Costa: ¿esta vez sí?

| 9/20/2002 12:00:00 AM

Costa: ¿esta vez sí?

Los 10 años del Atpa anterior no ayudaron al desarrollo de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. La ampliación de las preferencias abre una nueva posibilidad. ¿Cómo aprovecharla?

Cuando la economía del país se abrió y Estados Unidos concedió ventajas arancelarias hasta el 2001 para las exportaciones colombianas, la infraestructura de la Costa Caribe era dramática. La cobertura de los servicios públicos era tan deficiente, que Barranquilla no tenía suministro permanente de agua potable, el servicio de energía en la región tenía múltiples interrupciones y los puertos eran sinónimo de ineficiencia y corrupción. Hoy, el servicio de acueducto se presta las 24 horas, la cobertura en Barranquilla está cercana al 99%, y la de Santa Marta al 88%; las ciudades están conectadas con modernas redes de fibra óptica y el costo de los servicios portuarios ha disminuido más del 50%, gracias a la privatización.



Por eso, ahora que el gobierno de Estados Unidos acaba de prorrogar hasta el 2006 las preferencias arancelarias del Atpa, y que las amplió a sectores claves como confecciones, manufacturas de cuero y atún, hay mayores probabilidades de que Barranquilla, Cartagena y Santa Marta capitalicen, de una vez por todas, el potencial de desarrollo que les da su cercanía al mar, y su proximidad a Miami, por donde entran el 3% de las compras al exterior que realiza Estados Unidos.



"El Atpa es una oportunidad, pero lo más importante es que luego vendrá el Alca y tenemos que estar preparados", afirma Rafael Rodelo, gerente de la Zona Franca de Barranquilla. Una vez entre en funcionamiento el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, en el 2005, empezará el proceso de desgravación arancelaria en todos los países del continente, excepto Cuba. Así, la competencia será más fuerte y solo las empresas más productivas y competitivas podrán crecer en este mercado regional ampliado.



Si bien hoy Barranquilla, Santa Marta y Cartagena están más preparadas para venderse y para atraer inversión no solo del interior del país, sino del exterior, todavía tienen camino por andar para mejorar sus niveles de competitividad.



En materia de infraestructura, la disponibilidad del sector eléctrico es una amenaza latente. Si bien las interrupciones del servicio han disminuido, la alta cartera que manejan las distribuidoras y el efecto sobre sus finanzas ponen un manto de duda sobre la calidad y disponibilidad del suministro de energía eléctrica a futuro. "Hay que analizar hasta qué punto el problema se deriva en una cultura del no pago, o en la pobreza de la región", señala Adolfo Meisel, gerente del Banco de la República en Cartagena.



Por otra parte, la falta de mano de obra calificada es un problema serio. Las cámaras de comercio están conscientes de ello, y ya debaten cómo hacer para que los cambios que se proponen en el Sena puedan mejorar la competitividad de los trabajadores en la Costa. "La Costa sigue rezagada en educación, y, muchas veces, esta se ha dejado en manos de quienes no tienen la idoneidad para prestar este servicio", afirma Haroldo Calvo, rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, seccional Caribe.



De todas maneras, abrir una planta de producción en Cartagena o relocalizar una empresa, que hace 10 años podía parecer una locura, hoy se analiza con seriedad. De hecho, dos firmas de confecciones del interior del país están estudiando el tema. Los beneficios del Atpa hacen atractivo para confeccionistas y manufactureros del cuero ubicarse en Colombia para obtener los beneficios arancelarios de Estados Unidos, y esto podría ser capitalizado por las ciudades costeras, dado que los fletes marítimos son más competitivos que los aéreos.



Vencer barreras



La labor para atraer inversión no va a ser fácil. A pesar de que las capitales portuarias son más competitivas, las industrias del interior siguen pensando muy localmente.



Un estudio contratado por la Cámara de Comercio de Cartagena entre 151 industrias de Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga y Manizales, mostró que el 74% de las empresas ve como nada probable la posibilidad de relocalizarse, y que si bien las empresas entrevistadas son exportadoras, en promedio destinan el 60% de su producción al mercado local, por lo cual su prioridad no son las exportaciones.



