| 9/14/2007 12:00:00 AM

Dinero en el aire

El año entrante se iniciará la primera fase del periodo de cumplimiento por parte de los países que ratificaron el Protocolo de Kyoto y que los obliga a reducir sus emisiones. Allí, proyectos de los países emergentes como Colombia, que permitan vender certificados, tienen una gran ventana de oportunidades.

El próximo 28 de septiembre se adjudicará la licitación que manejará la operación del relleno sanitario de Doña Juana, adonde llegan los desechos y basuras de Bogotá y de varias poblaciones vecinas. En la puja compiten consorcios internacionales que ven en esta una de las principales oportunidades de negocio.

Además del manejo del relleno y su operación, una de las prioridades es, a partir de la basura, la captura de metano para utilizarlo en la generación de energía. Por su tamaño, podría reducir cerca de un millón de toneladas de CO2 al año, siendo el más grande del país y podría representar, en la venta de certificados de reducción de emisiones, ingresos anuales por más de US$10 millones.

Sin duda, los Mecanismos de Desarrollo Limpio, MDL, donde se enmarca el programa de reducción de emisiones de gases por parte de los países industrializados, consagrado en el Protocolo de Kyoto, se han convertido en una interesante fuente de negocios que en la actualidad adquiere un mayor valor.

La razón es que, en 2008, se inicia la primera etapa de verificación de cumplimiento de reducción de estos países, del 5,2% de emisiones frente a los niveles de 1990, que terminará en 2012. Una de las posibilidades significa que países emergentes desarrollen proyectos que permitan a los países industrializados comprar Certificados de Reducción de Emisiones, CER (por sus siglas en inglés). Simultáneamente, estos proyectos traen consigo el desarrollo de tecnologías que les permiten a las empresas o municipios manejar, en un entorno más amigable con el medio ambiente y con mayor eficiencia, procesos productivos, control de basuras y residuos sólidos, generación de energía y sistemas de transporte masivo, entre otras opciones.

Según un informe del Banco Mundial, el mercado de certificados de reducción de emisiones superó el año pasado los US$30.000 millones. Es liderado por las transacciones que se hacen en Europa, denominadas EUA's (por sus siglas en inglés), con cerca de US$25.000 millones, mientras que los CER llegaron a US$5.000 millones. Entre tanto, las reducciones voluntarias de las empresas en Estados Unidos estuvieron cerca de los US$100 millones, un mercado incipiente pues este país no ratificó el Protocolo de Kyoto. Sin embargo, el solo hecho de que se empiecen a transar este tipo de reducciones es una señal para los mercados. "Se están preparando, si bien no para la ratificación del Protocolo de Kyoto, sí para el desarrollo de un programa nacional de reducción de emisiones. Están empezando a tomar posiciones. El día que se consolide un programa de control de gases efecto invernadero en Estados Unidos el precio del mercado aumentará notablemente", señala Thomas Black, director del Centro Andino para la Economía del Medio Ambiente, Caema.

Hacia el futuro, la proyección de los CER es muy alta porque, a diferencia de los otros certificados —europeos y de Estados Unidos, que solo se pueden vender en sus respectivas zonas— los de los países emergentes se pueden transar en todos los mercados. Según Reutersinteractive.com, los precios del mercado europeo, en promedio, se ubican por encima de los US$20 por tonelada, mientras que los CER estaban en US$15, en la última semana de agosto.

Colombia y sus expectativas

Según el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, en nuestro país, seis proyectos se encuentran registrados y aprobados ante Naciones Unidas: Jepirachi, central de generación eólica de energía en la Guajira; las centrales de generación hidroeléctrica Agua Fresca, La Vuelta y La Herradura, y Santa Ana; el Proyecto Sombrilla de Gas Natural que le permitió a ocho grandes empresas sustituir combustibles; y el de TransMilenio, el primer proyecto en el mundo que se desarrolló para aprovechar la reducción de emisiones en el sector de transporte.

Otros 16 han sido aprobados por el Ministerio de Ambiente para que sigan su trámite ante Naciones Unidas y tres más están en proceso de aprobación (Interaseo, Pizano y Cemex). De acuerdo con cifras del Ministerio, en lo corrido del año se han firmado acuerdos de compra-venta de reducciones por casi US$14 millones y en la actualidad hay cerca de 100 proyectos en diferentes etapas de formulación e implementación.

Pero el potencial es muy alto, y podría representar hacia el futuro ingresos superiores a los US$400 millones al año, una cifra muy cercana a lo que exportan hoy las autopartes o los materiales de construcción.

Desconocimiento del negocio, falta de información y procesos muy burocratizados son las dificultades. "En los primeros años de este mercado, grandes fondos de capital de riesgo que tenían la información y el poder económico, operando bajo encargos fiduciarios de los inversionistas de los países industrializados, vieron la oportunidad de desarrollar un nuevo mercado que consistía en aprovecharse de uno muy conocido por ellos, pero poco conocido por los países en desarrollo y así capturar flujos de certificados de proyectos MDL en nuestros países a muy bajo precio con contratos muy fuertes. Con esa primera señal, para los empresarios significaba mucho esfuerzo, altos costos y muy poco retorno", explica Black.

