Gremios: en busca de un nuevo norte

| 6/28/2002 12:00:00 AM

Gremios: en busca de un nuevo norte

Las condiciones actuales de Colombia exigen que los gremios asuman una nueva actitud. La construcción de país debe convertirse en el eje de su gestión.

En nuestro debate anterior sobre el papel de los empresarios en la sociedad colombiana (edición No. 156), surgió como conclusión prioritaria que ellos deben apropiarse de la cosa pública. La pregunta es ¿cómo lograrlo? Los empresarios afirman que los gremios de la producción son el instrumento que se ha diseñado para expresar su opinión y hacer sentir su influencia en los grandes debates públicos.



¿Son los gremios la vía para lograr este objetivo? Dinero organizó el segundo debate sobre roles alrededor de este tema, con la participación de un grupo de empresarios, algunos presidentes de gremios y un Senador de la República que fue dirigente gremial en el pasado. Participaron Alberto Espinosa, presidente de Meals de Colombia; Armando Garrido, presidente de Siderúrgica Boyacá y miembro de la junta de Camacol; Rubén Darío Lizarralde, presidente de Indupalma; Francisco Manrique, presidente de la junta directiva de Camacol; Sabas Pretelt, presidente de Fenalco; Ricardo Villaveces, presidente de Asocaña; y Juan Manuel Ospina, senador y ex presidente de la SAC. La conversación logró avanzar desde el papel más específico del gremio en función exclusiva de sus afiliados, hasta una visión más amplia en la que el país se convierte en el tema prioritario de cada una de estas instituciones. La razón básica de esta nueva actitud está en entender que, para que a las empresas les vaya bien, al país le tiene que ir bien.



Alberto Espinosa: En el Foro de Presidentes de la Cámara de Comercio de Bogotá, hemos adelantado una serie de discusiones sobre el tema del papel del empresario en la sociedad colombiana y, en particular, en la construcción de un país mejor. Desde la perspectiva puramente empresarial, hemos concluido que ese papel se sintetiza en tres grandes áreas. Primero, generar riqueza, ahorro, inversión, empleo y bienestar. Segundo, promover la justicia social. Tercero, procurar una clase empresarial digna de imitar, caracterizada por la honestidad, la solidaridad, el respeto por los demás y por lo público. Extendiendo la discusión a cuál debería ser el papel de los gremios, en el Foro creemos que este debería centrarse en propiciar las condiciones macro para el desarrollo de sus respectivos sectores.



Francisco Manrique: Yo querría ir más allá de esta definición y compartir con ustedes mi experiencia como presidente de la Junta Directiva de Camacol, un gremio que con 45 años de operación estuvo a punto de desaparecer, como consecuencia de la profunda crisis en que entró el sector de la construcción a finales de los años 90. En la junta entendimos que, en la Colombia de hoy, el papel del empresario y de los gremios tenía que ser diferente al que había sido tradicionalmente. Colombia es lo que es hoy, debido a un vacío en la sociedad. A los empresarios nos cae algo de responsabilidad, ya sea por acción o por omisión. El papel del empresario tiene que ser más amplio, para que la sociedad pueda seguir un camino diferente. Este nuevo papel consiste en ayudar a transformar el entorno. Las empresas están destruyendo valor por cuenta del riesgo país y esto es algo sobre lo que hay que trabajar. Este no es un trabajo que los empresarios puedan dejar para cuando tengan tiempo. Si no tienen tiempo, no van a tener país.



Los gremios deben desarrollar competencias distintivas. Más importante todavía, tienen que aprender a desaprender. La posición de un gremio no puede ser la de pedirle favores al Estado, sino la de construir escenarios de futuro para su respectivo sector. Los empresarios y los gremios tienen que cambiar los esquemas mentales para poder pensar colectivamente sobre el futuro del país. Créanme: esto cambia la forma de pensar de la gente. Al terminar los ejercicios de construcción de escenarios de Camacol, los empresarios comentan cosas como: '¡Qué complejidad!' o '¡Qué superficial he sido en las críticas que he hecho!'. Hay que generar espacios para mirar en conjunto el sector y generar redes de confianza. El espacio gremial es clave para el desarrollo del sector.



