| 3/6/2009 12:00:00 AM

Educación: lo que viene

La mejor inversión que puede hacer el país es educar a su gente. A futuro, el posicionamiento de Colombia dependerá de la productividad de su mano de obra.

La mejor inversión que puede hacer el país es educar a su gente. A futuro, el posicionamiento de Colombia dependerá de la productividad de su mano de obra.

Cuando los plazos de retorno son largos, suele ser difícil conseguir inversionistas. Esto es lo que ocurre con la inversión en educación. Todos sabemos que es indispensable dar prioridad, asignar recursos y tiempo a la educación, pues ella es requisito del desarrollo. Sin embargo, a veces es fácil flaquear en el camino. Si vemos las cosas desde una perspectiva estrecha, podría parecer que la educación es una especie de barril sin fondo, que pide recursos año tras año a la sociedad sin brindar resultados que se manifiesten en cambios visibles.

Pensar así, sin embargo, es un gran error. En esta edición Dinero dedica 38 páginas a examinar en detalle el estado actual de la educación en sus diferentes niveles en Colombia, las metas que ha logrado superar en los últimos años y los retos que enfrenta a futuro. Ahí se hace evidente que la educación es una inversión de largo plazo que sí da frutos.

Nuestro país tiene un amplísimo terreno por recorrer en el tema de la educación, pero ciertamente ha alcanzado también logros de alto impacto en este frente. La cobertura educativa ha crecido en una forma que pocos habrían imaginado posible hace apenas una década. Un sistema de desarrollo de competencias y capacidades en los estudiantes ha reemplazado al viejo modelo basado en la repetición de conocimientos. Los padres de familia muestran niveles de involucramiento sin antecedentes en la educación de sus hijos, y los propios alumnos son hoy más exigentes frente a la oferta educativa que se les presenta.

Al mismo tiempo, los retos hacia adelante son extraordinarios. Colombia sigue atrasada en las pruebas que miden aptitudes académicas a la luz de estándares internacionales. La brecha entre el mundo de la enseñanza y el mundo del trabajo sigue siendo demasiado amplia y el desempleo de los jóvenes supera ampliamente al de la población general. Los estudiantes se exasperan ante unos profesores que les plantean metodologías de estudio ancladas en el Siglo XIX, mientras ellos viven un mundo en el cual internet existía antes de que tuvieran uso de razón.

El informe especial que presentamos en esta edición muestra las múltiples caras que tiene el tema de la educación en Colombia. Es un espacio que ha tomado inusitado vigor en nuestra sociedad, donde es posible encontrar personas que innovan, toman riesgos y emprenden proyectos de largo alcance en medio de grandes limitaciones de recursos. Si alguien tiene dudas respecto a cuál puede ser el estado del liderazgo en Colombia en esta época, basta que se dé una vuelta por el mundo de la educación para que se encuentre con una lista de personajes atrevidos y experimentadores, que están definiendo hoy cómo será nuestra sociedad de mañana.

Opiniones de líderes

Buscando una visión de conjunto sobre este tema, Dinero realizó una reunión de trabajo a gran escala, a la cual asistieron 120 líderes colombianos en temas de educación, provenientes de la academia, el Gobierno y el sector privado. La discusión se centró en esta pregunta: ¿qué debe hacer el país, en cada una de las etapas de su sistema educativo, para que la generación de colombianos que está naciendo hoy conviva en paz, sea tolerante y siga leyes y reglas?

El debate giró en torno a una propuesta de Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá y ex rector de la Universidad Nacional, según la cual el sistema educativo colombiano se debería orientar a lograr que los individuos actuemos más racionalmente. "Creo sinceramente que desde el sistema educativo podemos hacer que las acciones de los colombianos sean más racionales. Esto incluye temas de eficiencia y ser más sensatos para lograr una finalidad", expuso.

El profesor Mockus cree que "ser más racionales significa manejar mejor los motivos de la acción". Su idea es que los intereses mueven a la gente y que, por tanto, es necesario "educarnos para que nuestra acción corresponda y mejore nuestros intereses, para que sean más eficaces y eficientes".

El debate no se hizo esperar. El grupo, dividido en mesas de trabajo, buscó llevar esta premisa a las dimensiones de la educación de la primera infancia, la educación básica y secundaria y la educación superior. Otras mesas exploraron la ciencia y la tecnología, la relación con el sector privado y el financiamiento.

Surgieron numerosas preguntas. ¿Pueden los niños aspirar a una educación que los lleve a ser más racionales, cuando desde el momento del embarazo la sociedad crea diferencias entre ellos que luego serán insuperables? ¿Es posible realmente llevar a los niños a buscar la racionalidad y a ser más eficaces en la búsqueda de sus intereses, cuando el entorno hace difícil el florecimiento de la creatividad y del pensamiento crítico?

