| 11/9/2007 12:00:00 AM

Después del colegio, ¿qué?

En Colombia se gradúan alrededor de 500.000 bachilleres al año. El sueño de ser universitarios ha hecho que los programas técnicos y tecnológicos, que requiere el país para ser competitivo, no estén su mira.

Siempre hay un día clave para los estudiantes de grado 11. Este año, ese gran día fue el 15 de abril, para el caso de los bachilleres de calendario B, y el 23 de septiembre, para los del A. En esas fechas, 502.725 estudiantes presentaron las pruebas de estado y se convirtieron, en la práctica, en la frontera que marcó el fin de la etapa escolar y el inicio de una nueva vida estudiantil o laboral.

La noticia de los resultados del Icfes es esperada con igual ansiedad por estudiantes, padres de familia y colegios, ya que a estos últimos les permite evaluar el resultado de la educación que les han brindado a sus bachilleres. Se ha visto en los últimos años una mejoría en la calidad de la educación, a juzgar por el mayor número de colegios que se encuentran en las categorías más altas de desempeño. Este año, el 22,7% está en estos niveles, mientras en 2000, el 1,57% estaba en nivel muy superior y el 5,56% en el superior. En el presente año, el porcentaje de colegios en estas categorías es de 4,4% y 7,1%, respectivamente (ver artículo p.85).

Pero la mejoría no se ha dado solo en calidad. Las tasas de cobertura en educación media y básica también han aumentado, lo que está planteando grandes retos para entidades de educación superior, gobiernos locales y el gobierno nacional. "Va a salir una gran cantidad de bachilleres en los próximos años —unos 650.000 en 2010— y hay que atenderlos, pero no todos pueden ser doctores, porque el empleo no está en la punta. Hay que formar técnicos y tecnólogos", explica Gabriel Burgos, viceministro de Educación Superior.

Las cifras son muy dicientes. Mientras en 2006, en carreras universitarias, había 807.084 alumnos matriculados, en técnicas había 14.283 y en tecnológicas, 22.428. Y lo paradójico es que los estudios muestran que los países requieren un mayor número de técnicos y tecnólogos para desarrollarse. Mientras en países como Francia solo el 30% de los graduados son universitarios, la pirámide en Colombia está a la inversa. ¿Por qué? La razón es una mezcla de factores. La tendencia, por décadas, en América Latina ha sido que las universidades y la sociedad consideren que lo importante es la formación profesional, razón por la cual poco se hizo para desarrollar los otros programas. Igual sucedía en países como España y Australia, que solo a partir de la década de los 90 empezaron a cambiar la pirámide para darle mayor cabida a las carreras no universitarias. "El desarrollo de la sociedad y los tratados de libre comercio nos están mostrando que el país necesita una gran base de técnicos y tecnólogos para desarrollarse", señala Burgos. "Las economías requieren un recurso humano de alto nivel en la parte tecnológica y técnica, un recurso humano formado con competencias que alimenten los procesos productivos. En nuestro país hay un desencuentro porque ni la sociedad ni la institución universitaria han apreciado la formación técnica y tecnológica, salvo excepciones", explica Luis Enrique Arango, rector de la Universidad Tecnológica de Pereira. Por el lado empresarial, Jorge Enrique Giraldo, presidente de Public y presidente de la junta directiva de la Fundación Empresarios por la Educación, reconoce que para las empresas no es fácil conseguir una oferta grande de técnicos y tecnólogos —a pesar de las necesidades— porque no hay muchas instituciones que los produzcan. Un ejemplo de esto es Medellín, donde hay 65 universidades y solo seis institutos o politécnicos gradúan este tipo de profesionales. "Además de poca oferta y calidad, hay poco reconocimiento para quienes quieran ser técnicos y tecnólogos", concluye Liliana González, directora ejecutiva de Qualificar, firma especializada en gestión en calidad humana.

El impulso
La meta del gobierno es tener en 2010 alrededor de 200.000 cupos nuevos en programas técnicos y tecnológicos (incluyendo los del Sena), y para lograr esto diseñó una estrategia que busca en primer término, posibilitarle a los estudiantes el tránsito de uno a otro nivel educativo; en segundo, facilitar el acceso a este tipo de educación a través de mejores condiciones en los créditos; tercero, mejorarle el estatus a estas profesiones, para lo cual lanzará en noviembre una gran campaña publicitaria promoviendo este tipo de educación, en la que invertirá $1.300 millones en medios; y cuarto, generar alianzas entre academia, empresarios, gobiernos locales y entidades nacionales para promover este tipo de educación.

