| 4/12/2006 12:00:00 AM

La huella de los inmigrantes

De la mano de judíos, árabes, españoles, alemanes y estadounidenses emprendedores, la Costa Atlántica forjó la mayor parte de su desarrollo económico. Esa casta de comerciantes, industriales, cultivadores y ganaderos sentó las bases de la pujanza que aún se respira en esta región del país y que hoy se extiende por diversas zonas de Colombia.

Los pioneros de la industria La historia empresarial de la Costa Caribe colombiana se puede empezar a escribir desde el 3 de julio de 1823. Ese día el gobierno republicano le otorgó a Juan Bernardo Elbers, un ciudadano alemán, amigo de Simón Bolívar, la primera licencia para explotar la navegación fluvial por el río Magdalena. Esa fue la retribución que recibió por apoyar al Libertador y a Francisco de Paula Santander en sus campañas por las independencias de la Nueva Granada y Venezuela. De ahí 'Fidelidad', 'Simón Bolívar', 'General Santander' y 'Susana', los nombres con que bautizaron los primeros cuatro vapores que navegaron por las aguas del río de la Patria. El empresario, a su vez, contaba con el apoyo de inversionistas judíos sefarditas (expulsados de España) que vivían en Curazao, que también habían aportado a la causa bolivariana. Recién instaurada la república, muchos de ellos recibieron el derecho a radicarse en el país con los mismos privilegios religiosos y políticos de los ciudadanos colombianos. Para entonces, en otras ciudades de la región, como Santa Marta, ya prosperaban otros empresarios ilustres como el español Joaquín de Mier, en cuya hacienda de San Pedro Alejandrino se hospedó Bolívar. Los Mier también entraron a competir, en 1847, por la navegación en el río Magdalena con la Compañía de Vapores de Santa Marta y fueron los precursores del ferrocarril del Magdalena.

Con estos hechos se empezó a promover la expansión empresarial e industrial del Caribe colombiano, con el aporte significativo de inmigrantes judíos, ingleses, españoles, sirolibaneses, palestinos, alemanes y estadounidenses. Historiadores como Alfredo de la Espriella, Eduardo Posada Carbó y Joaquín Viloria coinciden en señalar que los extranjeros jugaron un papel trascendental en el desarrollo de Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Sincelejo y Valledupar, entre otras ciudades de la región. Influencia que se extiende hasta nuestros días. Su aporte fue determinante en el desarrollo de la infraestructura de las comunicaciones y de los servicios públicos que hicieron posible esa expansión. A ellos se les atribuye en la Costa el desarrollo de la navegación fluvial comercial (1823), los puertos marítimos (1849), el primer ferrocarril (1871) y la aviación comercial (1919). También crearon la primera empresa de servicios públicos y fundaron fábricas de cerveza, jabones y textiles. Fueron, a su vez, los promotores de los primeros hoteles (1881) y agencias de viajes, así como de la banca incipiente, la minería, la ganadería, la finca raíz y el comercio en general que prosperó por toda la región.

Sin embargo, por su proximidad con el río Magdalena, Barranquilla empezó a concentrar la actividad comercial e industrial de la Costa, así como del pujante negocio de la navegación, dejando rezagadas a sus vecinas Cartagena y Santa Marta. En 1835, por ejemplo, ya operaba la United Magdalena Steam Navigation Company, a la cabeza de la cual estaba el empresario inglés Santiago C. Revé, cuya actividad atrajo a otros inversionistas británicos. En 1858 se crearon firmas que introdujeron vapores más modernos al negocio, como la Frulinn & Groshen, y se construyó la línea férrea entre el puerto y Barranquilla. Para 1886, ya había firmas exportadoras de mucho prestigio. Poco después se destacaría la empresa constituida por Francisco Javier Cisneros, promotor de varias iniciativas empresariales como la construcción del muelle de Puerto Colombia (1894), entonces el más largo de Suramérica, la extensión del ferrocarril de Sabanilla a la Bahía de Cupino y el tranvía de Barranquilla.

También se destacan otras industrias como la del alemán Alfredo Steffens, cuyo producto principal era La Mentolina. Luego vinieron la Casa Brauer & Moller, la química Schering y los laboratorios y estudios fotográficos Neumann. El historiador Alfredo de la Espriella dice que es difícil olvidar dos empresas que estuvieron íntimamente ligadas a la solvencia mercantil de la Arenosa: la compañía Hanseática con sus acreditados productos jabones y velas 'La Luz X'. Así como la Casa Bayer con su producto estrella de aquella época, la Cafeaspirina. De la Espriella cuenta que fue Bayer la primera en poner un aviso luminoso encima de un edificio, por allá en 1925 en Barranquilla. A esta lista se suman las cervecerías Barranquilla y Bolívar, que se convirtieron en la base sobre la cual Mario Santo Domingo empezó a construir el imperio de Bavaria, y que consolidó su hijo Julio Mario.

Para entonces, según narra el historiador Eduardo Posada Carbó en uno de sus estudios, Barranquilla no solo era el principal puerto del país, sino también una de las ciudades industriales más importantes, con una comunidad de inmigrantes bien establecida y bastante numerosa, que le daba un aire cosmopolita muy particular.

Otro hecho que también influyó en el desarrollo de la Costa Caribe fue el despegue en Barranquilla de la aviación comercial, en 1919. Gracias a la iniciativa de Ernesto Cortissoz, de ascendencia judía, se creó ese año la Sociedad ColomboAlemana de Transporte Aéreo (Scadta), que contó con el respaldo de un grupo de capitalistas inmigrantes radicados en la Costa. La aerolínea redujo el tiempo entre Barranquilla y Bogotá, de 14 días en barco a 10 horas en avión. Los pasajeros acuatizaban en Girardot y seguían por tierra hasta la capital. El 14 de junio de 1940, Scadta se convirtió en la actual Avianca.

