| 3/6/2009 12:00:00 AM

El futuro de la ciencia y la tecnología

Entrevista con Neil Johnson, profesor del departamento de Física de la Universidad de Miami

Reconocido por su trabajo en teoría de la complejidad y sistemas complejos, y uno de los pioneros del estudio de lo que se conocería como 'econofísica', Neil Johnson habló con Dinero sobre el futuro de la ciencia y la tecnología. El autor del respetado libro Financial Market Complexity, escrito durante sus años de profesor en la Universidad de Oxford, y quien presentara la Royal Institution Christmas Lecture Arrows of time para la cadena de televisión BBC en 1999, ve en el trabajo interdisciplinario la clave para enfrentar los desafíos del planeta en el siglo XXI.



D — ¿Qué nos depara el futuro en el área de ciencia y tecnología?

El futuro depende de cómo eduquemos a la gente. Yo creo que vendrá un mayor énfasis en temas interdisciplinarios y en la manera como se debe educar a la gente para que dentro de 25 años lo descubrible se descubra efectivamente.

D — ¿Cómo se van a descubrir esas cosas?

Soy optimista respecto de la fuerza que van a tomar los estudios interdisciplinarios en los próximos 25 años. Las personas estarán formadas en diferentes disciplinas y esto puede traer las respuestas. Con el sistema actual, un físico que trabaje en temas relacionados con biología, por ejemplo, no puede saber si va a encontrar algo nuevo, para eso tendría que ser un experto en todo. En el futuro, una persona debería saber suficientemente de todo y aplicarlo en su área, este es el gran reto de la interdisciplinariedad.

D — ¿Cómo es el trabajo interdisciplinario actual?

Actualmente se clasifica a los expertos según el tema en el que se han desempeñado a lo largo de su vida, llámese física, biología o química. Sin embargo, los grandes problemas que enfrenta el mundo no encajan en esta clasificación. La educación actual es demasiado vertical.

Al final del día, lo que pasa hoy es que una persona formada en cierta área va a buscar soluciones por ese lado y todos harán lo mismo en sus respectivas áreas de conocimiento.

D — ¿Qué se debe hacer para cambiar esa forma de aproximarse a los problemas?

Es necesario integrar grupos y que estos se entiendan. Para ello se necesitará de gente formada en diferentes disciplinas. Hoy, un físico puede saber mucho de historia, por ejemplo, pero para que sus opiniones sean tenidas en cuenta debe convencer a un comité de expertos en historia.

D — ¿Cómo pueden promover los gobiernos este tipo de aproximaciones?

El mejor ejemplo son las prioridades que ha fijado Barack Obama. Si se piensa en buscar soluciones a problemas como el calentamiento global o el consumo eficiente de energía, la investigación deberá estar definida por su tópico más que por la disciplina desde la que se abordará. Ese es el cambio en la forma de hacer investigación que veremos cada vez con mayor frecuencia. Ahí tendremos avances que nunca hubiéramos pensado.

D — ¿Esta interdisciplinariedad incluye al resto de la sociedad no científica?

Por supuesto. Además de educar a los educadores, el público en general va a estar más alerta porque los problemas de los que se va a hablar los tocarán directamente, como el problema del calentamiento o de la energía.

Además, los problemas que enfrentamos en este momento no solo implican una unión entre disciplinas, sino también entre efectos, lo que se conoce como complejidad. No es posible resolver el problema de la energía sin tener en cuenta la historia, la biología, etc.

D — ¿La gente va a tener las herramientas para entender las discusiones?

Los problemas se van a definir con números y con gráficas y el público forzosamente va a estar expuesto a un mayor análisis cuantitativo. Antes, las discusiones sobre energía o misiles nucleares, por ejemplo, eran ajenas al público, al que solo le importaba que funcionaran. A futuro, la sociedad tendrá que tomar decisiones.

