| 9/12/2008 12:00:00 AM

El comienzo de una época

La economía colombiana ha conocido la euforia y la desesperanza en los últimos 15 años. Hoy vivimos un momento positivo, pero hace falta consolidar los logros.

Quince años podrían parecer poco tiempo en la historia económica de un país. Sin embargo, el periodo 1993-2008 ha sido extraordinariamente rico en acontecimientos dentro de la historia económica de Colombia. Aquí se abrió, sin lugar a dudas, una nueva era en la inserción del país en la economía mundial. Sin embargo, también es mucho lo que falta por hacer.

Cuatro presidentes han gobernado en estos quince años: Cesar Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Cada uno tiene su historia para contar. Cada uno hizo aportes importantes, sobre los cuales construyeron sus sucesores. También, dejaron tareas inconclusas y temas que hubieran querido ver resueltos durante su mandato. Todos ellos hablaron con Dinero sobre estos temas, en las entrevistas exclusivas que presentamos a nuestros lectores en esta edición especial (páginas 68, 78, 86 y 94).

Al leer estas entrevistas, y al considerar en conjunto la gestión económica de los gobiernos de Colombia en los últimos 15 años, se ponen en evidencia algunos hechos significativos. Aunque las circunstancias en las que le tocó gobernar a cada uno de estos presidentes fueron bien diferentes, por razones internas y externas, es evidente una gran coincidencia entre sus propósitos centrales en materia económica. Todos quisieron lograr que Colombia creciera y se desarrollara, para convertirse en un país más igualitario.

De hecho, los avances obtenidos en estos frentes durante los 15 años son extraordinarios. El valor del PIB se multiplicó por nueve la cobertura en salud pasó de 25% de la población al 90%, mientras que en educación el avance fue de 57,5% a 95%, y el ingreso per cápita se duplicó.

Al mirar hacia atrás, es posible visualizar los aportes que hizo cada uno en este proceso, que se puede entender como un trabajo conjunto de cuatro gobiernos. Al mismo tiempo, si bien cada uno tuvo aciertos importantes, también dejó problemas grandes por resolver.

César Gaviria introdujo al país al mundo contemporáneo, a través de unas reformas de largo alcance, pero también sobreestimó la influencia que podían tener los técnicos y subestimó la de los políticos en un proceso de cambio tan trascendental. Ernesto Samper, cuyo gobierno quedó marcado por el proceso 8.000 y el gran retroceso que éste significó para Colombia en materia económica y en las relaciones con el exterior, logró avances importantes en el tema social. Andrés Pastrana logró poner las cosas en orden en lo económico y lo internacional y, como bien lo afirma en su entrevista, dejó sembrados en el manejo económico y en el fortalecimiento de las Fuerzas Militares unos cambios que los colombianos solo podrían cosechar después. Sin embargo, permitió el avance de la guerrilla en un proceso de paz que trajo extraordinarias frustraciones y llevó a los ciudadanos colombianos al límite en lo que se refiere a las amenazas a su seguridad personal.

Finalmente, Álvaro Uribe le devolvió al país la confianza que había perdido desde 1996. La seguridad democrática, reconocida por los otros presidentes entrevistados como uno de los mayores logros de este gobierno, ha permitido que los capitales regresen y que la inversión extranjera vea a Colombia como un país de oportunidades. Le ha devuelto al país la capacidad de planear y pensar a largo plazo.

La herencia de este gobierno en lo económico, sin embargo, aún está por definirse completamente. La infraestructura indispensable para que Colombia logre el paso a su siguiente nivel de desarrollo no ha tenido la prioridad necesaria. Por otra parte, el gobierno de Uribe puede dejar como legado la consolidación de un modelo de manejo de la cosa pública donde predomina la casuística, por encima de las reglas generales que todos deben acatar.

LA MODERNIDAD

A comienzos de los años noventa, la economía mundial vivió una época de cambios extraordinarios. Colombia lo hizo también. Un cambio de mentalidad generó un rechazo a las políticas proteccionistas que mantenían un sesgo anti-importador, a favor de la producción industrial. Más allá de la apertura en el intercambio de bienes, se abrió paso la idea de que los mecanismos de mercado podían ser utilizados para resolver problemas acuciantes de las sociedades.

La Constitución de 1991 y las leyes expedidas durante la administración de Cesar Gaviria (1990 y 1994), crearon un marco nuevo para la administración de la economía, en temas como comercio exterior, inversión extranjera y participación privada en servicios públicos. Igualmente importantes fueron las modificaciones introducidas al mercado laboral a través de la Ley 50 de 1991, al sistema educativo con la ley 30 de 1991, y a la salud con la ley 100 de 1993 que permitió a la población acceder a un esquema de salud diferente al que existía, el cual no solo era de pésima calidad, sino altamente excluyente.

