| 4/13/1998 12:00:00 AM

En busca de libertad

Ante la rigidez en los horarios de trabajo y el mayor tiempo que requiere la educación de un hijo, las mujeres crean sus propias empresas.

¿Qué hacer cuando el tiempo que demanda la educación de uno o varios hijos es cada vez mayor y el trajín en la oficina no deja espacio para cumplir las labores del hogar? Muchas mujeres han optado por la independencia, encontraron nuevas oportunidades de trabajo y llenaron nichos de mercado que nadie atendía. Y están triunfando.



Para las mujeres dueñas de negocios, el éxito ­más que hacer dinero­ implica un compromiso social. Casi todas encuentran que una clave de su negocio es tener sólo empleadas mujeres.



María José Ospina

Agenda del Mar



Cuando cursaba quinto semestre en la universidad, María José aprendió a bucear y bajo el agua vio no sólo arrecifes de coral y peces, sino un mar de oportunidades.



Desde 1992 edita y distribuye la Agenda del Mar. Hoy, su negocio incluye afiches, camisetas, calendarios y folletos, todo dentro de un compromiso ambiental y ecológico.



Lo más difícil para ella ha sido manejar un negocio sin tener experiencia y aprender a sostener y hacer crecer al mismo tiempo su empresa sin contar con capital de trabajo.



María José disfruta el desafío de convertir su hobby en un negocio y la independencia que le da ser su propio jefe. Tiene 10 empleados de tiempo completo ­todas mujeres­ y cuatro consultores en asuntos técnicos, como biología y diseño. Espera exportar a los países vecinos y expandir su mercado de productos educativos de ecología.



Su consejo para quienes quieran empezar su propio negocio es tener en mente que la calidad es importante no sólo en el producto, sino en cuanto a la gente que se contrata.



María José y Claudia Montejo

Carretel



Lo que empezó con dos máquinas de coser es hoy una exitosa cadena de almacenes de ropa.



María José Montejo, economista de Los Andes, y su cuñada empezaron a coser mientras esperaban la respuesta de un banco a una hoja de vida que María José había presentado. El producto que cosieron les gustó tanto que cuando la aceptaron en la entidad financiera fue ella quien no aceptó. Decidió independizarse y montar su propia empresa.



Dos años después, y al poco tiempo de regresar de Estados Unidos, se le unió su hermana Claudia quien venía de trabajar en una tienda de ropa.



Hoy, las hermanas Montejo tienen cuatro almacenes donde venden ropa de estilo clásico para mujeres. Emplean a 30 personas, todas mujeres. Por ellas tienen tal responsabilidad que no despidieron a ninguna cuando las golpeó la recesión económica de 1997.



Comenzaron el negocio pues vieron la independencia como la fórmula perfecta para el desarrollo en la vida profesional y tener presencia en el desarrollo y crecimiento de sus hijos.



Guiomar Caicedo de Pardo

Luisa Brun



Después de que nacieron sus dos primeros hijos, Guiomar Caicedo sintió que su trabajo como bacterióloga en el que estaba todo el día, la estaba apartando de su familia.



Así que tomó su amor por los niños, la repostería y el pastillaje, y los mezcló con la tradición familiar de su esposo de hacer chocolates y los convirtió en un sueño de tiempo completo.



Su almacén, Luisa Brun ­llamado así en recuerdo de su madre­, es conocido por vender los mejores chocolates de Bogotá.

Ella y su equipo de trabajo ­integrado exclusivamente por mujeres­disfrutan la independencia, inventan nuevos sabores y diseños y visitan ferias para estar al día en las últimas tendencias del negocio.



María Consuelo García de Ortiz

Colombian Bags



Si Consuelo García ingresó al mundo de los negocios con el fin de tener más tiempo libre, no le resultó como lo planeaba.



Es una trabajadora incansable que empieza su día a las 5:30 a.m. No sólo dirige los diseños, sino también la fábrica, los almacenes y las exportaciones de su empresa.