Dinero: ¿Cómo cambió Camacol a partir de esta experiencia?



Francisco Manrique: Hoy tenemos un norte estratégico que no habíamos tenido en 45 años. Las prioridades cambiaron: primero está el país, luego la sociedad y, por último, la empresa. Aprendimos que si no respetamos ese orden, no es posible que a las empresas les vaya bien. La forma de relacionarse con el gobierno cambió radicalmente. Trabajamos conjuntamente con los ministros para sacar adelante el sector; los ministros Santos y Pizano hicieron un reconocimiento público al sacar medidas para el sector. El proceso de la negociación política también es ahora diferente. La visión regional se integra ahora con la nacional, algo que tampoco había tenido prioridad en 45 años.



Armando Garrido: Como miembro de la junta de Camacol, quiero además añadir que se hizo un proceso de autocrítica muy profundo y doloroso y se reconocieron errores de fondo. Había egoísmo y canibalismo dentro del gremio. Las industrias del gremio y los constructores no se podían ver.



Ricardo Villaveces: Creo que hay que diferenciar entre los gremios de producto y los gremios de gremios. Los gremios de producto se dedican a añadir valor al afiliado en temas específicos y, en este marco tienen que dar línea, yendo más allá de los propios intereses. Los temas de mayor cobertura deben ir a gremios de mayor alcance. Asocaña, un gremio de producto, promueve temas como el desarrollo sostenible, la eficiencia económica, el desarrollo social y el manejo adecuado de los recursos. Otros temas, como la posición de los empresarios ante la guerra, corresponden a gremios de gremios.



Sabas Pretelt: Lo importante es entender la magnitud de la participación que tiene el grupo empresarial en la sociedad y entender que su participación en la discusión pública debe ser proporcional. En un país como Colombia, los empresarios son personas privilegiadas, pues partimos de que tienen una formación y una capacitación que les permite generar riqueza para ellos, sus familias y los demás. Este solo hecho los obliga a tener un mayor compromiso con la sociedad.



Una vez reclamada la importancia del empresario, se puede ver la importancia del gremio en una sociedad. Es clave la vocería unificada. Lo político no hay que entenderlo únicamente desde una perspectiva electoral, sino como la comprensión de lo público.



En este país, cuando los sindicatos marchan y protestan está bien, cuando los políticos hablan está bien, pero cuando un gremio se expresa, se ve mal, se interpreta como una búsqueda de protagonismo. Pero los gremios tienen que mostrarle a la sociedad el proceso que están pasando. Hoy están poniendo lo nacional primero y están generando empresarios mucho más ricos desde la perspectiva del espíritu. La tragedia es que los gremios tienen que ocupar buena parte de su tiempo en defenderse contra las múltiples iniciativas parlamentarias.



Dinero: Pero, ¿cuál es la razón por la que el gremio es mal visto en la sociedad?



Sabas Pretelt: Aunque no lo crean, tiene que ver con la religión. La riqueza es mal vista, se mira con desdén y a sus voceros también.



R. Villaveces: Colombia tiene una deficiencia de capital social, una incapacidad para que se muevan actores organizados. Los gremios son de lo poco que funciona en ese frente y muchas veces se confunden su papel y sus posiciones con las de la sociedad civil, cuando únicamente representan la posición de un grupo de la comunidad.



F. Manrique: ¿Cómo pueden los empresarios y los gremios actuar como verdaderos modelos? ¿Hasta dónde el gremio desarrolla las competencias colectivas que requiere el país? Tenemos que reconocer que el balance muchas veces no es bueno. Los gremios no suelen tener capacidad de autocrítica y, al mismo tiempo, muchos empresarios están insatisfechos porque no se sienten representados. Los gremios además tienen un grave problema de comunicación. Por otro lado, los empresarios tenemos que participar. Muchos empresarios preferiríamos ser invisibles en este conflictivo país. En el Foro, hemos descubierto, sin embargo, que el objetivo de ser invisible es contradictorio con el de querer ejercer impacto en la sociedad.