En estos mismos años se desarrolló el mercado de deuda pública, se privatizaron los puertos y algunas entidades del Estado, se acabó con el monopolio de Telecom y se iniciaron las concesiones de primera generación de las vías necesarias para llevar a cabo la apertura.

Los colombianos no solamente lograron en esta época acceso a una variedad de productos y servicios del exterior, desde bienes de consumo hasta cuentas bancarias. En realidad, como lo afirma el expresidente Ernesto Samper en su entrevista, estos cambios sintonizaron a los colombianos con el mundo exterior.

EL AISLAMIENTO

Después de esta primera etapa de euforia, a comienzos de los noventa, vinieron años muy difíciles. El impacto del proceso 8.000, que se inició cuando el gobierno de Ernesto Samper todavía estaba en su etapa temprana, llevó al retroceso de muchas de las iniciativas iniciadas en los años anteriores y a un fuerte aumento del gasto público. Se avanzó en lo social, pero el país terminó aislado del mundo, en un momento en que el crecimiento interno se desaceleraba y se empezaban a cerrar los mercados de crédito externo.

El país que recibió Andrés Pastrana en agosto de 1998 estaba resquebrajado en lo económico, en lo político y en sus relaciones con el exterior. A las condiciones de deterioro interno se sumaron serios problemas externos, derivados de la crisis de la deuda rusa y de la crisis financiera de los países del sudeste asiático, que afectaron gravemente a los países latinoamericanos a través de los mercados de crédito.

Internamente, el Gobierno tuvo que capotear la crisis financiera, producto del sobreendeudamiento de las empresas y los hogares, así como la caída sin precedentes del crecimiento económico. En 1999, la economía colombiana cayó 4,7%. El desempleo se disparó y los hogares perdieron su capacidad de consumo.

No obstante, mediante la labor juiciosa de los ministros y el presidente Pastrana en el campo económico, el país logró corregir su curso y se sentaron las bases para el crecimiento de los años siguientes. Se fortalecieron además las relaciones internacionales, tema que resultaría fundamental para poder avanzar en el tema de orden público.

EL RENACIMIENTO

El presidente Uribe, mediante su política de seguridad democrática y recuperación de la confianza inversionista, ha logrado poner de nuevo a Colombia en el radar del mundo como un país de alto potencial de desarrollo, algo que al inicio de su gobierno parecía imposible.

De hecho, cuando a comienzos de su gobierno Uribe describía su política ante audiencias internacionales, como lo hizo en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, en el año 2003, pocos podían imaginar lo que lograría en este frente. La seguridad es lo mínimo a lo que pueden aspirar los ciudadanos de un país civilizado, pero en Colombia este derecho básico era inexistente.

La seguridad y la mayor presencia del Estado en los diferentes sitios del territorio nacional han dado lugar a la reactivación de la inversión en todas las regiones del país. La inversión hoy supera el 25% del PIB y son múltiples los proyectos que se están llevando a cabo, tanto con capital extranjero como nacional.

Los logros en materia de seguridad son reconocidos, tanto en Colombia como en el exterior, y así lo afirman los ex presidentes Gaviria, Samper y Pastrana. Sin embargo, si bien la seguridad es una condición necesaria, no es suficiente para llevar a Colombia a una siguiente etapa de desarrollo.

La agenda está incompleta. El escaso avance en infraestructura es uno de los grandes lunares del gobierno de Uribe y, además, es un hecho incomprensible, que incluso sus seguidores cuestionan. El presidente Uribe, como lo menciona en la entrevista, comparte la inquietud, pero no se afana lo suficiente como para meterle el acelerador.

En estos 15 años, Colombia entró en la modernidad, conoció su peor crisis económica y se encontró cara a cara con sus más hondos males, la guerrilla y el paramilitarismo. Esta mezcla ha generado un convulsionado entorno económico en el cual, a pesar de gigantescas dificultades, el país ha logrado salir adelante.

Se ha avanzado mucho, pero también quedan muchos temas pendientes. La infraestructura está atrasada, la competitividad no alcanza a ponerse a la altura de las exigencias internacionales, el sector agrícola sigue rezagado, el desarrollo de la tecnología y la innovación están muy por debajo de lo que podría esperarse de una economía del tamaño de la colombiana, y esto para mencionar solamente algunas áreas. Independientemente de quién sea el próximo presidente, si se quiere crecer de manera sostenida hacia adelante y tener una sociedad más igualitaria, es indispensable enfrentar con decisión los temas pendientes en la agenda.

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