| 3/5/2004 12:00:00 AM

La base del emprendimiento: el mismo emprendedor

Para que un proceso emprendedor sea exitoso son indispensables el capital, la idea y, sobre todo, un emprendedor capaz de impulsar su proyecto.

Hay tantos y tantos perfiles de emprendedores: unos son jóvenes; otros, muy mayores; los hay con brillantes carreras académicas y otros nunca fueron a la universidad; algunos no cuentan con una familia rica detrás, otros sí la tienen; pero a todos ellos los impulsa el deseo de emprender su propio proyecto. Sin embargo, algunas cosas tienen en común: hay muchos desafíos para ser "un gran emprendedor". ¡y más aún en países en desarrollo!

Hay una frase de George Bernard Shaw sobre las relaciones de pareja, que se aplica muy bien a la actividad emprendedora: "Cualquier tonto puede empezar una, pero se requiere un genio para terminarla exitosamente".



El triangulo invertido

Podemos visualizar el proceso emprendedor en forma de triángulo invertido, como el de esta figura:

En el punto de apoyo (el vértice de abajo) está el emprendedor; en el vértice de arriba a la derecha está el capital y en el izquierdo, el proyecto o la idea. Todo proceso emprendedor integra estos tres componentes. Cuando un emprendimiento no es exitoso, siempre se debe a una de estas tres razones, o a una combinación entre ellas: el emprendedor no fue bueno, no se obtuvo el capital o el proyecto emprendido era el equivocado.

Si analizamos bien la figura, comprenderemos que el triángulo se apoya en el propio emprendedor. De su firmeza depende, en gran medida, que el modelo no se derrumbe. El emprendedor brillante siempre logra el capital o el gran proyecto.



El problema no es el capital

El emprendedor mediocre, aunque tenga un padre rico y generoso, no es exitoso. Quizás el rico empiece con el tema del capital casi resuelto, pero eso no le garantiza tener la idea adecuada y menos aún que vaya a ser un excelente emprendedor. Mi experiencia (y esto no es una regla, sino una simple observación empírica) es que muchos hijos de personas ricas tienen ideas y capital de sobra, pero fallan en su pasión y compromiso. Muchas personas con acceso casi ilimitado a capital por sus entornos familiares, han carecido del nivel de "hambre" que hace falta para emprender, y eso les ha restado empuje a la hora de encarar dificultades.



El problema no es la idea

En relación con el proyecto, salvo pocas excepciones, las buenas ideas no suelen ser totalmente originales. Muchos emprendedores cometen un grave error al creer que su idea debe ser única. Creen que su proyecto depende de tener una idea brillante y, cuando la encuentran, los inunda el temor de que todo el mundo se las quiera "robar". Asumen entonces una actitud "sobreprotectora" de su idea, actuando un poco a la manera de los agentes secretos de las películas de espionaje.

No le cuentan a nadie sobre su proyecto, porque temen que intente "quedarse" con él. En lugar de salir a cotejar y contrastar la idea con el mercado, con especialistas de la industria, la protegen a tal punto que nunca reúnen la información necesaria para saber si es un buen proyecto. Como resultado pueden ocurrir dos cosas: o bien llevan adelante su idea sin un buen cotejo del mercado (y fracasan) o el proyecto nunca cristaliza (y fracasan sin haberlo intentado).



La capacidad de implementación

Siempre hay ideas de a miles, pero es muy raro que alguien tenga una originalidad absoluta. Seguramente, cuando a Bill Gates se le ocurrió desarrollar software para computadoras personales, hubo otros miles que pensaron lo mismo.

Parafraseando a Peter Drucker, "Por una idea pago 5 centavos; por implementarla, ¡pago una fortuna!".

Esta frase resume mi visión sobre el tema. El secreto no está en preguntar "cuál es tu idea", sino en responder "qué va a hacer que tú y tu equipo puedan convertir esa idea en un éxito". Por eso, el triángulo del proceso emprendedor aparece invertido, porque la base de todo es la calidad del equipo emprendedor. La idea (y el capital) es un vértice del proceso, pero el punto sobre el cual se apoya el triángulo es el del emprendedor y su capacidad de llevar ideas a la realidad.



La formacion del emprendedor

Si la clave es el propio emprendedor y su capacidad, la pregunta es cómo puede formarse. Hay gente que dice que es imposible modificar ciertas características innatas, y que esto es lo determinante a la hora de emprender. "Es un emprendedor nato, vende como nadie, maneja gente como nadie" son frases que oímos a diario sobre muchos emprendedores exitosos. En cambio, otros aseguran que "todo se hace, nada es innato, todo se puede desarrollar".

Mi visión está entre esos extremos. Entre lo claramente modificable y lo inmodificable, está lo que Fred Kofman llama el "área gris de lo tal vez modificable". Fred y yo lo llamamos metahabilidades. Son, precisamente, esas características comunes que tienen los grandes emprendedores.

Si el emprendedor tiene un firme compromiso para mejorar sus habilidades, no le alcanzará con solo aprender la dimensión técnica. Esta es necesaria pero no suficiente; con ella será "un emprendedor más capacitado técnicamente, pero que es igual de bueno que antes en el núcleo". Lo que lo convertirá realmente en un mucho mejor emprendedor es permitirse soñar, asumir un papel de protagonista incondicional, de continuo aprendizaje y trabajo interno, desarrollar su autoestima para lograr mayor firmeza en sus decisiones, enamorarse y apasionarse de su proyecto con un compromiso incondicional, aprender a compartir con su equipo, tomar riesgos para lograr su independencia y, sobre todo, aprender a divertirse en el proceso de sus propios aciertos y errores.

Estas metahabilidades se pueden desarrollar, independientemente de la dimensión inmodificable de cada uno de nosotros. Se trata de una cuestión de grados y mejora continua. Nadie tiene el título de "aprendiz permanente" o de "100% de autoestima" de una vez y para siempre. Todas estas capacidades se van modelando y desarrollando en el tiempo. Siempre, claro está, que el emprendedor tenga un firme interés en desarrollarlas y logre verlas como un claro multiplicador de su potencial emprendedor.



Andy Freire, fundador y Ceo de Axialent.
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