Educación vs. gestión

| 8/3/2001 12:00:00 AM

Educación vs. gestión

El primer estudio de la oferta de educación continuada en Colombia sugiere que las universidades deben mejorar su gestión y adaptarla a las necesidades del mercado.

La oferta de educación continuada (EC) en Colombia está en pleno auge. Basta con mirar la pauta publicitaria de la edición dominical de cualquier periódico, plagada de avisos que promocionan diplomados y seminarios para todo tipo de modalidades y presupuestos. Esto es entendible. Las instituciones de educación superior están reaccionando ante la creciente demanda de personas, empleadas o no, para quienes la capacitación permanente se ha convertido en requisito para sostenerse en un mercado laboral cada vez más competido.

No es de extrañar que esto sea así. El desarrollo de las tecnologías de información y el cambiante entorno de los negocios han reducido la vida útil del conocimiento. Asimismo, el progresivo aumento en la expectativa de vida y en la edad de jubilación han prolongado el período productivo de la población trabajadora. De esta manera, la necesidad por prepararse y actualizarse permanentemente se ha hecho cada vez más apremiante.



Esta tendencia no es nueva. Ya en 1960 la Unesco, en el marco de la II Conferencia Mundial sobre Educación para Adultos, celebrada ese año en Montreal, ponía de manifiesto la urgente necesidad de acoplar la "educación a lo largo de la vida" como parte integral de los sistemas educativos de cada país. De acuerdo con este organismo, la tendencia demográfica del mundo, según la cual la proporción de la población mayor de 15 años en el 2010 será de 82% (en 1990 este porcentaje era 75%), requiere la adopción de un nuevo concepto educativo que asegure la formación básica del segmento joven de la población, y que a la vez amplíe el rango de oportunidades de formación continuada para los adultos. Actualmente, la discusión de este concepto constituye un elemento medular en el mundo educativo. De hecho, la "educación a lo largo de la vida" fue uno de los principales ejes temáticos del más reciente Reporte Mundial Sobre la Educación publicado por la Unesco en el 2000.



En este contexto, la transición hacia el concepto de formación permanente plantea grandes retos para las instituciones de educación superior tradicionales, que tienen que incorporar la EC como dimensión fundamental de su actuar académico, a la vez que deben plantear una metodología novedosa para el diseño y administración de programas que respondan a las necesidades de su entorno.



El caso colombiano



Sin embargo, las universidades colombianas apenas comienzan a asumir este reto. Así lo indican los resultados del primer estudio sobre el estado del arte de la EC universitaria en Colombia, realizado a finales del 2000 por la Red Universitaria de Educación Continuada de América Latina y el Caribe, Recla.



Según este estudio, realizado entre 67 universidades públicas y privadas de diferentes regiones, salvo contadas excepciones, la EC universitaria tiene fallas claras en cuanto a concepción y gestión se refiere. En general, el papel de la EC aún no es entendido del todo por las universidades. De acuerdo con el estudio, las rectorías no le han dado suficiente importancia al tema. La falta de apoyo institucional y la ausencia de políticas claras han hecho que en muchas universidades la EC sea percibida por las diferentes facultades como una competencia directa. Para Isabel Londoño, ex directora de Colfuturo y actual directora del Departamento Administrativo de Acción Comunal, "las universidades no han entendido la EC como una dimensión fundamental de su labor formativa. El diseño de programas de EC requiere estrictos estándares académicos así como un manejo y diseño propios que les permitan responder a una población estudiantil con necesidades muy diferentes a las de los pregrados y posgrados tradicionales".



Otra debilidad crítica tiene que ver con las habilidades gerenciales de los gestores de los programas de EC, encargados de su diseño y administración. Si bien cuentan con experiencia académica relevante en sus respectivas áreas, su elevada tasa de rotación (entre 1 y 2 años) frena el desarrollo de esquemas de dirección coherentes y una metodología de enseñanza propia. El estudio evidencia que el desarrollo de los programas de EC se realiza empíricamente, sin que medien investigaciones de mercado permanentes que permitan articular y validar la oferta de cursos con las necesidades de las empresas o del entorno laboral. "En general, se le ha dado más importancia al aspecto financiero de la EC, en detrimento de la calidad académica y la eficiencia administrativa. A las universidades les falta ser más proactivas para detectar necesidades de capacitación insatisfechas en el mercado, y una mayor profesionalización de los gestores para diseñar programas de calidad", comenta Jeannette Vélez, decana de educación continuada de la Universidad del Rosario y presidente de Recla.



Pero los problemas no solo están del lado de la oferta. En opinión de algunos expertos, la calidad disímil en la oferta de programas de EC corresponde a una demanda inexperta y poco sofisticada. Para Luis Enrique Orozco, director del magíster en dirección universitaria de la Universidad de los Andes, "la oferta de EC existente responde a las necesidades de un sector empresarial poco consciente de la importancia de desarrollar planes de formación del talento humano con una visión de largo plazo".



No obstante este panorama desalentador, ya hay un cambio de tendencia positivo. En primer lugar, la demanda de cursos de EC se ha refinado. Las grandes empresas ya están dejando de ver los programas de capacitación como costos para entenderlos como inversión, de tal forma que ahora exigen indicadores de valor agregado y productos tangibles al final de cada uno. Esto se ha reflejado en un aumento en la demanda de cursos a la medida (ver Dinero 127).



Por otra parte, ya se están adelantando acciones para implantar criterios de calidad que permitan a empresas y personas evaluar la pertinencia y efectividad de la oferta de programas de EC. En una investigación posterior, Recla planea diseñar indicadores de calidad de gestión académica y de impacto en los puestos de trabajo ajustados especialmente a las necesidades específicas de cada uno de los 14 países asociados. Se espera que esta etapa culmine en Colombia a principios del 2002. Asimismo, en el marco del proceso de acreditación de instituciones de educación superior que está llevando a cabo, el Consejo Nacional de Acreditación contempla la inclusión de un componente de control de calidad de la EC, que sería el primer intento por regular este tipo de educación en Colombia.



Sin duda, la sofisticación de la demanda y la creación de mecanismos imparciales de evaluación y comparación constituyen primeros pasos importantes para el desarrollo de la EC en Colombia. Sin embargo, nada de esto será efectivo si las universidades, las instituciones insignias del sistema educativo, no adecuan sus estructuras ni toman en serio la EC en el ámbito académico.
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