La principal razón por la cual las empresas no se trasladarían son los altos costos económicos (21%), pero también porque tienen estabilidad (18%), cuentan con la infraestructura necesaria (14%) y les preocupa tener dificultades para encontrar suficiente mano de obra calificada (10%).



En el caso concreto de Cartagena, las empresas reconocen las ventajas de la ciudad en cuanto a reducción de costos por traslado de los productos a los puertos y por tener salida al exterior (60%), así como la reducción de tiempo por este factor (57%).



No obstante, estas ventajas se ven opacadas porque consideran que la ciudad no es efectiva para las actividades de la empresa, su ubicación no es centralizada y no tiene mano de obra calificada.



Por otra parte, la ventaja del puerto no es tan relevante, ya que la mayoría de los entrevistados utiliza transporte aéreo para mover sus mercancías. Aunque los empresarios consiguen tarifas competitivas, el transporte aéreo sigue siendo más costoso que el marítimo. De acuerdo con un estudio de Araújo, Ibarra y Asociados, mientras en Colombia el primero vale en promedio US$0,85 por kilo, el segundo se contrata por US$0,01.



Esta realidad ha sido entendida por las ciudades. Por eso, más que enfocarse en buscar traslados de plantas existentes, le están apuntando a convertirse en una alternativa para ubicar nuevas líneas o ampliaciones de producción que sea necesario realizar con miras a aprovechar los beneficios del Atpa y para prepararse para el Alca.



Lo más importante en el giro que se está dando es la estrategia de venderse en el exterior, que es lo que le ha permitido a República Dominicana tener unas exportaciones per cápita a Estados Unidos de US$500 y a Costa Rica de US$798, mientras que las colombianas solo llegan a US$133. Para Martín Gustavo Ibarra, presidente de Araújo, Ibarra y Asociados, hay una limitante cultural para atraer a la Costa inversión de Bogotá o Medellín, porque el empresario del interior todavía ve las ciudades portuarias como poco competitivas. Por eso, el gran potencial de crecimiento está en atraer inversión de fuera, para lo cual hay que identificar exportadores del sudeste asiático y lograr que se relocalicen en Colombia.



Una estrategia de atracción de inversión debería vincular tanto al sector público como al privado, y contar con la participación de gobernadores, alcaldes, el Sena y los Consejos Regionales de Comercio Exterior, Carce, donde tienen asiento empresarios, gremios, academia y cámaras de comercio.



También, debería haber alguna coordinación entre las ciudades, para aprovechar las sinergias que se podrían derivar de una acción conjunta. Actualmente, cada ciudad está buscando una estrategia independiente para venderse frente a inversionistas locales y atraer inversión extranjera.



Barranquilla contrató a Angela María Orozco, ex ministra de Comercio Exterior, para que diseñe la estrategia. Cartagena está trabajando con Eduardo Pizano, ex ministro de Desarrollo, y con la firma Araújo, Ibarra y Asociados, y Santa Marta, por medio de la Sociedad Portuaria, también está mirando el tema con Araújo, Ibarra y Asociados.



La ley de reglamentación de los distritos de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, y la coordinación que se está empezando a dar entre las respectivas cámaras de comercio, abren la posibilidad de hacer un trabajo con una visión de desarrollo regional.



El reto es lograr que cada ciudad pueda competir por un buen posicionamiento para explotar sus ventajas particulares, pero a la vez convertirse en aliados estratégicos para fortalecer la competitividad de la región.



Barranquilla



El objetivo de Barranquilla es convertirse en un sitio estratégico para el desarrollo industrial con miras a aprovechar las ventajas del comercio internacional. De las tres ciudades, la capital del Atlántico ha sido tradicionalmente la más industrial y diversificada.



Las empresas ubicadas en la zona exportaron el año pasado US$120 millones a Estados Unidos, el 2% de las exportaciones del país a ese destino, y de esa suma US$55 millones se beneficiaron del Atpa.



Según cálculos de la Cámara de Comercio, con la ampliación del Atpa, las exportaciones de confecciones del departamento podrían pasar de US$31 millones a US$107 millones en el 2006, y generar 7.600 empleos en la región.



El crecimiento en las de cuero y sus manufacturas no sería tan impresionante, ya que pasaría de US$34 millones a US$42 millones, y generaría 240 empleos.



