| 9/19/2003 12:00:00 AM

¿Dónde está el capital?

Por primera vez, el mercado de capitales colombiano muestra serias señales de que podría convertirse en una verdadera herramienta de financiación para las empresas.

El desarrollo del mercado de capitales siempre ha sido un tema futurista en Colombia. Generaciones enteras de economistas y financistas han asistido a foros y seminarios en los que se les ha explicado por qué no hay en el país un mercado moderno de instrumentos financieros, con diversidad de alternativas de captación de recursos de deuda y capital para las empresas. Es posible, sin embargo, que las cosas cambien en los próximos años. Por primera vez en el entorno financiero, se presenta una suma de fuerzas de tal magnitud que podría desembocar en un desarrollo sustancial del mercado de capitales colombiano.

Primero, un entorno global cada vez más competitivo, en el cual los recursos se vuelven escasos, obliga a las empresas a buscar alternativas al tradicional crédito bancario para su financiamiento. Segundo, la demanda por papeles del mercado de valores viene creciendo considerablemente. Tercero, la infraestructura del mercado de valores ha logrado un desarrollo sustancial en comparación con las décadas pasadas. Y cuarto, la regulación colombiana se ha modernizado para ajustarse a los requerimientos de la nueva economía. Para que este sueño se haga realidad, sin embargo, aún hay que trabajar en varios frentes, como el desarrollo de una estrategia conjunta de los diferentes actores involucrados, una mayor oferta de papeles y el establecimiento de mayores garantías para los inversionistas.



Dónde estamos

El principal dinamizador del cambio que ha sufrido el mercado de capitales del país ha sido el mercado de deuda pública que creció considerablemente en la última década y hoy representa cerca del 75% de las transacciones de la bolsa. Desde los años 80 hasta finales de los 90, las transacciones de renta fija pasaron de 3,7% del PIB a 35%. Las acciones, no obstante, crecieron muy poco, al pasar del 0,5% a 3% del PIB en el mismo intervalo. El potencial de demanda por acciones no ha sido tocado todavía.

La reforma pensional colombiana apenas lleva 10 años y sus efectos más importantes sobre los mercados financieros aún están por manifestarse. Los fondos privados han alcanzado una masa crítica de ahorros y se estima que para el año 2013 sus recursos lleguen a cerca de US$30.000 millones (entre 30% y 35% del PIB). Esto implica que, necesariamente, requerirán más alternativas para invertir. Hoy su portafolio se compone en un 49% de papeles del gobierno, que son los de menor riesgo y menor rentabilidad. Sin embargo, para cumplir los mínimos de rentabilidad que exige la ley será indispensable que asuman riesgos adicionales y busquen alternativas más rentables, por lo que tendrán que aumentar sus inversiones en instrumentos como la deuda privada y las acciones. El portafolio de acciones en un fondo en el futuro podría representar un 10% de las inversiones (hoy la cifra llega tan solo a 6%, mientras que en países como Chile y Perú las acciones representan entre 15% y 20% del portafolio).

En cuanto a la infraestructura para el desarrollo de este mercado, se ha avanzado en varios frentes. Se ha integrado la plataforma transaccional, simplificando los procesos y mejorando la calidad de la información. La fusión de las tres bolsas en la Bolsa de Valores de Colombia, el lanzamiento del sistema transaccional en línea (MEC) y el sistema de valoración (SISVAL), entre otros, han dinamizado el mercado. Mientras que en julio de 2001 las transacciones en bolsa ascendían a $2 billones, en julio de 2003 superaron los $38 billones. Una infraestructura más acorde con los requerimientos de los inversionistas y empresas es el primer paso para que el mercado de capitales se desarrolle.

La regulación también está por sufrir un cambio importante. Un proyecto de ley que el gobierno presentará en este semestre desliga la regulación del mercado de capitales de la del sector financiero bancario, promueve la autorregulación, la transparencia en la información y el buen gobierno y redefine las funciones de los intermediarios. La mayor transparencia debería animar a más inversionistas a invertir en acciones y bonos de empresas colombianas.



Lo que falta

Todos estos cambios sientan las bases para que, ahora sí, se logre el tan esperado desarrollo de nuestro mercado de capitales. No obstante, hay grandes áreas en las que se tendrá que trabajar. Para empezar, todas las partes involucradas en el tema (bolsas, Superintendencia, industria e intermediarios) tendrán que desarrollar una visión conjunta sobre el futuro que quieren darle a este mercado y actuar de acuerdo con ella. No puede ser un esfuerzo aislado de algunas partes.

La industria, en particular, está llamada a jugar un papel activo, pues de su oferta de papeles en la bolsa depende que se genere una dinámica sostenible. No lo ha hecho hasta ahora, debido a una cultura empresarial que teme a la pérdida de la propiedad de las empresas y a la revelación de su información. En una economía globalizada, sin embargo, nuestros empresarios tendrán que cambiar de mentalidad, o terminarán rezagados. Las nuevas generaciones de ejecutivos que están llegando a posiciones de poder en las empresas tendrán que responsabilizarse de dar este paso.

Es necesario, además, diversificar la composición sectorial de la oferta, pues en el país solo dos sectores, el industrial y el financiero, cubren el 82% de la capitalización mientras que en Chile esos sectores representan el 52%, las comunicaciones y el comercio el 12% y el transporte el 34%.

Es necesario tener más ejemplos de democratizaciones. Empresas como ISA y ETB, con sus exitosos procesos de democratización, demostraron que el capital existe y que los colombianos están dispuestos a invertir. En el futuro, otras empresas como Ecopetrol, EPM y Telecom podrían seguir labrando este camino.

Para esto son necesarias mayores garantías para los inversionistas. Bavaria e Inversura lograron que inversionistas del nivel de la International Finance Corporation (IFC) invirtieran en ellas, gracias a que se ajustaron a los estándares de buen gobierno que exigen los mercados financieros internacionales. Las empresas tendrán que trabajar consistentemente el tema de buen gobierno para garantizar al mercado que haya información transparente y que respetarán los derechos de los inversionistas minoritarios. La confianza también debe ser transmitida a los mercados mediante la profesionalización de los intermediarios. El mercado necesita personas absolutamente transparentes en términos de ética, y que además conozcan realmente los instrumentos y el manejo del riesgo. Solo así el público se atreverá a invertir en papeles de riesgo.

El país tendrá que desarrollar también el mercado de fondos de capital privado y fondos de capital de riesgo. Los inversionistas de ese tipo de fondos tienen una menor aversión al riesgo y son más proactivos, y consideran que parte de su trabajo es involucrarse en la gestión de las empresas nacientes y prepararlas para volverse un negocio rentable. Estos agentes generarían una dinámica de creación de empresas que actualmente no se ve.

El futuro del mercado de capitales del país promete. Se requiere un concurso de voluntades en el que todas las partes asuman su compromiso con este objetivo. La responsabilidad de canalizar el ahorro hacia la inversión y facilitar el manejo de riesgo debe ser compartida entre el sector financiero y el mercado de capitales, en procura de una mayor eficiencia. La disposición existe, la infraestructura también. Ahora hay que poner en marcha los motores y dar a conocer las bondades del mercado para empresas e inversionistas. El tiempo no da espera.
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