Rubén Darío Lizarralde: Aquí está pasando algo muy importante. Cuando en el Foro de Presidentes se planteó la idea de participar en esta conversación, yo no quería hacerlo. No quería tener nada qué ver con los gremios, pues siempre he mantenido una gran crítica frente a ellos. Sin embargo, pensando las cosas, me di cuenta de que son los empresarios los que deben recibir con mayor fuerza esta crítica. Hay una gran confusión. Los modelos mentales del país están cambiando. Es un momento muy especial, por la crisis que estamos viviendo. Estamos esperando a que nos ayuden a superar la crisis, pero nadie lo va a hacer. Todos debemos hacer un esfuerzo para repensar el país. Cada uno debe pensar cuál es la visión de país, de empresa y de familia que tiene, así como de los valores que nos agrupan. Si no lo hacemos, y no lo estamos haciendo, como una gran comunidad que se pone de acuerdo para trabajar unida, no habrá salida. Un gremio como Fenalco, por ejemplo, no solo debe defender a sus agremiados sino que además debe salir en la defensa del consumidor, cuando alguno de sus miembros vaya en contra de los principios que se ha planteado como gremio.



Sabas Pretelt: ¿Cómo podríamos lograrlo?



Rubén Darío Lizarralde: Los medios juegan un papel clave. Hoy los hay como nunca antes. Todos los grupos de la sociedad deben utilizar metodologías semejantes para repensar el país y hay que hacer partícipes a todos. Hay que moverles las emociones a las personas para que se comprometan con el país.



Francisco Manrique: Es importante entender la complejidad del problema que estamos viviendo y aceptarlo. Es una complejidad sistémica, en la que se interrelacionan muchas variables, muchas veces con efectos en el largo plazo. Hay que desarrollar espacios de aprendizaje para manejar la complejidad. Hay que cambiar la calidad de la conversación estratégica. No hemos entendido que lo complejo tiene tiempo y espacio y que, por tanto, se requiere la perspectiva que da el largo plazo. Los gremios tienen que hacer un esfuerzo para mantener el foco en el largo plazo.



Alberto Espinosa: Aceptamos que la sociedad está enferma. La gente quiere participar y los gremios podrían jugar un papel importante, así como los medios. Hay que empezar por los valores, que claramente no se enseñan, sino que se desarrollan mediante el ejemplo. La visión del Foro, de los gremios y de todos debe ser compartida. Hay que construir fe, esperanza, confianza y optimismo. Hay gente comprometida, que prefirió no irse, que está trabajando por el país y para la cual lo importante es Colombia. Lo público es de todos. Si empresarios, gremios y medios lideraran un proceso de acuerdo hacia la construcción de país, si vamos juntos a promover un propósito común, sería posible alcanzar unas metas realmente ambiciosas.



Juan Manuel Ospina: Los colombianos estamos enfrentados a una situación sui géneris, diferente a la de cualquier otro país. Tenemos una acumulación de crisis, con sinergias entre ellas. La dirigencia tiene que ocuparse de temas que van más allá de lo que un empresario o un gremio tradicionalmente tendrían que hacer. El país carece de dirigencia. Hay una crisis sistémica, pero el país no está paralizado en su crisis. Francisco Manrique dijo que no hay que tenerle miedo a la complejidad y tampoco hay que subestimarla. Hay que mirarla con una visión más integral. Esto quiere decir que no se debe caer exclusivamente en lo económico, sino que hay que meterle pragmatismo y sociología.



