| 9/12/2008 12:00:00 AM

Ernesto Samper Pizano

Ernesto Samper es quizás el más polémico de los cuatro presidentes que gobernaron el país en los últimos quince años. En materia económica, su administración representó un gran retroceso.

Ernesto Samper es quizás el más polémico de los cuatro presidentes que gobernaron el país en los últimos quince años. En materia económica, su administración representó un gran retroceso, específicamente por el costo tan alto que sobre las variables económicas tuvo el proceso 8.000. El país fue descertificado por el gobierno de Estados Unidos y, al finalizar su periodo presidencial, la imagen de Colombia a nivel internacional estaba bastante deteriorada. No obstante, en materia social hubo avances importantes, en particular en salud. Gran crítico del presidente Uribe, aunque al igual que el presidente Gaviria, reconoce la importancia de los avances logrados en seguridad e inversión.

D. ¿Cuál es su balance de la economía del país en los últimos 15 años?

Yo diría que es un buen escenario tratar de analizar lo que ha sucedido con la economía colombiana en los últimos 15 años con lo que ha sucedido con el resto de la economía en el resto de América Latina. No es fácil disociar lo uno de lo otro.

En los últimos 15 o 20 años, lo más importante fue que hicimos dos transiciones de modelos. Uno de los años ochenta a los años noventa, siguiendo los listados del Consenso de Washington, que tenía mucho más de Washington que de consenso. Fue la aplicación del modelo neoliberal a raja tabla con sus virtudes y sus defectos. La liberación indiscriminada del comercio, la reducción de la inflación, los procesos de privatización de las empresas estatales, la desregulación de los servicios. En fin, la aplicación de todo lo que caracterizó la receta neoliberal y Colombia no estuvo exenta.

Luego vino, a finales de los noventa, la revisión del modelo, cuando se percibió en América Latina y en Colombia que el modelo no solo no estaba produciendo unas cifras adecuadas de crecimiento sino que tampoco estaba produciendo unos niveles de equidad como los que estaba necesitando la región.

Ese es el escenario sobre el cual valdría la pena hablar. Yo, habiendo sido Ministro a comienzos de los noventa, y posteriormente como Presidente, tuve la oportunidad de plantear un ajuste al modelo neoliberal de Gaviria. La apertura debía ser selectiva, gradual y concertada. Era la manera de introducir señales de mercado, dentro de un manejo en el cual no se sacrificaban totalmente la presencia y la participación del Estado.

En el caso colombiano, hubo un factor adicional frente al resto de Latinoamérica: las instituciones que se adoptaron en la Constitución del 91, especialmente, la autonomía del Banco Central, las restricciones en los cambios de presupuesto, el Plan Nacional de Desarrollo como gran referente de gasto público. También estrenamos instituciones durante los últimos 15 años.

D. Pero, volviendo al balance ¿cuál es su opinión?

Sin duda hay factores positivos. De alguna manera, el sistema proteccionista estaba mostrando ineficiencias, especialmente en el sector productivo, que fueron corregidas con un tratamiento de choque, con la apertura. Se liquidaron una cantidad de activos estatales que se habían convertido en una rémora para el Estado. El Estado no tenía por qué estar metido en actividades privadas como la producción de acero. Esto fue positivo.

Además, la apertura, nos sintonizó internacionalmente. Nos abrió la puerta a la negociación internacional

Como factor negativo, creo que sacrificamos algunos sectores productivos, como el de la pequeña y mediana agricultura. No, no lo sacrificamos, pero, perdieron mucho con la apertura, así como la Pyme. Al no haber una selectividad, que era lo que yo proponía, se sometía a la misma ducha fría a todos los sectores, cuando no todos tenían la capacidad de responder en la misma forma. Por ejemplo, el sector de los plásticos ha sido competitivo desde los noventa. Pero sectores como la Pyme requerían un apoyo que no se les dio a tiempo. Creo que ese fue un pecado grave de la apertura.

El segundo punto negativo fue el tema de la política social como tal. Nadie duda que la introducción del Sisben permitió combinar el sistema de salud que se tenía con un sistema de salud de oferta que estaba mostrando grandes ineficiencias. Sin embargo, no se diseñó la institucionalidad adecuada para manejar lo que era la clase media dentro del esquema de la seguridad social. Esto, solo hasta ahora se ha venido a corregir con las EPSs. Pensamos que se podían adoptar los modelos chilenos de pensiones y prestaciones sociales, que ya vienen de regreso, como hemos tenido que revisar los de acá, por cuenta de las dificultades que se han presentado.

En síntesis, creo que se pagaron unos costos sociales que se hubieran podido evitar y se pagaron costos productivos, especialmente en los sectores de la pequeña y mediana industria. Creo que estos son los grandes lunares.

D. Veo que hay mucho acuerdo entre los ex presidentes en materia económica, y que las diferencias son tan solo cuestión de matices.

