| 9/15/2006 12:00:00 AM

La jugada por la sostenibilidad

A la hora de emprender acciones estratégicas de Responsabilidad Social Empresarial, el ambiente es uno de los principales ejes, por su impacto en los diferentes stakeholders. El reto es el desarrollo sostenible de los negocios y del entorno.

¿Por qué el ambiente es un asunto prioritario de la Responsabilidad Social Empresarial, RSE? Esta pregunta se la hicieron hace un par de años representantes de compañías agrupadas en el Consejo Mundial Empresarial de Desarrollo Sostenible —WBCSD, por sus siglas en inglés—.

Si bien en el análisis la mayoría de los empresarios consultados sentía que el cuidado del ambiente era un componente importante de la RSE, así como el cumplimiento de la legislación ambiental y de las regulaciones, quedó claro que en muchas partes del mundo esto no se cumplía por dos razones: una, la poca capacidad de los gobiernos para hacer respetar la ley, y dos, el alto costo que significa actualizar antiguas plantas y aplicar tecnologías más limpias. Plantearon, entonces, la creación de esquemas de transferencia de tecnología de bajo costo y apoyaron una mayor exploración de la autogestión como medio para mejorar el desempeño ambiental.

Pero, más allá de estas consideraciones, el ambiente es el eje dinamizador de la RSE, articulador frente a los stakeholders (grupos de interés) y diferenciador a la hora de los negocios. ¿Por qué? En el campo interno y organizacional, la producción limpia es más eficiente y menos riesgosa. Frente a los grupos externos, la preservación del entorno con acciones como el uso racional de recursos como la energía y el agua, o haciendo transparente y 'ambientalmente amigable' la disposición de residuos, genera menores costos a las compañías y blinda su reputación. Además, fortalece las relaciones con las comunidades en la producción orgánica hacia los mercados verdes que son hoy, uno de los principales y más atractivos negocios, en los que se encadenan familias, en especial ubicadas en zonas desprotegidas. Y, ante los clientes finales, se entrega un producto diferenciado de valor agregado y por el que el mercado está dispuesto a pagar un mayor precio.

Varias empresas en Colombia lo han entendido así y han capitalizado esta operación. Generadora Unión, en la estructuración de sus proyectos hidroeléctricos, tiene como eje la venta de certificados de reducción de emisiones, y destina el 20% de esos recursos al cuidado del entorno. Con esta decisión, además de beneficiarse por la demanda de certificados, logra un incremento de entre 5% y 10% por cada tonelada de reducción de emisiones. A su vez, Daabon, una empresa en la Costa Caribe, se ha convertido en el principal exportador de productos orgánicos de Colombia a los países europeos, Japón, Estados Unidos y Australia, desarrollando alimentos sin el uso de químicos, con certificaciones internacionales y apoyados en las comunidades de su entorno. Otros como Peldar o Smurfit Kappa les apuestan a programas de reciclaje, mientras que multinacionales cementeras como Holcim se convierten en solución para los residuos que generan otras industrias.

Hoy, el papel de las empresas en el campo ambiental está en la mira de gobiernos, organizaciones no gubernamentales ONG y generadores de opinión. La polémica mundial empresarial más reciente en torno a este tema la produjo la columna de Paul Krugman, uno de los más reputados economistas de los últimos tiempos, publicada en New York Times, en la que critica la posición de Lee Raymond, ex presidente de Exxon, por desconocer evidencia científica sobre el impacto del calentamiento global y, como menciona Krugman, "combatir a la ciencia". Según un memorando, citado por Krugman, "la estrategia era proporcionar apoyo logístico y moral a los disidentes del cambio climático haciendo surgir dudas acerca del conocimiento científico prevaleciente". Por su parte, en su manifiesto ambiental, Exxon destaca la aplicación de regulaciones ambientales y estándares ambientales donde no existe esta legislación; el trabajo con grupos de gobierno e industria para fomentar el desarrollo oportuno de leyes y regulaciones ambientales efectivas; prevenir los incidentes y emisiones de control y desechos; y la mejoría de métodos de protección ambiental, entre otras áreas.

Sin duda, el medioambiental es uno de los temas más polémicos de cara a las empresas. Pero también, en el que pueden capitalizar enormes réditos dentro de su estrategia de negocio.

Las oportunidades
Según Santiago Madriñán, director del Cecodes, el desarrollo sostenible tiene tres pilares: el crecimiento económico, el progreso social y el balance ecológico. "Para que las empresas tengan rentabilidad y sobrevivan los negocios en el largo plazo, deben trabajar con las personas y con el ambiente". Para que el desarrollo sea sostenible, se requieren tres actores: gobierno, empresas y sociedad civil. "Ninguno por sí solo puede llevar a la sostenibilidad, el trabajo debe ser en conjunto e interrelacionado", señala.

Aunque las empresas pueden moverse en varias áreas, sobresalen dos: la primera, los mercados verdes. Cada vez son mayores las preferencias de los consumidores por productos naturales, benéficos con el ambiente en su disposición, uso o producción. Incluso, desde el sector público, ciudades como Roma en Italia, han comenzado a promover las prácticas sostenibles y se han dado cambios en políticas oficiales italianas, al introducir en las comidas escolares productos orgánicos. Según la publicación Fair News, diariamente 140.000 comidas, en su mayor parte orgánicas, se preparan en los colegios romanos. En ese mercado están enfocadas empresas como Organic Sur, del Grupo Daabon. Los cultivos de este grupo cuentan, desde 2003, con la certificación SA 8000 (Social Accountability), a la que se suman Eco-Cert (Europe & NOP) y JAS Organic Certifications.

El impacto ambiental ha empujado a otras organizaciones a seguir caminos similares. La Red Colombiana de Productores Comunitarios Ambientalmente Amigables. Son 87 organizaciones —formadas por comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas— para que mantengan información permanente sobre producción sostenible, aspectos, técnicos y asesoría en certificaciones.

La segunda, la operación eficiente, bien porque se generan menos desperdicios o porque es agente para eliminar los existentes. Uno de los mejores ejemplos es OI Peldar, que fabrica el 90% de su producción con material reciclado. En 2005, la empresa compró 151.324 toneladas de vidrio reciclado (por más de $21.000 millones) y estima 154.000 toneladas para este año. Estos indicadores ubican a Colombia en el puesto 13, superando a España, Portugal y Estados Unidos.

Si bien el tema está en la agenda de las grandes empresas, no es prioritario para las pequeñas y medianas. Sorprenden resultados preliminares arrojados por la encuesta de Acopi, Cinset y la Fundación Konrad Adenauer, en una metodología de evaluación de las pyme y la RSE. Según la encuesta, de las pyme consultadas, más del 70% no tiene acciones de RSE frente a este tema.

En el momento en que los gerentes vean al medioambiente dentro de las acciones de RSE y la estrategia corporativa, se encontrarán con nuevas posibilidades de negocio.
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