Ahora, cuando hay mayor información, los mercados han crecido y se acerca la posibilidad de una demanda alta para el cumplimiento de esta primera etapa. Las empresas y municipios afilan sus proyectos. Aunque el acceso a capital es complejo y muchos proyectos venden a futuro, lo que significa que sus precios no serán muy altos por tonelada, y con esos recursos pueden hacer cierres financieros de los proyectos.

Santa Ana, por ejemplo, un proyecto de generación hidroeléctrica de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, EAAB, está recibiendo por tonelada US$21,55. "Para la EAAB, el contar con un músculo financiero importante, le permite terminar el ciclo y desarrollar el proyecto para alcanzar en los mercados internacionales un mayor valor. Pero otros requieren de capital para el desarrollo, y la venta de certificados es una posibilidad para 'cuadrar caja'", dice un analista.

Bajo los parámetros de fair trade, la idea es que los proyectos alcancen los mejores precios. "El tema determinante es valor. Es asegurar que los términos de intercambio no se distorsionen en detrimento de los países en vías de desarrollo. Es decir, que los proyectos reciban el valor justo de mercado para que los empresarios puedan tomar riesgos, volver a invertir y desarrollar nuevos proyectos", agrega Black.



El futuro

En Colombia, los primeros proyectos se enfocaron principalmente en la generación de energía limpia. Otros desarrollaron diferentes sectores como el de transporte, con TransMilenio, y en la sustitución de combustibles.

La Corporación Andina de Fomento, CAF, ha sido uno de los principales impulsores en el desarrollo de este mercado. Colaboró en la proceso del proyecto de TransMilenio, primero en el mundo en el tema de transportes. En la actualidad trabaja en los proyectos de reducción de emisiones de los sistemas de transporte masivo de Cali —Mío—y de Pereira —Megabús—. Además, trabaja de la mano con los ingenios Incauca y Providencia en proyectos de sustitución de combustible y eficiencia energética, respectivamente.

Incauca trabaja en la sustitución de carbón por biomasa de la cosecha. Con él se espera alcanzar una reducción de emisiones de CO2 de 37.000 toneladas por año. En un periodo de certificación de siete años la meta es lograr una reducción de emisiones de 259.000 toneladas de CO2, para generar unos ingresos cercanos a US$1,7 millones. Frente a la eficiencia energética, la empresa busca cogenerar energía eléctrica y obtener una mayor eficiencia en el proceso productivo. En siete años se lograría una reducción de emisiones de 1'884.623 toneladas de CO2 que generan un ingreso de casi US$ 27 millones.

Providencia desarrolla un proyecto de cogeneración de energía para reducir cerca de 150.000 toneladas de CO2 anuales.

La sustitución de combustibles para las empresas localizadas en el país se convierte en una alternativa de negocio y eficiencia, pero también para las multinacionales que las agrupan. Este es el caso del Proyecto Sombrilla de Gas Natural que reunió a Bavaria, Peldar, Icollantas, Alpina, Protela, Sigra, Proalco y Suizo para que utilizaran combustibles limpios en su producción, lo que permite reducir 32.000 toneladas de CO2 al año. Pero este es apenas el primer paso de Gas Natural en este campo. Participa en el proceso de licitación de Doña Juana y adelanta programas de sustitución de combustibles con empresas ladrilleras. En su casa matriz en España hay un área especializada en MDL para implementar en esa región y que le permite a la empresa cumplir con sus metas de reducción. En la actualidad desarrolla proyectos en países como Brasil, México, Argentina y Colombia que van desde la sustitución de combustibles hasta proyectos de cogeneración y parques eólicos.

A corto plazo, las apuestas están puestas en procesos de manejo y generación de energía a partir de rellenos sanitarios y desechos sólidos, como el caso de Doña Juana en Bogotá. "Pero a la vuelta de dos años, proyectos como estos no van a ser muchos. Pero los forestales van a tener un gran potencial", dice el consultor Eduardo Uribe.

Procuenca, en Manizales, recibió la primera semana de septiembre la visita de los consultores de Naciones Unidas y se acerca a su aprobación. Con 15.000 hectáreas de plantaciones, la meta es capturar 4,5 millones de toneladas de carbono entre 2002 y 2022. "Hemos definido un esquema de venta unilateral: financiamos nuestras actividades previas y optamos por el camino de vender y optimizar los precios", explica Francisco Ignacio Ocampo, director de Procuenca.

Si bien los recursos son una de las barreras para desarrollar proyectos y captar el valor pleno del mercado, varios fondos están en juego. En octubre, Caema lanzará en Colombia un fondo de inversión por US$1.000 millones, en el que están involucrados inversionistas estadounidenses para el desarrollo de proyectos de reducción de emisiones, "bajo el modelo de fair trade", dice Black.

De acuerdo con la dinámica que avanza en el mercado, estos servicios de reducción de emisiones serán muy poderosos en el sector ambiental. Su impacto en producción limpia, transferencia de tecnología e incrementos en productividad de las empresas será uno de los mejores vehículos para el desarrollo sostenible del país.
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