| 9/17/2004 12:00:00 AM

Fabricato. 'Los hilos perfectos'

Así se conoció por más de medio siglo la Fábrica de Hilados y Tejidos del Hato, en Bello (Antioquia), que apalancó su crecimiento en la consolidación industrial y en un mercado cerrado. Hoy busca transformarse para ser más competitiva.

Cuando la Fábrica de Hilados y Tejidos del Hato (Fabricato) nació en Bello, Antioquia, en 1920, ya operaban en la región 3 grandes textileras: la Compañía de Tejidos de Bello, Coltejer y la Fábrica de Tejidos Rosellón.

Antioquia siempre ha demostrado su aptitud y conocimiento del tema textil -lo que los expertos llaman know how-, circunstancia que fue definitiva a la hora de decidir la creación y ubicación de Fabricato.

Con más de 80 años, esta textilera ha recorrido un amplio camino en su desarrollo y consolidación, aferrada a una relación paternalista obrero-patronal y a las condiciones favorables de un mercado cerrado.

En esas condiciones, sus expansiones han sido mucho más locales -con la compra y adquisición de empresas del sector- o de otras áreas de la economía, vinculando en algunos casos socios internacionales.

Esta expansión la hizo atractiva para grandes grupos, como el malogrado Grupo Colombia, que terminó intervenido por el gobierno en la década del 80, o el Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), que hoy la controla.

La historia de Fabricato no ha sido fácil, en gran parte porque cimentó su estructura en las posibilidades de un mercado cerrado, por lo cual ante la liberación de importaciones de telas (como en los 80), la empresa ha entrado en crisis. Hace 22 años, tuvo que entrar en concordato, debido al mal desempeño de sus indicadores y, más recientemente, en 2000, tuvo que acogerse a la Ley 550 o de reactivación económica, como efecto de la apertura de mediados de los 90. En el primer caso se recuperó, gracias a la protección estatal del mercado y a los controles al contrabando y, ahora, la coyuntura que se abre con las preferencias arancelarias que Estados Unidos otorgó a las confecciones colombianas, utilizando tela local, puede ser su tabla de salvación. Sobre todo si se tiene en cuenta que esa preferencia se puede extender con el Tratado de Libre Comercio que se negocia con Estados Unidos.

Los inicios

En febrero de 1920, en medio de un alentador panorama textil en Antioquia, producto de la sustitución de importaciones, se constituye la Fábrica de Hilados y Tejidos del Hato, en Bello. Sus fundadores fueron Carlos Mejía, Antonio Navarro y Rudesindo Echavarría Isaza, hermano del fundador de Coltejer, Alejandro Echavarría. La disposición de aguas de buena caída para el movimiento mecánico de las máquinas, el paso de la línea férrea que comunicaba con el río Magdalena y llegaba a las carboneras de Amagá y la aptitud de mano de obra fueron determinantes para la apertura de la fábrica.

Sin embargo, ese año también aparecieron los primeros síntomas de una crisis económica mundial. La naciente empresa, entonces, suspendió los pedidos de maquinaria y equipos -eléctricos, hidráulicos y de hilados y tejidos- y cambió su estructura interna, pues Carlos Mejía ofreció gran parte de sus acciones a los Echavarría, que eran socios minoritarios. La gerencia de la empresa quedó en manos de la familia Echavarría de 1923 a 1957.

El 7 de agosto de 1923 inició operaciones la empresa, caracterizada por una relación paternalista entre patronos y obreros. Fabricato incorporó principios en esta relación, como el pago de vacaciones remuneradas y la prima de servicios. Además, inició la construcción de casas de habitación para sus trabajadores, abrió la primera escuela y montó de un sitio de estar y un casino para los operarios.

Para 1925, la economía se había fortalecido y la empresa adelantó ensanches tanto de las edificaciones, que pasaron de 4.000 m2 a 11.000 m2 en una década, como de la maquinaria, que permitieron triplicar la producción en los primeros 10 años de operación.

Según lo cita el libro Los hilos perfectos, de Livardo Ospina, para Ramón Echavarría, gerente de la compañía en esa época, este crecimiento se dio "gracias a la política protectora del gobierno del presidente Enrique Olaya Herrera, la confianza del público y el aprecio por la alta calidad".



Crecer

hacia dentro

Su apuesta por el mercado interno reforzó su estrategia de ampliar inversiones en el sector y en otras áreas de la economía. En 1939, invirtió en Industrial Hullera, compañía que hacía más eficiente la explotación de las minas de carbón. Esa misma década, compró acciones de la Compañía Radiodifusora de Medellín e inició la estrategia publicitaria por este medio, la cual repitió con la Voz de Antioquia. También participó en la creación de la Compañía Algodonera Colombiana para integrar a los proveedores de algodón y en la conformación de la Sociedad Aérea Colombiana, Saco, que luego se unió con Scadta, para dar origen a Avianca.

En la década del 30, la reforma laboral implantó la jornada de 8 horas, en el gobierno de Alfonso López Pumarejo, lo que exigió costosos cambios en la organización de la empresa para establecer dos turnos diarios, enganchando más personal y aumentando su producción.

La Segunda Guerra Mundial aplazó los ensanches de las plantas, por la dificultad en el transporte marítimo de materias primas. Pero tuvo un efecto favorable: mejoró los precios internos al subir los de las mercancías extranjeras.

Al finalizar la guerra, Fabricato diseñó su crecimiento sobre el desarrollo de nuevos productos que complementaran su portafolio, como las fibras sintéticas, y vinculando socios en estas decisiones. Así, en 1946, logró una alianza estratégica con Burlington, una importante textilera mundial, para montar Textiles Panamericanos (Pantex), planta para la fabricación de telas con base en fibras sintéticas y artificiales.