Empezó diseñando logotipos para empresas y desarrollando estrategias corporativas, pero se dio cuenta de que debía tener su propio negocio.



Lo más difícil para Consuelo García fue la apertura y hallar un balance entre el trabajo y la familia. Dice que sus empleadas ­todas mujeres­ son como una segunda familia, pues todas dependen de una y una de todas.



Para ella, el secreto del éxito en cualquier negocio es estar totalmente convencida de que lo que se va a hacer es lo que de veras se quiere.



Paula de Canal

Industrias Recanal



Paula de Canal recuerda el día en 1993 cuando, parada en la fábrica, comenzó a llorar al recordar a su socia, cuñada y amiga del alma, Marta Rebéiz, quien había muerto por un ataque al corazón.



Estaba sola para manejar una compañía de cientos de empleados, media docena de almacenes y exigentes clientes de Estados Unidos. Una persona débil hubiera renunciado, pero ella no se ha rendido ni en las peores épocas.



Contrató nuevos diseñadores, aprendió a manejar las finanzas y explicar en inglés a sus clientes los efectos de la devaluación en sus precios.



Hoy, la compañía tiene 7 almacenes "El Centauro" y maneja 14 talleres satélites. Recanal exporta el 50% de su producción.



Lo que empezó hace 27 años con una empleada que todavía trabaja en la empresa, tiene hoy 135 empleados, 80% de ellos mujeres.



Paula Canal considera que la atención personal a sus clientes y los viajes frecuentes a ferias internacionales, combinados con la devaluación del peso registrada en 1998, le permitirán hacer crecer el negocio. Nadie que la conozca lo pone en duda.



Aida Furmanski

Platería Galena



Hace 10 años inspirada en una antigua creación en plata, Aida Furmanski vio la oportunidad de combinar su amor por el diseño con la excelente mano de obra disponible en Colombia. Su almacén, Platería Galena, es el primer lugar al que las mujeres jóvenes van a registrar su lista de bodas.



Su profesión de psicóloga clínica es útil cuando atiende clientes difíciles. Ella encontró que trabajar con plata y combinarla con otros materiales, como madera y cristal, era la manera de dar un mejor uso a sus ambiciones creativas.



Aida Furmanski encuentra gran satisfacción por el trabajo que realiza, además porque logró vincular a su esposo e hijos superando el conflicto que se le creaba por el tiempo que le estaba quitando a la vida familiar.



Sus 14 empleados son mujeres, y para ella es la receta perfecta pues siempre desean ayudarse unas a otras y hacer más de lo que su trabajo les exige.



Sus objetos de plata son de excelente calidad y los exporta a México, Venezuela y Ecuador. Si la cotización del dólar continúa subiendo, considera que se abre una excelente oportunidad para llegar al mercado estadounidense.



María Cristina Prado

Stylus



Veinte años atrás María Cristina Prado tenía con algunas amigas un pequeño almacén de decoración. El negocio iba bien y esperaban una buena época navideña, cuando una mañana al llegar al local se encontraron con que la noche anterior les habían robado todo.



El sentimiento de frustración que la invadió la llevó a buscar algo nuevo y menos atractivo para los ladrones. Al darse cuenta de que cuando alguien quería papelería personal de alta calidad, tarjetas de negocios o invitaciones de bodas tenía que mandarlas a hacer en Estados Unidos, vio un excelente negocio.



En 1980 abrió Stylus, su empresa. Importó papeles de algodón y aprendió impresión en plancha y otras formas de impresión. Durante 18 años el negocio se ha adaptado a los cambiantes gustos del consumidor colombiano, agregando nuevos colores de papel y mejorando la calidad para responder a la demanda.



Ella fundó el negocio para tener más tiempo libre y controlar su horario de trabajo. Pero como las ventas bajaron considerablemente durante la recesión, pasaba las noches preocupándose por su negocio y sus 15 empleadas.



Su consejo para alguien que esté pensando en abrir su propio negocio es pensar en ser lo mejor que pueda y no en ser el más grande.
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