| 8/6/2009 12:00:00 AM

Inteligencia artificial

El confort y bienestar de los usuarios de las oficinas dependen de un buen diseño y de materiales amigables con el medio ambiente utilizados en su construcción.

El auge de la economía colombiana no solo sirvió para mejorar la rentabilidad de las empresas y optimizar los ingresos fiscales, también permitió consolidar importantes tendencias en el sector de la construcción, que llegaron para quedarse y están generando una verdadera revolución en los diseños, materiales y usos de las edificaciones.

La construcción de edificios inteligentes y sostenibles es quizá uno de los mayores aportes que ha registrado la industria edificadora en el país. Actualmente, buena parte de los proyectos de oficinas que se adelantan incorporan estos conceptos. De acuerdo con un informe de la firma Colliers Internacional, desde 2007 viene creciendo la construcción de edificios inteligentes en Bogotá, al punto de alcanzar un aumento del 15% en 2008 y del 29% esperado para 2009, que podría consolidarse a tasas del 12% y 15% en los próximos dos años.

Y aunque las cifras del Dane muestran una caída en las licencias de construcción a mayo del 27,6% para todos los usos, no cabe duda de que las necesidades de las empresas de optimizar y renovar sus instalaciones siguen siendo crecientes, en un país que avanza para insertarse en procesos de internacionalización económica.

Entre enero y mayo de 2009 se aprobaron en el país licencias para la construcción de 185.895 m2 de oficinas, convirtiendo esta actividad en la tercera más importante después de vivienda y comercio. María Isabel Silva, presidenta de la Lonja de Propiedad Raíz de Bogotá, explica que, si bien en este momento se ha reducido la oferta de oficinas, "la gente sigue preparándose para procesos de internacionalización, con los nuevos TLC, y esto requiere nuevos metros en bodegas y oficinas para atender las expectativas de crecimiento".

Pero, ¿en qué se diferencian estas nuevas construcciones de las que comenzaron a denominarse 'inteligentes' en la década de los 90?

No solo son obras modernas y atractivas por su diseño y transparencia, sino construcciones eficientes que permiten mejorar la productividad de los trabajadores, agilizar el ingreso de los visitantes y contribuir con el ahorro de los recursos naturales.

Los edificios inteligentes y autosostenibles, que surgieron inicialmente por la necesidad de reducir emisiones de carbono y darles un mejor uso a los recursos naturales, poco a poco se convirtieron en un modelo a seguir para garantizar una operación idónea y un servicio acorde con las exigencias del consumidor actual.

Según el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible, se estima que la industria de la construcción, incluyendo la cadena de suministro y la operación, emite el 40% de los gases de efecto invernadero y el 40% de los desechos sólidos. Adicionalmente, consume alrededor de 70% de la electricidad y 12% del agua.

Si bien un proyecto de construcción autosostenible puede costar entre un 15% y 20% más que uno tradicional, debido a que requiere el uso de materiales flexibles y sistemas de comunicación especializados, los beneficios en el mediano y largo plazo se traducen en ahorros superiores al 30% en la facturación de servicios públicos y en el incremento de la productividad laboral.

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