| 9/15/2006 12:00:00 AM

La medida de la responsabilidad

Hay múltiples maneras de medir la Responsabilidad Social Corporativa. Sin embargo, la convergencia está en camino. Por su parte, pocas empresas colombianas se han montado en la curva de aprendiizaje.

"Lo que no se mide, no se administra". Así lo advierte el popular refrán de la administración al referirse a los peligros de una gestión que no se preocupa por evaluar periódicamente su desempeño. Esto es, medirlo. La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un modelo de gestión y las empresas que se adhieren a él deben preocuparse por medir sus resultados tanto dentro de la compañía como en la sociedad donde dejan su huella. La medición de la RSE será particularmente importante si ella ha de consolidarse como una corriente seria de la administración de empresas. Más aún, haría un gran aporte al debate alrededor de si la RSE crea o no valor para la sociedad y sus empresas.

La RSE se mide en tres frentes: el económico, el ambiental y el social. Medir el económico es lo más sencillo. Cuantifica las transacciones monetarias de una empresa con sus grupos de interés, como empleados, proveedores/distribuidores, clientes y proveedores de capital, entre otros. Los ambientales, aunque menos sencillos de calcular, gozan de relativo consenso en cuanto a cuáles son los básicos, por ejemplo, consumo de agua, energía y emisión de gases con efecto invernadero. Por su parte, los sociales son los más complicados de calcular por la falta de una unidad de criterio a la vez que son los menos cuantificables (ver tabla).

Si utilizan métricas iguales, las mediciones permiten comparar distintos niveles de desempeño. Ayudan a gestionar. En últimas, a fomentar mejores prácticas. Sin embargo, la medición de la RSE es un asunto todavía confuso.

Las formas de medir la RSE están íntimamente ligadas a las variadas maneras de entender la RSE. Hay metodologías de gestión que incluyen normas certificables como la ISO14000 de gestión ambiental o la SA8000 que versa sobre el trato laboral. Otras —como el Global Reporting Initiative (GRI) y la AA1000SES— sugieren guías para reportar la gestión corporativa responsable.

Para beneficio de las empresas que quieren un poco de claridad, muchos instrumentos internacionales son complementarios. Por ejemplo, mientras el GRI solo dice que es necesario consultar a los grupos de interés para desarrollar indicadores relevantes, el AA1000SES dice cómo.

De hecho, muchas fórmulas y hasta maneras de entender la RSE son complementarias al GRI, lo cual no es fortuito. Porque el GRI está ganando la guerra de estándares de medición de la RSE y convirtiéndose en el estándar por defecto. En 1999, 10 empresas reportaban utilizando este estándar. A 2006, esta cifra se acerca a 1.200 (ver gráfico). Esta cifra probablemente subestima el número real, dado que si bien muchas empresas emplean el GRI, no todas tienen que reportarse. El GRI no es propietario. Cualquier empresa puede descargarlo de internet y utilizarlo para construir sus balances sociales, medioambientales o de sostenibilidad.

Al contrario de otras fórmulas de medición, el GRI dice qué indicadores calcular. Unas metodologías solo dicen qué es necesario medir, mas no sugieren cuáles indicadores calcular, mientras otras apenas obligan a medir los indicadores que las leyes exigen. Por ejemplo, número, frecuencia y severidad de accidentes laborales. El GRI va más al grano. La actual versión sugiere 10 indicadores económicos, 17 ambientales y 23 sociales. El hecho de que integre indicadores en los tres frentes (económico, social y ambiental) la ha consolidado como una de las metodologías más robustas y aceptadas en el mundo.

Ofrece otras ventajas. Sus indicadores económicos se derivan de las cifras financieras normalmente calculadas por cualquier empresa. Ofrece protocolos sobre cómo calcular ciertos indicadores y suplementos sectoriales que se adecúan a distintos sectores económicos. Y más allá de los indicadores centrales, sugiere calcular indicadores adicionales que los complementen y otros que la empresa juzgue relevantes para su actividad.

Indistintamente del instrumento de medición, estas metodologías no son del todo perfectas. Una de las mayores críticas que organizaciones no gubernamentales y de sociedad civil les dirigen es que no son obligatoriamente verificables por terceros. Es decir, una empresa no necesariamente tiene que auditar sus balances de sostenibilidad; podría publicar en ellos lo que le convenga sin que nadie lo verificara.

