Davos en Nueva York

| 2/22/2002 12:00:00 AM

Davos en Nueva York

Generar nuevas fuentes de demanda que estimulen el crecimiento de la economía global es la principal preocupación de los líderes del mundo.

El Foro Económico Mundial, WEF, tiene como objetivo principal reunir cada año a los líderes mundiales de la política, la academia y los negocios para que en conjunto construyan las bases para una sociedad mejor en el futuro. Este año, los organizadores rompieron con la tradición de celebrar el foro en Davos, Suiza, y, en su lugar, lo trasladaron a Nueva York como un homenaje a la resiliencia con que esta gran ciudad afrontó los ataques terroristas del 11 de septiembre. Este solo hecho bastó para imprimirle al foro un carácter muy diferente al de años anteriores. Los asistentes eran los mismos. Sin embargo, todos sin excepción llegaron a Nueva York con una percepción del mundo distinta a la que habían llevado a Davos en el pasado.



En esta oportunidad, el optimismo y la claridad para proyectar el mundo hacia adelante habían sido sustituidos por una gran incertidumbre de la cual nadie pudo escapar. Así, del obnubilamiento del impacto de la nueva economía sobre la productividad de las empresas y la capacidad casi ilimitada de los CEO del mundo para reportar utilidades, temas que dominaron las discusiones del foro en los 90, se pasó a una gran preocupación acerca de cómo generar nuevas fuentes de demanda que estimulen el crecimiento de la economía mundial. Adicionalmente, la atención se centró en la construcción de un mundo más justo, libre del flagelo del terrorismo, donde las decisiones de los hombres dependan de su libre albedrío y no de la dictadura del terror.



Recuperación en entredicho



La reciente recesión de la economía de Estados Unidos dejó claro el preponderante papel de este país como motor de crecimiento del resto del mundo. En este sentido, en lo económico, la atención de los asistentes al foro se centró en la capacidad de esta economía para recuperarse. Más específicamente, en si la recuperación que aparentemente está en camino va a ser definitiva o si, por el contrario, va a ser seguida por una nueva caída, es decir, si tiene forma de U o de W.



La duda está en las estadísticas recientes, que si bien son halagadoras, para muchos no son lo suficientemente robustas como para garantizar que la recuperación sea definitiva. Por ejemplo, el ligero crecimiento que se obtuvo en el último trimestre del 2001, que de todos modos fue totalmente imprevisto, deja la sensación de que se logró gracias a estímulos artificiales a la demanda, como la eliminación de los costos de financiación en las compras de vehículos.



De otro lado, es un hecho que la confianza de los consumidores está aumentando, lo cual es trascendental si se tiene en cuenta que el peso del consumo dentro del PIB de Estados Unidos es del 66%. Sin embargo, la duda está en la permanencia de la capacidad de compra de los hogares en ese país, dado que la mayoría están excesivamente endeudados. Stephen Roach, economista jefe de Morgan Stanley, es pesimista. Para él, no será posible un crecimiento económico sostenible en Estados Unidos si no hay una corrección de los fundamentales. "Si no se corrige el déficit comercial y se aumenta el ahorro de los hogares, el país no podrá crecer y tampoco podrá liderar el crecimiento de la economía mundial", afirma Roach.



Pero si por el hemisferio norte las noticias no son buenas, lo son mucho menos en el resto del mundo. La deflación de Japón amenaza con convertirse en una depresión de gran magnitud con efectos graves sobre el resto de Asia. La zona euro permanece débil e inflexible. Por otro lado, Latinoamérica es vista con pesimismo, mientras China sobresale como la única fuente posible de expansión, aunque aún es demasiado pequeña como para hacer una diferencia.



El terror se impone



Pero más allá del aspecto puramente económico está la amenaza permanente del terrorismo que afecta tanto a los negocios como a las sociedades. La idea de que la evolución natural de los negocios o de cualquier evento pueda verse afectada por un acto intencional por parte de un tercero con el único fin de desestabilizar es nueva y, por tanto, las empresas y los países tendrán que incorporarla dentro de sus probabilidades. Esto, sin embargo, no es óbice para buscar a la vez soluciones que ayuden a mitigar este nuevo riesgo al que está expuesto el mundo entero.



No hay consenso entre los asistentes al foro acerca de las razones que conducen al terrorismo, como tampoco en la forma de combatirlo. De hecho, las declaraciones de Colin Powell, secretario de Estado de Estados Unidos, que explicaban el terrorismo como producto de la pobreza, la desesperación y la desesperanza, fueron duramente criticadas con el argumento de que quienes atacaron las Torres Gemelas el 11 de septiembre no eran ni pobres ni tampoco carecían de educación. En lo que sí hay coincidencia es en que se requiere el esfuerzo conjunto de todos para combatir las innumerables fuentes que hacen vulnerable al mundo entero. Pero como afirma Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York, la labor no es solo gubernamental. El sector privado debe participar activamente en la solución de los problemas.



El mundo de comienzos del nuevo milenio es bien diferente al mundo de los años 90. A pesar de los problemas que conlleva la recesión mundial, las empresas que quieran crecer tendrán que mostrar un mayor compromiso con cada uno de los países en donde se encuentren haciendo negocios. Los gobiernos, por su parte, deberán velar por que se disminuyan las brechas entre los países ricos y los países pobres. No solo por caridad, sino porque si no se aumenta el ingreso de los más pobres, no habrá quién compre los productos de las grandes multinacionales, pues la demanda en los países ricos está saturada.
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