Hay unos acuerdos implícitos que permiten que este país sea gobernable, contra todo lo que la gente piensa. El primer acuerdo es que no hacemos política con la política internacional. Nosotros nos ponemos de acuerdo en la Comisión Asesora en unos temas de política internacional y con matices que son más de carácter académico que político, no lo llevamos al terreno electoral.

Lo segundo es que no hacemos locuras con la política económica. Cuando todos los países de América Latina estaban metidos en el sobreendeudamiento o en el populismo monetario de los años 60 o 70, Colombia tenía una política económica seria y estable en la cual estaba comprometida la tecnocracia, que de alguna manera estaba en todos los gobiernos y que permitía que los fundamentos de la política económica se mantuvieran. Yo creo que ese un aspecto de gobernabilidad económica importante.

D. Entrando a su gobierno, ¿cuáles eran sus expectativas cuando entró a la presidencia?

Lo primero es que yo reivindico que así como en el gobierno Gaviria hubo por cuenta de él mismo una política consistente durante los cuatro años; en el mío, también la hubo, al haber mantenido tres buenos ministros como fueron Guillermo Perry, José Antonio Ocampo y Antonio Urdinola.

Nosotros encontramos un gasto público relativamente desbordado y una economía que se estaba recalentando. Lo primero que hicimos fue reducir los niveles de crecimiento del gasto, sin afectar la inversión y, en segundo lugar, sacar un Plan de Desarrollo concertado. Lo hicimos con mucho juicio, con dedicación para que hubiera un referente importante de lo que se iba a hacer.

Por supuesto, tuvimos problemas, especialmente cambiarios, para los cuales diseñamos mecanismos, algunos de los cuales no fueron aceptados por la Corte Constitucional.

Creamos el Fondo de Estabilización Petrolera, que ahora han copiado muchos países en América Latina, y que consistía en mantener afuera los recursos de la supuesta bonanza petrolera para evitar la enfermedad holandesa. Procedimos con cautela, pero sí le dimos un giro a la economía que tenía varias innovaciones frente a lo que había sido el manejo de antes.

Hicimos el Pacto Social, y algunas personas que eran escépticas, como Miguel Urrutia, finalmente encontraron que el pacto era útil, al menos para desmontar el fenómeno de expectativas.

Trabajamos también el tema del pacto fiscal con las regiones para enderezar las finanzas regionales y también tratamos de cambiar las normas constitucionales sobre transferencias territoriales, modificando lo que se llamaba el situado fiscal. La reforma no pasó.

Lo otro es que le dimos un vuelco al tema de inversión social. Ese fue el gran logro de mi gobierno. Duplicamos la inversión social y demostramos que se podía hacer desarrollo social sin sacrificar la estabilidad económica.

D. ¿Qué se logró concretamente?

Duplicamos la inversión social con respecto al PIB, pasó de 7,2% a 15,8% en los cuatro años. Lo más importante fue la revolución en la salud. Aumentamos la cobertura del sistema de salud subsidiada. Pasamos de 2,4 millones a casi 11 millones de personas. Ese fue un salto cualitativo bien importante.

D. Pero, el sistema ya estaba creado.

Sí, pero había sido creado como un sistema para contar pobres. Realmente, fue la primera vez que se utilizó masivamente el Sisben para desarrollar políticas de focalización.

Desarrollamos la red de solidaridad social para comprometer fondos en los sectores identificados como los más críticos en cuanto a necesidades básicas insatisfechas, por ejemplo, los ancianos. Programas de empleo que dieron origen posteriormente al programa de Familias en Acción.

En el tema de la lucha contra la droga montamos el Plante, que era la sustitución social de cultivos para llevar apoyos a los campesinos, no solo para destruir los cultivos.

En el sector educativo mejoramos las condiciones salariales de los maestros para mejorar la calidad. Hicimos desarrollo social, sin sacrificar las metas económicas. D. Frente a las expectativas que tenía al comenzar su gobierno, ¿cuáles fueron las mayores frustraciones?

Por su puesto que el empleo. Hay dos temas que han sido la gran frustración de los presidentes en los últimos treinta años, el empleo y la paz.

El empleo es un tema difícil por los altos niveles de informalidad que tiene el país. No es solo crear puestos formales de trabajo, es cómo ir incorporando a los trabajadores informales -que representan el 56% del total- al circuito de trabajo formal. No se trata de convertir a los almacenes en grandes supermercados o a las fábricas en grandes textileras, sino que tengan acceso a unos activos que les permitan mantenerse en el mercado. Acceso a maquinaria, tecnología, capacitación. Esa es la gran revolución que hay que hacer.

D. Y, ¿en cuanto a la paz y el orden público?

Ese es un pasivo contra el cual todos hemos tenido que luchar. Según la Universidad Nacional, el costo de la violencia es 4,5% del PIB, y ese es un pasivo con el cual uno tiene que competir con otros países.

D.¿Qué lo llevaría nuevamente a la presidencia?