Algunas metodologías son poco estrictas. Hoy una empresa puede afirmar que sus balances de sostenibilidad están "acordes" al GRI al solo seguir unas pautas y sin necesariamente recibir el visto bueno de parte del secretariado del GRI. Sin embargo, para que estos balances sean publicados en la página web del GRI, sí tienen que recibir un visto bueno del ente. En todo caso, el hecho de que no se exija verificación de la información reportada no quiere decir que no se haga.

Muchos informes son excesivamente publicitarios, lo que les resta credibilidad, dice Santiago Madriñán, director ejecutivo del Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible. En este sentido, algunas empresas ven en la verificación la credibilidad necesitada. La generadora de electricidad Emgesa auditó sus balances sociales de 2005 con la firma BVQi. De lo contrario, "esto sería puro marketing", dice Rodolfo Quintero, jefe de la división de medio ambiente de Emgesa. Por su parte, la distribuidora de energía Codensa lo hará para sus balances de sostenibilidad de 2007. Pero la verificación externa no tiene que ser la única forma de ganar credibilidad. Agrega Madriñán, que una empresa se la gana al revelar toda su información, especialmente la mala, antes de que otros lo hagan por ella.

Cómo van las empresas colombianas
Al igual que para muchas compañías del mundo, para las colombianas la medición de la RSE es un tema nuevo. Es difícil saber exactamente cuántas firmas elaboran informes de sostenibilidad, pero se estima que son pocas. Según Madriñán, de las 28 empresas grandes afiliadas a Cecodes, solo 12 hacen balances de sostenibilidad y Hocol es la única cuyo balance está exhibido en la página web del GRI. Muchas de las empresas colombianas que elaboran estos informes son filiales de multinacionales.

E incluso si sí reportaran, es probable que se rajaran, dice Roberto Solarte, de la Javeriana y parte del equipo colombiano que participa en la construcción de la ISO26000, una guía estándar de la RSE. Por eso, agrega, se aboga para que la guía incluya menos aspectos de la RSE y más básicos que los países menos desarrollados puedan cumplir.

El bajo número de empresas que reportan puede obedecer a varias razones. Hacer balances de sostenibilidad implica un esfuerzo por parte de la empresa para coordinar internamente la consecución y análisis de la información necesaria para calcular los indicadores. Pocas compañías crean burocracia nueva para tratar este tema, pero sí hay nuevas funciones por repartir. Y si bien mucha de la información probablemente ya existe, hay indicadores ambientales que no son fáciles de calcular o sociales que sencillamente no se tenían en cuenta, como los de género. También están el tema cultural y el de seguridad. Muchas empresas colombianas consideran prudente un bajo perfil y reportar información periódicamente puede ser visto como una invitación a terceros para que la fisgoneen, algo que puede parecerles incómodo.

En todo caso, para las que sí intentan medir la RSE, el problema es que el énfasis está en el lugar equivocado. Las empresas están midiendo los productos de su RSE, mas no el impacto, dice Julio Abril, profesor de la especialización en RSE de la Universidad Externado. Muestran cuánto gastaron en RSE, pero no lo que ello implicó para la empresa o la comunidad. El mensaje de Abril es que los balances de sostenibilidad se tienen que robustecer con mediciones de impacto. Las metodologías existen al igual que la información, agrega. "No tiene que ser difícil".

Pero tampoco fácil. Estas mediciones son más costosas de hacer y requieren más pericia técnica. Hay impactos notoriamente difíciles de cuantificar, en especial los que miden variables que no tienen mercados ni precios fácilmente asignables, dice Abril. También hay impactos acumulados de otras fuentes que pueden anular lo hecho por una empresa, lo cual puede disuadirla de medir y divulgar el impacto de sus obras.

Los impactos se miden en el largo plazo. Entendiendo la RSE como cualquier otro aspecto del quehacer de los negocios, Codensa mide cualquier programa de RSE y ha logrado sacar impactos interesantes sobre la comunidad, dice María Alexandra Vélez, gerente de comunicaciones. Entre ellos, han entendido que su programa de compra de electrodomésticos, además de buen negocio para la comercializadora de electricidad, es aprovechado por los estratos de menores ingresos para comprar lavadoras, lo cual se traduce en mejor calidad de vida para las mujeres que ya no deben madrugar a lavar la ropa antes de salir a trabajar. "De nada sirve tomarse la foto al inaugurar un programa", dice Vélez, "es mejor hacerlo cuando haya resultados para mostrar".
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