| 3/5/2004 12:00:00 AM

El líder global

El líder tiene que ser capaz de visualizar metas, a partir de una comprensión del entorno internacional, y llevarlas a cabo trabajando con equipos multiculturales.

Se requieren líderes capaces de ser globales. Si un líder es la persona capaz de desarrollar una visión, articular la forma como se puede hacer realidad y comunicar todo lo anterior a un equipo, un líder global tiene que ser capaz de visualizar metas, a partir de una comprensión del entorno internacional y de llevarlas a cabo trabajando con equipos de diversas nacionalidades. Debe mantener una mente abierta, capaz de entender las diferencias culturales y motivar a su equipo a operar en entornos nuevos y desafiantes.

La inteligencia emocional, es decir, la capacidad para reflexionar y desarrollar un conocimiento de sí mismo y lograr empatía con otras personas a partir de ese conocimiento, es vital en un líder global. Estas habilidades son sometidas a pruebas máximas cuando las personas enfrentan entornos muy diferentes a aquellos de los sitios donde crecieron.

Un líder global fomenta una cultura empresarial que desarrolle el potencial del equipo y lo ayude a volverse también global. Esto implica fomentar el trabajo en equipo y en redes que permitan a los individuos compartir aprendizaje y experiencias en diferentes países.

El líder global es capaz de eliminar los estereotipos, no solo de su propia visión sino de la de su organización. No porque una persona pertenezca a una cultura determinada hará el trabajo mejor o peor. Lo realmente valioso es el talento y la capacidad. El líder tiene que transmitir con el ejemplo ese sentido de meritocracia y juego limpio para que la organización lo reproduzca y lo convierta en un sello de su cultura.

Tener una mentalidad global puede ser más cuestión de actitud y no de experiencia. No necesariamente quienes más han vivido en otros países tienen mayor disposición para entender y adaptarse a otras culturas. Lo que se necesita es tener la actitud y sensibilidad para abrir la mente.

Ser un líder global no significa compenetrarse tanto con las otras culturas que termine perdiéndose la propia. No hay que perder la identidad, pues finalmente ella debió tener un papel significativo en la llegada del líder a las posiciones de mayor importancia. Precisamente, su propia cultura y los rasgos característicos a ella pueden convertirse en un activo importante en el momento de tomar decisiones y relacionarse con la gente. Un latino, por ejemplo, con su carácter extrovertido y su calidez al trabajar con la gente, puede convertir su origen en una ventaja en un país como Estados Unidos, donde las relaciones tienen mayor frialdad.

Finalmente, es muy importante que los líderes no pierdan la capacidad de autocrítica. No pueden volverse omnipotentes, pues perderán el sentido de la realidad y terminarán alejándose de su gente. En ese sentido, las evaluaciones de 360 grados en las que superiores, subordinados y colegas evalúan el trabajo de una persona, son doblemente importantes en organizaciones en las cuales los ejecutivos tienen la obligación de relacionarse rutinariamente con personas de otros países. La autoconciencia que se adquiere con una rutina de evaluación tiene una importancia crítica cuando una empresa avanza en su proceso de internacionalización.
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