En una hipótesis total, sin duda los programas sociales. Queda mucho por hacer. Hay sectores críticos, como el de la educación preescolar. Es el complemento a la revolución de la mujer trabajadora. En el tema de la capacitación, a pesar de los esfuerzos del Sena, que se ha dedicado a entregar certificados, falta una estrategia de capacitación sincronizada con el tema de la productividad.

Me gustaría terminar la reforma a la salud. Lamentablemente, veo que estamos regresando a lo que criticábamos y es la salud de pobres y la de ricos.

D.¿Por qué?

Porque la diferencia de los POS, del sector contributivo y el subsidiado prácticamente trasladó la estructura de clases a la salud.

D. Pero, la población está conforme con el Sisben y prefiere quedarse en él, aun en los momentos en que están empleados.

Sí, pero eso es por el temor al desempleo, a volver a quedar desempleado y quedarse sin nada. El sistema debería prever unas incorporaciones automáticas, es decir, que cuando la gente cambie de sistema, inmediatamente quede cubierta. Por ejemplo, el fallo de la Corte Constitucional de la semana pasada es histórico.

Nosotros quisimos convertir el presupuesto de salud, que atendía un sistema de oferta, en uno de demanda a través de los subsidios. Era multiplicar el sistema de salud para atender ocho millones de personas. Con la encuesta de morbilidad de la época, hicimos un paquete mínimo de los servicios que en teoría debería recibir cualquier colombiano para considerar que estaba debidamente atendido. Y empezó la UPC, unidad por capitación y se destinaron los recursos para eso.

En ese momento, los POS eran prácticamente iguales. Una persona que tenía un contrato de trabajo recibía los mismos servicios que una que estuviera en el Sisben. Con el tiempo, en la medida que se fueron presentando dificultades fiscales y, más grave, los recursos del Fosyga se utilizaron para hacerle caja al déficit fiscal, se empezaron a entregar medios subsidios y surgió una tercera categoría, la de los vinculados y no vinculados, y se rompió el concepto de equidad del sistema. Hoy estamos en esas circunstancias.

D. ¿Como ve la situación actual del cambio de las estructura productiva del país y cómo la proyecta hacia delante?

Yo pienso que aquí hay un nuevo factor de productividad, sin duda, que no existía en nuestros gobiernos, y es el factor de seguridad. Es un factor que está llevando a que haya más inversión, más planificación, más economía de largo plazo. Siempre el temor por la inseguridad dificultaba la predictibilidad de la economía.

Hacia adelante, el problema no es la negociación de tratados de libre comercio. El gran interrogante es la agenda interna de competitividad. Estamos esperando que el TLC nos arregle los problemas de competitividad. Yo creo que independientemente del TLC, del cual no soy fanático, pero que entiendo que hay que firmar por razones políticas, el país necesita una política tecnológica y de infraestructura. Estamos atrasados en carreteras, puertos y niveles de conectividad.

Es más, creo que si hubiéramos sido inteligentes, hubiéramos podido prorrogar el Aptdea, con lo cual, sin ninguna reciprocidad, hubiéramos tenido las ventajas que hoy tenemos.

Frente al resto de América latina, yo diría que tenemos gobernabilidad. La gobernabilidad no es solo un tema de seguridad, es también un tema de institucionalidad, de instituciones que son las que estamos empeñados en tirarnos, con las peleas que estamos teniendo. Colombia es un país respetable en su justicia, en su política internacional, en sus instituciones monetarias. Creo que esa institucionalidad, esa gobernabilidad y una seguridad, me permiten ser relativamente optimista frente al futuro del país.

Pero creo que eso tiene que ser complementado con otro factor que es el de la legitimidad. Necesitamos legitimar los procesos económicos con mayor inversión social, con más educación, repartiéndolo mejor. Colombia, en América Latina, aunque no es la región en la que hay más pobres, es la que tiene la peor distribución del ingreso. Hay que hacer la reforma urbana, la agraria, mejorar el acceso al crédito a los pequeños productores y la revolución social de la titularización. Son los grandes capítulos sobre los que hay que trabajar.

D. ¿Usted cree que se deben hacer acuerdos para llegar a tener en el largo plazo un país diferente?

No, de alguna manera sería un proyecto país. El derecho a soñar no se le puede quitar a un país, y no es un pecado. Pero creo que hay que mostrarles a los jóvenes que sí es posible volver a soñar, porque los jóvenes nuestros no se levantaron con la capacidad de soñar; por la violencia, por el inmediatismo de la política, por el día a día. El problema hacia adelante es que estamos viviendo el posconflicto en medio del conflicto.

D. ¿Cómo se puede manejar esto?

Hay que hacer un diseño para el posconflicto y manejarlo ya.

D. Pero, ¿ya se está haciendo?

Sí, pero a mi juicio muy desordenadamente. Hay programas de reinserción a través de desmovilización, hay muchísimos programas para desplazados. Hacer un programa de posconflicto sería un maravilloso programa electoral para cualquier candidato. ?

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