| 4/13/1998 12:00:00 AM

"Golpe de Estado"

Las Fuerzas Militares tuvieron que adecuarse a tener mujeres en sus filas. Y salieron ganando con el cambio.

En 1997 un grupo de 34 mujeres se incorporó a la Fuerza Aérea para convertirse en pilotos. Les seguían los pasos a 20 jovencitas que a comienzos de ese mismo año ingresaron a la Escuela Naval a prepararse como oficiales, cumpliendo las mismas exigencias y requisitos que se les imponen a los cadetes.



Lo importante de esta decisión no es que hayan ingresado a las Fuerzas Militares, sino que serán las primeras mujeres opcionadas para llegar a ocupar el grado de general o almirante.



Esto no quiere decir que en la institución militar no haya mujeres, ya que desde la década del 70 vienen colonizando un área que parecía exclusiva para los hombres. Pero como se habían vinculado al cuerpo administrativo, el máximo grado al cual podían llegar era a coronel.



La carrera administrativa es una posibilidad abierta para cualquier profesional (hombre o mujer) que quiera seguir la carrera de las armas sin ser combatiente. Con su título se pueden escalafonar en las Fuerzas Militares y empezar su carrera desde el grado de teniente.



Si bien la profesión les sirve para "ahorrar" los años de subteniente, esta modalidad de vinculación se convierte en una barrera para convertirse en general, ya que el estatuto de carrera contempla que para acceder a este grado es necesario ser oficial de Escuela y haber tenido mando de tropa.



A las coroneles del Ejército y de la Fuerza Aérea no las desvela sustituir sus barras y estrellas por un sol. Conocían las reglas de juego cuando ingresaron a la institución y, sobre todo, sabían que no querían ser combatientes, sino dar rienda suelta a su vocación de servicio y a conceptos que parecen haber olvidado la mayoría de los colombianos, como el sentimiento de patria.



Son médicas, oftalmólogas, odontólogas, psicólogas, bacteriólogas, abogadas y economistas, que decidieron desarrollarse en su profesión original y escalar posiciones en el mando militar. Porque administrativas o no, tienen la misma autoridad que los combatientes, y las obedecen por igual.



Para Elvira Ramírez, psicóloga de la Clínica del Dolor, la diferencia entre el médico militar y el civil es que el primero conoce la vida, características y circunstancias del soldado, del oficial. Su patología particular. Y esto puede ser una ventaja para el paciente.



"La mayoría de nosotras hemos estado brindando apoyo en las zonas de orden público, sabemos qué sienten los que están allá", explica Patricia Forero, odontóloga jefe del Dispensario Médico Central.



Si bien no tienen una vida tan dura como la de un combatiente, sí cumplen los traslados, el acuartelamiento, la disciplina, el entrenamiento físico, la instrucción militar y deben prestar los servicios propios de su segunda carrera, que sus colegas civiles no cumplen.



Pero están totalmente compenetradas con lo que hacen y, lo más importante, lo disfrutan.



A Angela Espinel la FAC le dio la posibilidad de especializarse en Cirugía Plástica Ocular, una ambición personal que tenía y que le ha permitido solucionarles los problemas de párpados y lacrimales a muchos soldados y pacientes.



Por su parte, Socorro Valderrama descubrió que siendo médica fisiatra podía ayudar a la rehabilitación de los pacientes y darles así una "nueva vida".



La labor que cumplen estas coroneles, así como las demás oficiales femeninas, va más allá de la gestión que realizan dentro de las Fuerzas Militares. No sólo participan en brigadas para atender a la población, sino que siempre tienen presente que están proyectando la imagen de la institución al exterior. Como lo explica Nora Inés Rodríguez, cardióloga y epidemióloga que trabaja en el Programa Internacional de Cuidado del Corazón, parte de su labor es lograr que la comunidad vea a las Fuerzas Militares como una institución amable.



Pero la salud es apenas una de las áreas en que están brindando su apoyo y conocimiento. Beatriz Alvarez es la primera mujer que ocupa la dirección general del Fondo Rotatorio de la Fuerza Aérea; Emilia Verjan fue la primera coronel "full" de la FAC, y como contadora pública es la jefe del Departamento de Contratación. Marta Patricia Rodríguez es médica dermatóloga y trabaja en el dispensario de la Fuerza Aérea; Ingrid Téllez es asesora jurídica del Comandante del Ejército; Janeth Morales, la jefe del dispensario médico del norte; Elizabeth Neira es la jefe de Sanidad de Reclutamiento; y María Isabel Correa trabaja en medicina nuclear del Hospital Militar.



Ser las oficiales de mayor antigüedad del Ejército y la FAC en este momento, les ha permitido abrirles el camino a sus otras compañeras de armas, al punto que hoy tener una mujer en una base dejó de ser un "problema", porque los hombres aprendieron a adecuarse a las diferencias. Alojamiento privado, baño independiente, uniformes de maternidad, pruebas físicas para embarazadas son sólo algunas de las normas que ya forman parte de los reglamentos.
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