La gente, voluntaria o involuntariamente, va a enfrentar cifras y gráficos para disminuir su riesgo. La incertidumbre hace que el público sienta que la ciencia no sirve para nada: uno llega a la Luna o no; la bomba nuclear funciona o no, esos son los problemas de antes. En el futuro no va a ser así, va a ser condicional: una vacuna funciona si los datos muestran que tiene una mayor probabilidad de funcionar que de no funcionar. Y al público le tocará afrontar estos factores. En 20 años uno irá al médico y no se preguntará si se curará o no, la prescripción de una droga se hará porque en general funciona en la gente y habrá más medicina dirigida al paciente que a la población. Para ello se necesita que el público entienda.

D — ¿Los problemas del mañana llevarán a la gente a preocuparse por estos aspectos?

Sí, hasta ahora se ha hablado de calentamiento global, pero aún no hemos tenido terrorismo o pandemias globales. La gente debe estar involucrada en la solución de estos fenómenos; entre otras, porque en últimas son los que dan la plata.

D — ¿Qué papel jugará la tecnología en todo esto?

Posiblemente la gente tendrá asistentes digitales personales (PDA, por su sigla en inglés) que manejen su salud. Si uno va al médico y este dice que todo está bien, no hay ningún problema; pero si dice que uno no está bien y le saca tres páginas de números, uno debe saber leerlos. Por eso vamos a tener muchas máquinas que manejarán los números por nosotros. Hoy todo lo que hacemos está representado en números: cuánta energía consumo, cuál es mi huella de carbono, etc. En últimas, no tendremos que ocuparnos tanto por los números porque tendremos ayudantes tecnológicos para entender la información.

D — ¿Qué otros actores jugarán un papel importante?

Yo creo que los medios de comunicación van a jugar un papel súper importante. Está el dilema de la televisión que, por un lado, no quiere decir algo demasiado técnico para no perder su audiencia, pero de otro se ve que la población tiene un sesgo a ver programas de ciencia como nunca antes. Solo hace falta mirar el auge de canales como Discovery, un ejemplo de como los medios tradicionales pueden llevar la ciencia al público de manera sutil.

En los medios escritos habrá una exigencia muy grande porque, por ejemplo, no se podrá mostrar una gráfica sin explicar exactamente lo que se está ilustrando con ella. Habrá que ser muy cuidadoso en detalles como los títulos de los ejes y demás información presente en un gráfico. Se acabará la sobresimplificación presente hoy en los medios porque van a ser un puente importante entre la ciencia y el público.

D — ¿Cuáles son los principales obstáculos a superar?

En el corto plazo hay muchos problemas. Por un lado, hoy no es respetado un experto que esté trabajando temas ajenos a su disciplina. Se piensa que si un físico hace algo en criminología, por ejemplo, no puede aportar nada nuevo. Este es un problema sociológico, la gente tiene concepciones erradas, envidias y miedos ligados a como se ve la investigación desde diferentes disciplinas.

D — ¿Cómo se puede superar esto?

En todas partes hay muchas fuentes de investigación interdisciplinaria porque piensan que esto es lo correcto. Pero insisto en que en el corto plazo va a ser difícil que un biólogo que quiera hacer algo en derecho sea bien recibido.

La forma de romper esta percepción es a través de la educación. Un proceso lento a partir de más cursos interdisciplinarios por todas partes y con más gente haciendo posgrados en temas diferentes al de su pregrado.

Otro elemento importante va a llegar debido a la diversidad de los nuevos proyectos. Será necesario generar una ecología -entendida como diversidad y que no todos sigan el mismo formato- de proyectos para que nazcan nuevas opciones.

Yo estoy convencido de que en el fondo todas las disciplinas son iguales. Se necesita una mente que sepa mirar números y verificar información, sin importar si es ciencia o no, o cómo se llame a la ciencia. Ahora tenemos datos donde antes no teníamos nada, lo que llevaba a que se escribiera mucho con base en el razonamiento, pero es imposible que la gente lea todo lo que se escribe. Y, si hay alguien que quiera acercarse desde los datos, debe poder hacerlo.

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