Por otra parte, ¿quién decide qué es lo racional? ¿Cuál es el rol de las emociones, la educación física y la creatividad en la construcción de la idea de lo racional? Cuando nos enfrentamos con jóvenes que leen y abordan la realidad con una racionalidad distinta, muchas veces desordenada, es importante aclarar a qué tipo de racionalidad nos referimos. Esto implica que el sistema de educación superior no debería suponer que entiende qué es esa racionalidad. Debería pensarla, estudiarla y entenderla.

Las reglas y la productividad

"¿Por qué reglas? Porque los motivos coexisten en forma silvestre y son además muy inestables", afirma Mockus. Él plantea la existencia de tres tipos de reglas: las legales; las morales, donde el énfasis está en el autocontrol; y la mutua regulación. "Si yo tuviera que escoger entre los tres, diría que el sistema educativo debería orientarse principalmente en la autorregulación. Si no se logra que los estudiantes internalicen ciertas normas, el funcionamiento institucional se derrumba. Se necesita gente con moral, con capacidad de autorregularse y de obedecer a sus propios principios y que respete y entienda la función de la Constitución y las leyes".

El profesor Mockus ve una conexión clara entre la autorregulación de los individuos y la productividad del país. "Si el sistema educativo no le mete el hombro a la búsqueda de productividad, no habrá productividad suficiente", afirma. Dentro de esta idea, "para que nuestras exportaciones tangan más valor agregado, se requiere que haya más razón en cada producto". Esto depende en buena parte del sistema educativo, incluido el sistema de ciencia y tecnología. Sin embargo, ni la ciencia ni la tecnología son fines en sí mismos. "No vemos la educación en contravía con la competitividad, pero tampoco vemos la competitividad como la única razón de ser de la educación y la actividad científica y tecnológica", puntualizó la mesa que trató este tema.

Esta invitación a pensar en el papel de las reglas y la autorregulación llevó a algunos de los asistentes a señalar la importancia de hacer un cambio en el modelo formativo para integrar el componente humanístico, tratando de que el estudiante se forme en esa autonomía y en el ejercicio responsable de la libertad.

Esta conexión entre autonomía individual y ciencia y tecnología despertó un gran interés entre los participantes. Es necesario educar en competencias ciudadanas y en la innovación para la solución de problemas. Necesitamos más pensamiento global, más movilidad y tener jóvenes que, a partir de conceptos de equidad, puedan ver el mundo con todas las puertas abiertas. La ciencia y la tecnología no son simplemente esferas de conocimiento técnico y frío, sino herramientas con las que se construye el ámbito de la autonomía individual.

Lo individual y lo colectivo

Antanas Mockus resaltó otra clase de restricciones diferentes a las reglas: los acuerdos. Los colombianos se sienten buenos para hacer acuerdos, aunque declaren que por lo general estos no se cumplen. "A veces tenemos una torpeza enorme para hacer acuerdos. Uno aprende a hacer acuerdos en muchas circunstancias, pero tal vez en Colombia ser más racional en la acción significa aprender a hacer acuerdos, aprender a actuar colectivamente", sostiene. La acción colectiva es aquella donde se busca un bien colectivo que conviene a todos, pero donde siempre hay la duda respecto a si todos van a colaborar. "Aprender a actuar colectivamente es una de las caras de aprender a actuar racionalmente. El sistema educativo debe trabajar en esa dirección", afirma el experto.

Los miembros de la mesa que trató el tema de la financiación de la educación señalaron que ese balance entre el interés individual y el interés de la sociedad lleva a situaciones que pueden ser difíciles. Por ejemplo, la mayoría de las universidades públicas tienen sistemas de selección para el acceso con los que buscan atraer a los individuos de mayor calidad. Estos individuos suelen ser personas que, por lo general, se han podido educar en sistemas privados y hacia ellos van las mejores oportunidades. A lo largo de su formación universitaria, se benefician de los recursos que la sociedad en conjunto le ha transmitido a estas universidades públicas. Es indispensable avanzar para manejar de forma más sensata esta contradicción.

En síntesis, declara Mockus, "si desde el vientre materno hasta el doctorado todos coincidiéramos en incrementar la racionalidad de la acción, el ideal sería lo que yo llamo la simultánea: que el sistema educativo se movilice a mejorar todo lo que tiene que ver con razones, con argumentación, con racionalidad en el sentido medio-fin. Pero también, que se tuviera una movilización en el mercado, es decir, no tenerle miedo al mercado; si se actúa racionalmente este no causa daño porque en él operan restricciones".

A través de los artículos que conforman esta edición especial sobre educación, Dinero quiere invitar a sus lectores a pensar en la Colombia del mañana y en la construcción de esta nueva racionalidad. Tenemos que desarrollar una nueva manera de pensar, que nos permita sacar adelante nuestros intereses como colectividad. Esta nueva racionalidad podría hacernos al mismo tiempo más libres para perseguir nuestros ideales individuales en un mundo globalizado, pero también más atentos a nuestras obligaciones con la colectividad. Todos pertenecemos a la misma Colombia, un país que va a requerir de todo nuestro esfuerzo y nuestra voluntad para salir adelante y lograr que los niños de hoy hagan realidad los sueños sin límite que ya albergan en sus mentes y sus espíritus.

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