El primer cambio es trascendental (Ley 749 de 2002), porque permite pasar de organizar la educación técnica profesional y tecnológica como ciclos cerrados y concluyentes, que no tienen articulación con los estudios de las carreras profesionales, a hacerlo por ciclos propedéuticos, lo que les da a los estudiantes de las carreras técnicas y tecnológicas la posibilidad de transitar hacia los otros niveles de educación superior a través de programas concebidos y diseñados de tal forma que se incentiva ese tránsito.

En la práctica, esto quiere decir que un estudiante que esté en décimo grado podría iniciar su formación técnica. Al terminar este primer ciclo, podría acceder a un empleo porque ya tiene habilidades acreditadas. Por su parte, al finalizar el bachillerato y el programa técnico profesional, podría iniciar estudios tecnológicos (segundo ciclo de formación) y si lo quiere, al graduarse, el título de tecnólogo no solo le permitiría acceder a un trabajo, sino que lo habilitaría para continuar con la formación universitaria (tercer ciclo de formación).

De esta manera, la formación por ciclos propedéuticos se convierte en un modelo para acceder a niveles más complejos de competitividad profesional y permite adaptar la oferta educativa a los cambios del mercado laboral, al vincular al empresariado en el proceso.

En el tema de financiación, que es vital para lograr las metas propuestas, se incentiva a los bachilleres a acceder a este tipo de educación a través de tres tipos de estímulos. Por un lado, el Icetex financia el 100% de los programas técnicos y tecnológicos, mientras que solo financia el 50-75% de los universitarios. Además, podrá condonar el 25% del valor del programa. Y, adicionalmente, los estudiantes de niveles 1 y 2 del Sisbén, que tomen los créditos, tienen derecho a unos recursos semestrales para mantenimiento.

En cuanto a las alianzas, ya hay 22 seleccionadas, a las cuales se vincularon sectores productivos, institutos de educación superior, de educación media, gobiernos regionales, el Sena, las Cámaras de Comercio y el Ministerio de Educación, con el objetivo de generar programas técnicos y tecnológicos por ciclos propedéuticos con currículos basados en competencias. El reto es dar respuesta a las necesidades del sector productivo. En ellas participan más de 65 gremios y asociaciones, más de 65 empresas y cerca de 15 centros de innovación e investigación en todo el país.

Por el momento, se han aprobado 488 programas por ciclos, hay en trámite más de 90 programas, y de las 12 universidades acreditadas institucionalmente, la única que ha presentado un programa técnico y tecnológico por ciclos es la Universidad Tecnológica de Pereira (ver más información en www.dinero.com). La UTP inició este semestre con el ciclo técnico en mecatrónica, y ya prepara programas en turismo sostenible y en comercio. "La idea es buscar pertinencia en la formación universitaria, con las necesidades de la región", dice su rector, Luis Enrique Arango. Otras instituciones que están muy activas en el tema son la Universidad Autónoma de Bucaramanga, la Católica del Norte en Medellín, la Fundación Universitaria Panamericana y la Corporación Minuto de Dios, entre otras.

Los empresarios también han estado activos en el tema. La Fundación Empresarios por la Educación, por ejemplo, tiene un programa financiado por Nokia, la Fundación Internacional para la Juventud y el FOMIN-Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que se desarrolló en Bogotá y que formó 512 jóvenes en uso de las tecnologías de información y comunicación. El programa, que se replicará en Guajira y Tolima con 120 jóvenes, busca formar a los jóvenes en competencias y en habilidades para la vida, a la vez que les facilita la inserción laboral. En el caso bogotano, la tasa de inserción fue del 61%.

La revolución de la educación técnica y tecnológica apenas se está iniciando. Los estímulos por parte del gobierno están dados, y las necesidades del sector privado de contar con una base suficiente y con calidad de estos profesionales es evidente. Hay interés de las entidades educativas, y la expectativa está en la respuesta que ofrezcan las grandes universidades, ya que muchos consideran que una acción directa en este tema, por parte de ellas, le terminaría de dar el empujón a este giro en la concepción de la educación, determinante para la competitividad del país.
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