| 9/12/2008 12:00:00 AM

Hernán Echavarría Olózaga. Pensando en grande

Su interés por la educación lo condujo a promover la fundación de centros educativos como los Andes, Eafit, la Universidad del Norte, Incolda, el Cesa, el Icesi y la Autónoma de Bucaramanga. En materia de control de la natalidad, fue uno de los fundadores de Profamilia.

La expansión del ‘Lombri-compostaje’ fue el último gran sueño que le quedó por cumplir a Hernán Echavarría Olózaga, quien en 2003 se enamoró del proyecto de biofertilizantes que desarrollaban China e India y decidió ‘apadrinar’ la idea en el país, antes de que una enfermedad lo obligara a marginarse de la actividad diaria.

Francisco Mejía Vélez, uno de sus más cercanos amigos, y quien trabajó por cerca de cuatro décadas con Echavarría, asegura que era un hombre adelantado para su época, visionario, filántropo y estadista. Tres temas fueron su obsesión: la generación de empresas, la educación y el control de la natalidad. Nació en Medellín el 7 de abril de 1911 en el seno de una influyente familia antioqueña y murió el 21 de febrero de 2006.
Fue uno de los principales pensadores políticos y económicos del siglo XX en Colombia. Sus inquietudes intelectuales quedaron plasmadas en su prolífica obra en la que remarcaba la importancia del emprendimiento empresarial, antes que caer en la tentación de la especulación rentística de la tierra.

Su interés por la educación hizo que promoviera la fundación de centros de educación como Los Andes, Eafit, la Universidad del Norte e Incolda. También participó en la creación del Cesa, el Icesi y la Autónoma de Bucaramanga. Y fue uno de los fundadores de Profamilia.

Su formación académica como ingeniero en Manchester, Inglaterra, y en economía del London School of Economics, así como la interacción con las teorías del socialismo que llegaban a las aulas en la década del 30 le dieron el bagaje intelectual para desplegar sus propias teorías acerca de cómo debía desarrollarse el país, en las que se notaba la fuerte influencia keynesiana. Fue ejecutivo de empresas de su familia, entre ellas Calcetería Pepalfa, Calcetería Alfa, Coltejer y luego en Locería Colombiana. En 1953, junto con sus hermanos Norman y Elkin, tomó la decisión de darle a Locería Colombiana un mayor impulso, dejando en manos de terceros el manejo profesional de la compañía. Esto le permitió tener más tiempo para promover innovación y mejoras en los procesos de la empresa a través de la junta directiva. Este cambio permitiría el mayor desarrollo del que hoy se conoce como Grupo Corona.

Trabajó en el sector público como ministro de Obras; de Comunicaciones y fue embajador en Washington.

Los constantes viajes de estudio que realizaba se convirtieron en fuente de inspiración, no solo para mejorar procesos en las empresas del Grupo Corona, sino también para introducir ideas económicas y políticas innovadoras. Su visión social lo llevó a fundar colegios e instituciones de educación y salud que hoy se mantienen vigentes.

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