Si la crisis es sistémica, hay que desarrollar una visión sistémica que implica una cantidad de actores. Todos somos importantes y los empresarios no pueden caer en la tentación de sentirse víctimas. No hay que dar papaya. Hay que entender que el mundo de hoy se mueve a partir de realidades complejas y que hay que integrarlo todo, el producto con la región, la especialidad con el entorno.



¿Pero, quién logra desarrollar esta convocatoria? Unicamente, la política. Hay que bajarse del legado del Frente Nacional de satanizar la política. El almendrón de la crisis está en la incapacidad de generar proyectos estratégicos, colectivos, de largo plazo, políticos. Esto es algo que solo se puede hacer con los partidos políticos.



¿Qué puede aportar el empresario? Ser eje, referente y sensor de los comportamientos antisociales. El control social debe aumentar. Los colombianos nos acostumbramos a todo, todo lo permitimos y a todo nos vamos acomodando. Esto debe cambiar.



El empresario está en contacto permanente con la realidad. A partir de ahí, puede hacer un gran aporte a la sociedad. Fuimos perdiendo ese valor de la visión pragmática y nos cogió la manía del "doctor". Los empresarios también deberían ser la voz firme y permanente que valora la visión de largo plazo. Los congresistas y los funcionarios pasan, pero los empresarios quedan. El país está agobiado por el corto plazo.



Los empresarios y los gremios tienen que ayudar a romper una cierta mentalidad de mafia que tenemos los colombianos. Cuando hacemos un debate, nos gusta hacerlo entre quienes ya nos conocemos y estamos de acuerdo. Eso no es un debate. Tenemos que ser capaces de hablar con todo el mundo, políticos, sindicalistas y demás, es decir, generar verdadera convocatoria. Los políticos son demasiado importantes para que los empresarios los ignoren.



Debemos aprender a manejar el desacuerdo. Este no significa que no se puede avanzar. Tenemos una tendencia a pasar del unanimismo total al balazo matrero, sin etapas intermedias. Pero podemos identificar los desacuerdos y también los acuerdos, avanzar sobre estos últimos y dejar el desacuerdo para después. Así se construye confianza y se llega a soluciones. Es una mezcla inteligente de actores lo que da la salida. Pero los empresarios suelen ser soberbios y no les reconocen a los demás la importancia que tienen.



Este debate sobre el papel de los gremios en las condiciones actuales de Colombia demostró que tanto el papel del empresario como el de los gremios tiene que ser más amplio para que nuestra sociedad pueda seguir un camino diferente. Este nuevo papel consiste en ayudar a transformar el entorno. Las prioridades tienen que cambiar: primero el país, luego la sociedad y, por último, la empresa.



En el proceso es importante entender la complejidad del problema que estamos viviendo y aceptarlo. Es una complejidad sistémica, en la que se interrelacionan muchas variables, con efectos en el largo plazo. Es preciso, por tanto, desarrollar una visión sistémica que involucre una gran cantidad de actores. Todos son importantes para que el proceso funcione y los empresarios no pueden caer ni en la tentación de sentirse víctimas ni en la de la soberbia.



El gremio cumple la función de representar los intereses de un grupo de la sociedad y, en este sentido, la vocería unificada juega un papel muy importante. El espacio gremial es clave para el desarrollo del sector. Todos los agremiados deben apoyar al gremio. Igualmente, se debe extender la noción de que el empresario es socialmente útil y que debe aportar en asocio con los demás, pues la mezcla inteligente de actores da la salida. Los gremios tienen que ayudar a construir relaciones, no entre iguales, sino mediante la aceptación de la diversidad.



Por último, la clave para lograr la articulación de todos los actores en la búsqueda de un país mejor está en la política, entendida no solamente desde la perspectiva electoral, sino mediante la comprensión de lo público. El mensaje es claro: el país necesita proyectos grandes, de largo plazo, que asuman nuestra diversidad como punto de partida, que hagan buena política. Los empresarios y los gremios tienen un papel de primer orden en esta tarea de construcción de Nación.
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