Educación a la medida

| 3/2/2001 12:00:00 AM

Educación a la medida

Los planes de capacitación continuada de las universidades se diseñan cada vez más concertadamente con las empresas y responden a sus necesidades específicas.

El divorcio entre universidad y empresa, que ha sido materia de tantos análisis y cuestionamientos, está empezando a convertirse en una amigable unión entre estas dos instituciones, al menos en una parte de la cadena de formación: la educación continuada. Las universidades entendieron que los planes de capacitación se han convertido en una inversión estratégica necesaria para las compañías que quieren asegurar su futuro en un mercado cada vez más dinámico e impredecible, y se están adaptando para diseñar cursos acordes con las necesidades puntuales de cada empresa.

La nueva visión de los centros educativos responde al cambio de actitud de los empresarios, que dejaron de concebir la capacitación de sus empleados como un "gasto" adicional. Esta nueva visión se gestó como respuesta a la creciente competencia que generó la apertura económica, la implantación de esquemas de planeación estratégica y el progresivo refinamiento de las técnicas gerenciales, que pusieron de manifiesto la importancia del conocimiento como factor crítico de competitividad.



Este proceso se vio particularmente acentuado durante los últimos tres años. En efecto, ante la incorporación de nuevas técnicas de gestión y operación emprendida por las empresas como respuesta a la crisis económica, se hizo evidente la urgencia de contar con empleados multifuncionales capaces de asimilarlas y ponerlas en práctica. Hasta la década pasada, la inversión en educación de las empresas era considerada como parte de un presupuesto. De acuerdo con Isabel Casas, de Icesi, "este era asignado dependiendo de las necesidades de actualización de sus empleados en sus respectivos cargos, como premio a los funcionarios más sobresalientes o como medio para mejorar el clima organizacional". Ahora, los directivos de las empresas están cada vez más conscientes de la importancia de llevar a cabo planes de formación tendientes a inculcar y/o reforzar aquellas competencias necesarias para alcanzar los objetivos de la organización.



De este modo, además de aquellos programas encaminados hacia el saber, relacionados con la capacitación en el manejo de una determinada técnica o herramienta, las empresas han demostrado un gran interés por aquellos encaminados hacia el ser, relacionados con el cambio de actitudes y comportamientos. Así, aparte de los cursos estrictamente técnicos y de los ya tradicionales en finanzas y mercadeo, se ha percibido una marcada demanda por cursos adaptados a las necesidades de cada organización en áreas como desarrollo organizacional, direccionamiento estratégico y liderazgo.



Cursos in house



En este contexto, las empresas han optado por invertir en planes de capacitación diseñados a la medida de sus requerimientos, de manera tal que sus beneficios se hagan efectivos en el corto plazo. Es así como la demanda por los llamados cursos institucionales o cerrados (in house), aquellos diseñados específicamente para una organización, con todo y recesión, ha experimentado un notable incremento desde 1998. En opinión de Juan Manuel Vicaría, gerente general de Seminarium, "los empresarios están ahora conscientes de lo costosa que resulta la ignorancia".



La respuesta de las universidades no se ha hecho esperar. Para Juan Guillermo Arango, de Eafit, "la recesión obligó a las universidades a ser más creativas, a innovar estructurando más programas de tipo in house". Si bien el interés de las empresas en este tipo de programas ha redundado en una mayor oferta y en una competencia más fuerte, buena parte de los entrevistados considera que la calidad de los cursos y programas ofrecidos es muy disímil. La realización de este tipo de programas "a la medida" no es fácil. Pocas empresas tienen un plan de capacitación coherente definido de antemano. Su estructuración, por el contrario, ha pasado a ser llevada a cabo de manera conjunta con los centros educativos, los cuales han asumido el papel de ente asesor que acompaña a la empresa durante las etapas de definición, implantación y seguimiento de los cursos requeridos para cumplir sus objetivos de formación.



Dado que el diseño de cada uno de estos planes obedece a los criterios específicos de una empresa determinada, la academia se ha visto enfrentada a dos retos fundamentales. En primer lugar, ha tenido que demostrar una mayor disposición y agudeza para detectar proactivamente las necesidades claves de determinados renglones industriales. En opinión de Peter Montes, de Inalde, "las universidades que no estén en permanente contacto con la realidad empresarial del país no estarán en capacidad de satisfacer sus requerimientos".



Asimismo, las universidades se han visto abocadas a flexibilizar sus estructuras con el fin de lograr una ágil disposición de los recursos logísticos y docentes necesarios para acoplarse a cada caso particular. De hecho, en Colombia, al igual que en el resto del mundo, el funcionamiento de los centros de educación continuada es cada vez más autónomo de las universidades. Igualmente, al tener bajos costos administrativos y ante la posibilidad de realizar un mayor número de cursos en un menor tiempo, la representatividad de los centros de educación continuada como fuente de ingresos es cada vez más destacada.



Pero la importancia de estos no radica únicamente en su rentabilidad financiera. En opinión de algunos expertos como Marco Fidel Rocha, de Incolda, no sería descabellado afirmar que los programas de educación continuada llegarán a ser más importantes que los cursos regulares de pregrado y posgrado impartidos por las universidades en términos de rentabilidad social. En efecto, los entrevistados coinciden al identificar estos centros como los organismos encargados de articular la academia con la empresa. Al trabajar en equipo, universidades y empresas entablan una relación dinámica, en la cual ambas partes aprenden y se retroalimentan. Según Martha Cecilia Bernal, de Desarrollo Gerencial de los Andes, la educación continuada "traduce el lenguaje empresarial al lenguaje académico".



No es exagerado prever que la trascendencia de la educación continuada seguirá creciendo a pasos agigantados. Algunas megatendencias lo confirman. En primer lugar, el cambiante entorno de los negocios y el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de información han acortado la vida útil del conocimiento. Además, la continua formación del talento humano de las empresas es un factor de competitividad cada vez más determinante, máxime en un mundo globalizado, en donde el progresivo aumento de la expectativa de vida prolongará el período productivo de la población trabajadora.



En Colombia, el papel de este tipo de formación adquiere un cariz más relevante. Al servir de punto de encuentro entre la academia y la empresa, estos centros serán para las universidades una inigualable oportunidad de indagar las características de la gestión gerencial en nuestro medio. Sin duda, la investigación en este aspecto, notoria por su escasez, será un interesante desafío que deben enfrentar.



La tendencia

Considerar la formación como un medio para construir y reforzar en los empleados las competencias necesarias para los objetivos de la organización.



Auge de los cursos desarrollados hacia el ser, es decir, al cambio de actitudes y comportamientos.



Los cursos in house, que se desarrollan para las necesidades específicas de las compañías.



El efecto

Empresas y universidades se sientan a estructurar conjuntamente los programas.



Se están desarrollando planes especiales para que las pequeñas y medianas empresas se puedan beneficiar de esta tendencia.



El origen

Las necesidades que evidenció la apertura económica.



La necesidad de las empresas de responder a la crisis económica mejorando la gestión.
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