La industria cartagenera y samaria En Cartagena también se dieron importantes hitos empresariales, como el recogido por la historiadora María Teresa Ripoll sobre Rafael del Castillo & Co., cuya historia se remonta a 1861. Si bien esta familia española que llegó a la ciudad a mediados del siglo XVIII se dedicó al comercio (ver artículo página 86), también incursionó en la industria. Los descendientes diversificaron el negocio e incursionaron en diversas actividades empresariales que incluyeron una destiladora de aguardiente. El azúcar provenía del Ingenio de María, que para 1874 habían instalado los hermanos Stevenson en cercanías de Cartagena. Para entonces, la destilación había estimulado el cultivo de caña de azúcar en la región. Esta casa comercial, que sobrevivió varias generaciones más, llegó a conformar uno de los emporios empresariales e industriales más importantes de Cartagena que incluso tuvo sucursales en Nueva York, y de la cual sobrevive Harinera Tres Castillos, que aún hoy tiene su sede en la Heroica.

Otra empresa emblemática fue la del español Manuel Román. Según la historiadora Adelaida Sourdís, él montó, en 1835, uno de los primeros laboratorios farmacéuticos del país, proceso en el que luego también tomó parte su hija, Soledad Román, que en 1877 se convirtió en la esposa de Rafael Núñez. Cuenta ella que el barco en el que viajaba Román naufragó en cercanías de Cartagena, a donde llegó como náufrago. Y se quedó. Aprovechando sus conocimientos en química, obtenidos en París, Román montó una botica en la ciudad. Luego empezó a importar materia prima para hacer medicamentos y así nació el laboratorio que luego desarrolló remedios tan famosos como la Curarina Román, que incluso se consigue hoy en cualquier droguería de la Costa. El laboratorio Román aún funciona en Cartagena y está en manos de descendientes de su fundador. También sobrevive la marca de una de las gaseosas que también produjo la familia Román: la Kola Román, hoy propiedad de Postobón. Otro factor que contribuyó al despegue de la actividad portuaria en Cartagena fue que durante la última década del siglo XIX la Cartagena Terminal and Improvement inauguró, en 1893, el Muelle de la Machina, sobre la Bahía de las Ánimas, un año antes de que se pusiera en servicio el tramo férreo entre Cartagena y el puerto fluvial de Calamar. Cartagena también se distinguió por montar la primera refinería de petróleo crudo importado en el país: Cartagena Oil Refining Company, creada por iniciativa de Diego Martínez Camargo, en 1908. También se destacó la Compañía Colombiana de Extractos Tánicos, en 1911 fundada por el italiano Calixto Giordanengo, para surtir de este insumo a los procesadores de cuero. Otras que ocuparon un lugar en la historia fueron la Compañía Fluvial de Cartagena y la Compañía Colombiana de Fósforos, así como algunas fábricas de hielo y la Cervecería de Cartagena.

Los historiadores destacan a su vez otras iniciativas emprendidas por sirolibaneses a lo largo de la Costa entre 1930 y 1940, como fábricas de aguardiente, bolsas de papel, artículos de cuero, textiles, ropa, perfumes y jabones. Por ejemplo, los hermanos Simán eran los principales fabricantes de camisas, mientras que la familia Jaar operaba la segunda planta más grande de telas de algodón en Barranquilla. También fueron propietarios de astilleros y tenían buques de pasajeros y de carga que operaban en los ríos Atrato y Sinú, uniendo a Cartagena con ciudades importantes como Quibdó, Montería y Lorica, como lo describe en uno de sus estudios el historiador Eduardo Posada Carbó.

Entretanto, la historia económica y empresarial de Santa Marta, durante buena parte del siglo XIX, estuvo marcada por la actividad de los hermanos Joaquín y Manuel Julián Mier, los empresarios más prósperos de la ciudad en ese período. Incursionaron en múltiples proyectos empresariales y siempre demostraron un sentido práctico para los negocios. Invirtieron en ferrocarriles, bancos, y navegación marítima y fluvial.

La semilla para el desarrollo industrial de la Costa quedó de esta manera sembrada a lo largo de toda la región, y aún hoy en la industria, el comercio y el turismo se siente la presencia de los pioneros que hicieron del Caribe un terreno abonado para la creación de empresas.

Bibliografía

De la Espriella, Alfredo. El Río Magdalena. Documento. Universidad Autónoma del Caribe. Cartagena, noviembre de 2000.

De la Espriella, Alfredo. La colonia alemana en Barranquilla. Documento. Universidad Autónoma del Caribe. Cartagena, septiembre de 2000.

Ripoll, María Teresa. Redes familiares y el comercio en Cartagena. Cuadernos de Historia Económica y Empresarial. Centro de Investigaciones Económicas del Caribe Colombiano, Banco de la República. Febrero de 2000.

Fawcett, Louise y Posada Carbó, Eduardo. Árabes y judíos en el desarrollo del Caribe colombiano, 1850-1950. Boletín Cultural y Bibliográfico. Volumen 35, número 39. 1998.

Viloria de la Hoz, Joaquín. Empresarios de Santa Marta: el caso de Joaquín y Manuel Julián de Mier, 1800-1896. Cuadernos de Historia Económica y Empresarial del Caribe colombiano. Banco de la República. Noviembre de 2000.
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