| 9/17/2004 12:00:00 AM

ETB. Por una nueva historia

La historia de la ETB ha estado plagada de dificultades, debido a sus relaciones con la ciudadanía y el Distrito. A principios del siglo XXI, la empresa ha cambiado y ahora define su futuro.

Desde cuando pasó de manos de inversionistas estadounidenses a ingleses y luego a manos del municipio, la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá ha experimentado importantes cambios en sus más de 100 años de historia. Sin embargo, siempre ha tenido una constante; la historia de las distintas empresas telefónicas de la ciudad ha estado íntimamente ligada a sus -a veces- difíciles relaciones con la ciudad de Bogotá.

En 1900, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre los términos de su contrato con la ciudad y tras un incendio que consumió su planta central, la Compañía Colombiana de Teléfonos vendió sus derechos a la compañía estadounidense Thompson por $150.000, y se convirtió en The Bogota Telephone Company. La BTC arrancó operaciones bajo condiciones poco propicias. A los estragos que dejó el incendio, se sumó un decreto de guerra que prohibía el uso de teléfonos a particulares. El servicio se normalizó en 1906. Los planes de expansión de la empresa también tropezaron con dificultades financieras y la constante puja con el Concejo por el tema de las tarifas. En 1912, la telefónica bogotana, de nuevo, cambió de dueño. Esta vez, la compró General Electric Ltd. Company de Londres. En 1919, el Distrito demandó a la BTC por incumplimiento de contrato al haberse acumulado desde 1913 solicitudes por 1.000 líneas. A finales de los años 30, el clamor por municipalizar la BTC era creciente. En octubre de 1940, nació la Empresa de Teléfonos de Bogotá, por la cual la ciudad pagó US$2,5 millones e intereses de 3% anuales.

Los inicios de la ETB estuvieron marcados por las difíciles relaciones con la ciudadanía y el Distrito, que han sido una constante a lo largo de su historia. Después de que en 1946 el Concejo censuró el mal servicio, en 1948, 8 años después de lo prometido, la empresa inauguró el servicio automatizado con 16.000 líneas.

Aunque el objetivo siempre fue darle más autonomía, en los años 50 y 60, la empresa comenzó a sentir los rigores de la injerencia política. Los miembros del Concejo que se sentaban en la junta debían pertenecer a los distintos partidos políticos. Y para 1967, la junta debía contar también con dos miembros escogidos por el Concejo, uno de los cuales -al menos- debía ser ex concejal. Solo hasta 1993, salieron los concejales de la junta de la ETB.

La ETB siempre intentó mantenerse tecnológicamente actualizada, a pesar de las penurias financieras. Entre los años 70 y principios de los 90, hizo grandes expansiones, modernizó sus redes y ofreció nuevos servicios. Sin embargo, el servicio básico era poco confiable y cualquier aguacero lo inhabilitaba.

Como dice Sergio Regueros, gerente de la ETB entre 1995 y 2001, los cambios tecnológicos no fueron apoyados por otros en el campo administrativo. No son un secreto los pésimos indicadores de servicio y la ineficiencia administrativa de la empresa. Una nueva línea demoraba cerca de dos años y ningún área administrativa estaba sistematizada.

Como se reconoce en el libro 120 Años de Orgullo, el atraso de la empresa se debía, entre otras, a que los mandos medios estaban inmersos en una cultura de monopolio y de ineficiencia. Como recuerda Carlos Eduardo Balén, gerente entre 1982 y 1986, la empresa tenía 5.000 líneas digitales desde los años 80, que solo fueron comercializadas en los 90. "Por desidia", dice Balén.

Desde cuando estuvo ad portas de ser intervenida en 1995 por la Superintendencia de Servicios Públicos, la ETB ha cambiado. Atrás han quedado la baja confiabilidad de su red y los pésimos indicadores de servicio al cliente. Hoy, la ETB estrena una nueva imagen, es sociedad anónima y tiene un código de buen gobierno.

A principios de los años 90, hizo alianzas estratégicas para penetrar nuevos nichos de mercado, como las suscritas con Comcel e ImpSat, además de la creación de la empresa de servicios de valor agregado Colvatel. A finales de los 90, entró a la larga distancia con nueva marca y nueva imagen, 007, en un intento por sacudirse las arraigadas percepciones sobre la telefónica bogotana. Y en 2003, se alió con EPM para entrar al negocio de la telefonía móvil por medio de Colombia Móvil e hizo una emisión de acciones, en la cual el público se quedó con el 11% de la propiedad accionaria de la empresa.

Sin embargo, la competencia que se avecina amenaza con volverla irrelevante. Para evitar este destino, la ETB busca nuevas fuentes de ingresos, apalancándose en la poderosa ventaja que le ha conferido su histórica posición monopólica. El éxito en este camino definirá su historia futura.
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