| 4/18/2006 12:00:00 AM

El ritual

Oler, saborear y mirar son los requisitos para degustar un buen vino. Sin embargo, cumplir estas tres funciones tiene su arte y su etiqueta.

Lo primero es observar el color, en busca de nitidez, transparencia y brillo. Al mirarlo, es mejor inclinar la copa y observarla sobre una superficie blanca. Los colores muestran la madurez del vino y su tiempo de reserva. En los tintos, los menos maduros muestran rojos violetas, los medios rojos rubís y los envejecidos terracotas. En los blancos, los jóvenes tienen reflejos verdosos, los medios amarillosos y los más maduros dorados. El siguiente paso es el aroma que no es lo mismo que el olor, pues en el vocabulario del vino un aroma es algo agradable y un olor es lo contrario. Para detectar el aroma se debe oler el vino, sin agitar la copa e introducir la nariz en la copa. Después debe agitar el vino suavemente, así podrá sentir la acidez, la fructosidad y el alcohol o la fructosidad, la acidez y el alcohol, respectivamente. El alcohol no puede ser el aroma predominante, es decir, nunca será lo primero que sienta. El olfato puede detectar aromas como el frutal, vegetal, a especies y floral, entre otros. Por último, se llega al gusto, que aprecia los sabores. Para esto se debe beber un sorbo generoso y agitar la bebida alrededor de toda la boca. Lo ideal es sorber mientras el vino continúa en la boca. La lengua detecta los niveles de acidez y astringencia y las características de los taninos (son parte de los polifenoles de la piel de la uva y se reconocen por el sabor secante en la boca). Entre más fino sea el vino, más tiempo se quedará el sabor en la boca. Si el vino es suave, duro o viscoso es porque tiene poco, medio y mucho cuerpo, respectivamente.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 535

PORTADA

El efecto Odebrecht en las 4G: ¿Los cierres están en peligro?

Una diferencia entre el Gobierno y un grupo de bancos por los recursos de la Ruta del Sol II ha encendido las alarmas en el sector de infraestructura. ¿Los cierres financieros están en peligro?