En ese mismo sentido, en 1947, se alió con Coltejer y Tejicóndor para adquirir el 70% de la Industria Colombiana de Rayón, Indurayón. Este negocio, 11 años después, lo cedieron a Grace & Co.

Aunque en 1963 vendió en mercados internacionales US$135.000, más que los US$30.000 de 1962, la experiencia exportadora no fue la mejor. Según manifestó Julio Arias Roldán, gerente de la compañía, muchos de los envíos a Panamá y otros países centroamericanos fueron rechazados. A pesar de esas dificultades, Fabricato insistió en no quedarse con un mercado único. Junto con socios nicaragüenses y con una inversión de US$4 millones, se creó en ese país Fabritex, donde participaba con el 24,7%. Pero la rentabilidad no fue atractiva y decidió retirarse.

Tuvo otras experiencias interesantes en su modelo exportador. En 1967, exportó su know how y tecnología hacia República Dominicana. Hizo un contrato con la empresa Sacos y Tejidos Dominicanos llevando técnicos para el montaje y desarrollo de las plantas y trayendo isleños para aprender en Antioquia.



Descentralización y crisis

Salvo su experiencia en Nicaragua, hasta finales de la década del 60, la expansión fabril de Fabricato estuvo concentrada en su área de influencia en Bello, Antioquia. Luego, inició un proceso de descentralización industrial: junto con Burlington, adquirió Sedalana en Bogotá y nació así Textiles la Esmeralda, Texmeralda, que en 1997 se desmontó. Estableció la planta de Textiles del Río, Riotex, en Rionegro, Antioquia, y en 1973 en asocio con el IFI y la Corporación Financiera del Tolima, crea Texpinal.

Esta expansión y consolidación de negocios terminó en los 80, con la crisis del mercado interno: las ventas cayeron, el consumo de algodón se redujo, los costos aumentaron y la deuda creció. En ese escenario, Fabricato enfrentó tres situaciones: en 1982, una huelga de trabajadores, la primera en toda su historia. Además, el 13 de mayo de 1982, la empresa quedó bajo el control del Grupo Colombia y la junta directiva fue presidida por Félix Correa Maya. Según Livardo Ospina, en su libro, el interés de Correa Maya era el alto valor de las tierras que tenía Fabricato. "En poder del Grupo Colombia, Fabricato subsistió por inercia, hasta cuando aquel fue intervenido oficialmente el 21 de junio del mismo año, pues con su mal manejo administrativo, el pasivo creciendo y la baja de la productividad, vino el desplome", anota. Y, por último, debido a su precaria situación económica, se convocó a un concordato, aprobado por la Supersociedades.

En 1983, gracias a una mayor protección por parte del gobierno frente a los productos importados y a mayores controles al contrabando, las ventas crecieron 22% y las utilidades 66%. En septiembre de 1985, los acreedores aprobaron las condiciones de pago. Pero con unas circunstancias de mercado más favorables, Fabricato prepagó deuda concordataria. Mientras acordar las condiciones de pago tardó 27 meses, el acuerdo concordatario solo duró 3.

Las nuevas circunstancias del mercado le dieron aire suficiente para ingresar como accionista en 1987 a la empresa de confecciones Caribú y en 1988, para aprovechar las exenciones tributarias por la tragedia de Armero, creó la Fábrica de Textiles del Tolima, Fatextol.



¿La década perdida?

Los años 90 reciben al sector textil, en especial al de Antioquia, con un modelo de apertura económica. "El efecto inicial de la apertura fue tal en los textiles que entre 1991 y 1993 las importaciones del país crecieron más de 200%, además de un período de alta revaluación desde 1993 hasta finales de la década", explica Sergio Cárdenas Gutiérrez, vicepresidente financiero de Fabricato.

Esta empresa no fue ajena a ese deterioro, máxime cuando en 1991 había iniciado la modernización de maquinaria y equipos, financiada con créditos, endeudamiento que aumentó los altos gastos financieros. Además, había acumulado generosos beneficios prestacionales consagrados en una época de economía cerrada, pero difíciles de atender en un mercado abierto, y un alto número de pensionados a cargo directo (3.400 personas), que absorbía el 10% de las ventas netas.

Los resultados financieros mostraron pérdidas contables recurrentes a partir de 1995 y llevaron a incumplir las obligaciones con DIAN, seguridad social, parafiscales, entidades financieras, proveedores, etc., tratando en todo momento de atender los pagos esenciales para tener la empresa en marcha, como nómina, algodón e insumos mínimos. Debido a esta situación, en 2000, se acogió a la Ley 550 y reestructuró sus pasivos.

Para lograr economías de escala y disminuir costos, en 1999 hizo una alianza comercial con Tejicóndor, que 3 años después, se concretó con la absorción de esa empresa.

Paradójicamente, la apertura que le causó graves problemas, hoy le abre oportunidades gracias a las preferencias arancelarias que Estados Unidos otorgó a las confecciones colombianas, utilizando telas locales o de Perú, Ecuador y Bolivia, o de Estados Unidos. Hoy busca mayor productividad y eficiencia en su operación. La historia de Fabricato muestra el desarrollo de una industria que apalancó gran parte de la aventura empresarial de los últimos 150 años. Ahora, deberá retomar parte de la estrategia del pasado y atraer inversión local y extranjera, para crecer y enfrentar a exigentes competidores internacionales, como los asiáticos que no tendrán cuotas en 2005. Deberá seguir construyendo su historia, incluso pensando en procesos de mayor consolidación.
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