| 3/6/2009 12:00:00 AM

Invertir con inteligencia

Jerónimo Castro, Director de Colfuturo.

La sociedad debe aumentar la inversión en educación y buscar que esta tenga el mayor impacto posible. Para ello, el Gobierno debería generar más incentivos.

La educación es tal vez la inversión más rentable para el país y sus ciudadanos. Desde el punto de vista macroeconómico, diversos estudios han confirmado el impacto positivo de la inversión en educación, no solo en el crecimiento sino también en la reducción de la pobreza, en la mejor distribución del ingreso, aumento de la productividad y, en general, en lograr un mayor desarrollo social.

A nivel individual, las mediciones recientes indican que el retorno a la inversión en educación es del orden del 12% por cada año adicional de educación. En adición a esto, una persona vería incrementados sus ingresos en 8% si convive con individuos con alto nivel educativo. A más años de estudio, mayor ingreso.

Sin embargo, en Colombia se está haciendo una inversión sub-optima en educación. El Estado invierte alrededor del 4% del PIB en este rubro y los individuos destinan recursos entre el 4,2% y el 4,6% del PIB, según la Encuesta de Ingresos y Gastos del Dane de 1994.

La baja inversión en educación se refleja en la baja competitividad de nuestra economía, así como en la baja capacidad de innovación y la persistencia de una distribución regresiva del ingreso, entre otros. Por ello, es claro que la sociedad debe aumentar la inversión que hace en educación y hacer de esta el eje determinante de sus políticas.

Invertir eficientemente

No se trata solo de invertir más, sino de hacerlo donde genere los mayores efectos e impactos. Esto es, hacerlo de la manera más eficiente posible. Los países desarrollados invierten más en educación. Por ejemplo, los países de la OCDE invierten entre 7% y 8% del PIB en este rubro. En educación básica, por ejemplo, mientras para un niño de Bogotá que estudie en un colegio público se destinan alrededor de $1,4 millones, la educación pública de un niño en Boston cuesta US$8.000.

Sin embargo, la diferencia fundamental está en que la mayor parte de la educación básica en los países desarrollados es predominantemente pública, afirma Alfredo Sarmiento, experto en educación.

No obstante, hay un relativo consenso en que la prioridad de la inversión en educación deben ser los niños. Esto es, en los primeros años de su desarrollo, que incluyen el proceso educativo, la nutrición, el transporte y los útiles, entre otros.

Además de mayor inversión, es importante replantear el modo en que esta se hace actualmente. El nuevo modelo de transferencias no solo redujo el crecimiento de los ingresos dedicados a la educación, sino que no está generando redistribución porque le está dando más recursos a las regiones más prósperas.

Hay evidencia de que las administraciones departamentales y municipales distribuyen de forma desigual los recursos, por lo que debería haber mayor control para evitar los fenómenos de corrupción a los que se ven enfrentados en la actualidad estos recursos. Una opción sería condicionar los recursos que se destinan a las instituciones educativas, en función de su calidad y con una fuerte veeduría. Otra opción sería crear incentivos para que las entidades territoriales destinen parte de sus recursos a la educación.

No se trata de 'aumentar por aumentar'. Por ejemplo, en los últimos años los esfuerzos por incrementar la inversión en educación se han traducido en aumentos a la remuneración relativa de los docentes públicos, pero esto no se ha reflejado en un aumento proporcional en calidad. Para Jerónimo Castro, director de Colfuturo, "la calidad y formación de la docencia es el eje transformador de la educación, por lo que se hace necesario reclutar personas con verdadera vocación e invertir en su formación", afirma. Hay que modificar los incentivos para que su remuneración y promoción dependan de su desempeño.

Así mismo, la inversión no debe ser solo del estado. Este debería generar los incentivos correctos para que familias, personas, empresas, sector financiero y las mismas universidades destinen más recursos a la educación.

La educación es la directa responsable de la tercera parte de los ingresos de una persona, el resto está relacionado con los antecedentes socio-económicos del individuo. Esto es un indicativo de que siguen siendo más importantes las conexiones sociales que el nivel de educación, por lo que el Estado está llamado a corregir las imperfecciones que existen en el mercado laboral y crediticio.



Hora de actuar

Una persona con menos de 12 años de educación tiene una alta probabilidad de ser pobre y de que sus hijos y nietos también lo sean. El país tiene hoy un promedio de 7,9 años de educación para la población de más de 15 años y tardó cerca de nueve años en aumentar en 1,1 año este promedio. Esto significa que si no se hace algo contundente hoy, se alimentará un circulo de pobreza e inequidad durante los próximos 25 años.

Alcanzar los grandes objetivos en materia de cobertura total en educación básica con calidad, descenso de la tasa de repitencia, menor deserción e incorporación de tecnologías de la información, entre otros, significará un aumento de la productividad y de la calidad de vida de la sociedad en su conjunto.

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