| 9/17/2004 12:00:00 AM

Ecopetrol. El fin de una era

Ecopetrol forjó la historia petrolera del país. De la mano de la Nación, ha vivido sus crisis y sus bonanzas. Ahora, en el siglo XXI, enfrenta una nueva etapa como una empresa que debe competir por las riquezas del petróleo.

En 53 años de historia, la Empresa Colombiana de Petróleos ha tenido altibajos sustanciales. Desde épocas de bonanza hasta épocas de crisis, la empresa nacional ha protagonizado la política petrolera del país.

Después del contrato de concesión De Mares, el cual impulsó la actividad petrolera del país y cuya reversión dio nacimiento a Ecopetrol en 1951, la petrolera estatal se expandió por todas las áreas del negocio. Además de las labores de exploración y producción, en 1959 ingresó al negocio del transporte adquiriendo, pero también construyendo, la infraestructura para transportar el petróleo y sus derivados.

Luego, por considerarse un negocio más rentable y de menor riesgo, y por los bajos precios internacionales del crudo, a principios de los años 60, Ecopetrol fortaleció su negocio "aguas abajo" de derivados y combustibles. Primero, la empresa estatal asumió la operación de la refinería de Barrancabermeja en 1961; luego, 35 años más tarde, compró la refinería de Cartagena cuyo elusivo Plan Maestro sigue sin realizarse.

Pero una de las jugadas más importantes de ese esfuerzo fue la realización del Plan Quinquenio en 1964. Con inversiones de más de $1.500 millones, Ecopetrol ensanchó la refinería de Barranca e ingresó al negocio petroquímico, en el cual cuenta hoy con plantas de aromáticas, polietileno, parafinas y lubricantes. A finales de los 60, completó la cadena entrando al negocio de la distribución, por medio de las estaciones Terpel.

Ecopetrol se consolidaba, pero no todo andaba bien en materia petrolera. Si bien el país era autosuficiente, la posibilidad de perder esa autosuficiencia aparecía. Para esa época, se estimaba que Colombia la perdería en 1973. Entre 1918 y 1969, solo hubo un descubrimiento con reservas de más de 300 millones de barriles.

A pesar de que el gobierno intentó estimular la actividad exploratoria, esta no respondió y se propuso que Ecopetrol asumiera una participación más activa en exploración, o "aguas arriba". Para ello fue necesario un cambio radical en la política petrolera. La Ley 20 de 1969 dio ese giro.

En línea con las tendencias internacionales en cuanto a contratos petroleros y con la creciente importancia mundial del petróleo, la exploración de hidrocarburos de propiedad nacional quedó a cargo de Ecopetrol, que podía hacer estas labores directamente o en asociación con otros. En esencia, la legislación afirmaba que Ecopetrol era dueña de todos los terrenos de potencial petrolífero y tenía la potestad de desarrollarlos sola o de negociar su asociación con quien quisiera explorarlos y explotarlos. Por medio de los afamados contratos de asociación, los costos y riesgos de explorar corrían por cuenta del asociado y si se encontraba petróleo, Ecopetrol participaba en el 50% de los ingresos y costos de desarrollar el hallazgo.

En todo caso, no se pudo evitar la importación de crudo. Entre 1978 y 1985, el país perdió su autosuficiencia e hizo compras externas de crudo por US$1.800 millones. Pero pronto, la actividad exploratoria repuntó y en los 80 y 90 se dieron los mayores hallazgos en la historia petrolera de Colombia. En 1981, Ecopetrol encontró el campo de Apiay, Meta, con reservas de 250 millones de barriles, el hallazgo de desarrollo directo más importante en la historia de la petrolera. En 1981, en asocio con Occidental Petroleum, se desarrolló el campo Caño Limón con reservas de 1.100 millones de barriles. Y en 1993, en asocio con tres petroleras extranjeras se desarrollaron los campos de Cusiana y Cupiagua con reservas conjuntas de 1.400 millones. A pesar de los hallazgos, la historia se repitió. En los 90, la actividad exploratoria se mantuvo baja y la producción cayó. Mientras que en 1999 la producción llegó a 846.000 barriles diarios, en 2003 fue de 500.000 y de nuevo se acerca la posibilidad de perder la autosuficiencia.

Con todo, a mediados de 2003, Ecopetrol experimentó su cambio más importante. En aras de darle más transparencia al juego petrolero del país y sincerar sus cuentas, la compañía fue escindida y dejó de estar íntimamente ligada a la formulación de la política petrolera del país, que quedó en manos de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, mientras que Ecopetrol S.A. es ahora una petrolera que tiene que ser eficiente para sobrevivir. Así, dejará de utilizar las reservas petroleras de la Nación como si fueran un activo propio y tendrá que competir en igualdad de condiciones con otras petroleras por la exploración del crudo. Y aquí, comienza la segunda era de la petrolera nacional.
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