bogotá, por ejemplo, es la tercera ciudad con el aire más contaminado de América Latina y las tasas de desempleo de todas las capitales comparadas, son de dos dígitos.

Paulatinamente, a esta lista se le deben adicionar gradualmente temas como la oferta y la conservación de energía. También las comunicaciones, que hacen las ciudades más incluyentes y eficientes, con gobierno y comercio electrónicos, información de trámites y aplicaciones en salud. El camino por andar es largo pero, el seguimiento permanente de los indicadores que generan calidad de vida, es un ejercicio a la vez interesante y productivo para todos los colombianos.
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