| 9/19/2003 12:00:00 AM

Hacia un buen gobierno

Las empresas colombianas tendrán que ajustarse a los estándares de gobierno corporativo que exige el entorno global, o verán bloqueado su crecimiento por falta de acceso a recursos de capital.

Los escándalos de Enron y WorldCom en 2002 prendieron las alarmas y la reacción de inversionistas y reguladores tendrá un impacto de largo alcance. Los inversionistas dejaron de asumir un papel pasivo para exigir garantías en la gestión de las empresas y el respeto a sus derechos. El tema del gobierno corporativo adquirió importancia nunca antes vista en el mundo entero y las empresas se vieron obligadas a volver a lo básico: la confianza y los valores.

En Colombia, la clase empresarial aún no toma conciencia real sobre la importancia del tema. No obstante, se lo va a encontrar en el futuro. En una economía global en la que habrá cada vez mayor competencia por los recursos, las empresas colombianas no podrán darse el lujo de seguir dependiendo del crédito bancario y mantenerse al margen de los mercados internacionales de capital. Si lo hacen así, no podrán crecer y seguramente serán absorbidas por jugadores de otros países. Esto implica que durante los próximos años nuestras empresas tendrán que adoptar estándares mínimos que aseguren el respeto a los derechos de los accionistas minoritarios, la independencia y responsabilidades de sus juntas directivas, la integridad de la información y las relaciones con los grupos de interés, entre otros.

Hay cuatro frentes para trabajar. Primero, los accionistas mayoritarios deberán entender los beneficios de tener empresas bien gobernadas. Un estudio de McKinsey & Co. concluye que los inversionistas están dispuestos a pagar en Colombia una prima de 21% sobre el valor del mercado por empresas que sigan principios de buen gobierno corporativo. ETB, por ejemplo, cuando hizo la reciente democratización de la propiedad, explicaba que una de sus motivaciones principales al llevar a cabo el proceso de ajuste a los estándares de buen gobierno corporativo era lograr que el mercado tuviera mayor certeza sobre su buena gestión en el futuro. Y los resultados se vieron. Más de 60.000 personas confiaron sus recursos a la empresa. La International Finance Corporation, por su parte, invirtió en empresas como Suramericana, Bavaria y la Titularizadora Colombiana después que estas garantizaron que se regirían con estándares de buen gobierno corporativo.

En segundo lugar, nuestras empresas deben ir más allá de lo que exige la regulación. Con la emisión de la resolución 275 (que exigía Códigos de Buen Gobierno a las empresas cuyos papeles son objeto de inversión por parte de los fondos de pensiones), el Estado dio los primeros pasos en términos de exigencias. Próximamente, si se aprueba el Proyecto de Ley del Mercado de Valores, se establecerá un marco regulatorio más moderno para este mercado. No obstante, estas iniciativas solo serán verdaderamente exitosas si las empresas asumen su compromiso. El buen gobierno corporativo es una iniciativa de autorregulación.

Tercero, es necesario crear más espacios de discusión y difusión sobre el tema. Hoy son pocos los empresarios que conocen el gobierno corporativo y lo que implica para ellos. En esta tarea, los medios, las propias empresas, inversionistas institucionales y gremios juegan un papel fundamental. Se requiere, también, un mayor compromiso de parte de las universidades que están formando a la generación de empresarios del futuro. Las más prestigiosas universidades del mundo incluyen el gobierno corporativo en sus programas. Nuestro país no puede quedarse atrás.

Por último, las empresas tenderán a volverse más transparentes no solo para los inversionistas, sino también para sus empleados, consumidores y proveedores. En este nuevo entorno, todos estos grupos de interés exigirán el buen gobierno. Los clientes exigirán que la empresa sea transparente para hacer negocios con ella; la caída de Arthur Andersen tras el escándalo de Enron se debió al desprecio de sus clientes. El talento también exigirá estar en empresas con altos estándares éticos y que transmitan confianza al mercado. Si no es así, los ejecutivos más capaces buscarán otras empresas que sí lo hagan.

En el futuro, las empresas tendrán que reconocer que el gobierno corporativo es una necesidad y no un lujo o un adorno. La viabilidad de una compañía puede estar más relacionada con la integridad y confiabilidad de sus prácticas que con sus resultados financieros. De hecho, según el estudio de McKinsey, el 84% de los inversionistas considera que en Latinoamérica el buen gobierno es tanto o más importante que los resultados financieros. La tarea apenas comienza y en los próximos años el país tendrá que avanzar en sus prácticas de buen gobierno. No hacerlo sería demasiado costoso para todos.
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