En atunes, renglón en el cual las exportaciones se dirigen a países distintos a Estados Unidos, los resultados dependen de que las empresas atuneras desarrollen nuevas líneas de producción en empaques flexibles, que son las que quedaron cobijadas por los beneficios, pero que no se producen actualmente en el país. Esto también podría dar pie a alianzas con empresas de Estados Unidos.



El verdadero aprovechamiento del potencial de desarrollo estaría en la atracción de inversión de empresas que se beneficien con las exenciones del Atpa, y que ganen competitividad con su ubicación en el puerto. "Vamos a vender la ciudad de manera muy focalizada, mirando empresa por empresa, producto por producto", afirma Enrique Berrío, presidente de la Cámara de Comercio.



Pero para que esta venta sea posible, es necesario garantizar la confiabilidad en el suministro de energía eléctrica, ampliar la cobertura en telefonía fija, donde según la Cámara de Comercio hace falta instalar unas 240.000 líneas para llegar a los niveles de cobertura de Cali, y solucionar algunos temas de importancia para la zona franca y el puerto.



El principal problema en la zona franca es que el plan de inversiones que se pactó con el gobierno en 1994, cuando el sector privado empezó a manejarla, no correspondía a la realidad, ya que la zona carecía de infraestructura básica en vías, agua potable, alcantarillado, conducción de aguas negras, energía, telefonía y fibra óptica.



Por eso, antes que construir los 60.000 m2 de bodegas pactados, la administración ha tenido que hacer inversiones para subsanar el deterioro de la infraestructura.



Ahora, la Zona Franca está en conversaciones con el Ministerio de Comercio Exterior para que reconozca las inversiones que han hecho por $5.000 millones en adecuaciones, y para que se apruebe la destinación de $20.000 millones para infraestructura en los próximos cinco años.



"El producto es difícil de vender, porque hasta poner un teléfono es un problema. Pero tenemos 40 hectáreas a orillas del río Magdalena para construir industrias, el único terreno que hay con esas características, y una vez se tenga la infraestructura se puede promover", explica Rafael Rodelo, director de la Zona Franca.



En el caso del puerto, las obras prioritarias son la estabilización y la profundización del canal de acceso, para lo cual se requiere apoyo de la Nación.



Actualmente, el plan de inversiones del puerto de la capital del Atlántico contempla entre US$15 y US$20 millones en los próximos tres años en obras de canalización, y a corto plazo, US$4 millones en mejoramiento de la infraestructura portuaria.



"Barranquilla es un doble puerto, marítimo y fluvial, lo que hoy es una realidad más próxima con la posición del gobierno del presidente Alvaro Uribe de reactivar el desarrollo por el río Magdalena, paralizado desde hace 20 años", explica Fernando Arteta, gerente de la Sociedad Portuaria.



Un atractivo adicional de la ciudad es el desarrollo que está previsto con el Parque Tecnológico del Caribe, un proyecto que nació hace dos años y en el que participan 33 entidades del sector productivo, la academia y el gobierno.



La idea es generar una relación directa entre investigación y empresa, al reunir en un mismo sitio los programas de incubación de empresas, las entidades ya maduras productivamente, los centros de productividad y los de investigación de las universidades. "Vamos a arrancar por lo menos en 15 hectáreas de terreno", explica Karina Quintero, directora del parque.



Además, Barranquilla cuenta con la única entidad del país dedicada al desarrollo tecnológico del empaque y el embalaje: Cenpack. Esta empresa, uno de los pocos centros tecnológicos que han recibido la certificación ISO 9001, ha sido clave en el apoyo a la pequeña y mediana empresa exportadora, al ayudarles a generar ahorros por el uso de buenos sistemas de empaque, darle mayor protección al producto y contribuir al mercadeo de las exportaciones al mejorar la imagen de las mercancías.



Una de las fortalezas de Barranquilla es la estrecha relación entre academia y sector privado. "Muchas veces, hay desconocimiento de cómo adecuarse a los mercados externos, y estamos llenando ese vacío", explica Jesús Ferro, rector de la Universidad del Norte. Esta institución, por ejemplo, no solo lleva la cuarta promoción de graduados del programa de pequeña y mediana empresa exportadora, Expopyme, sino que estimula un programa de preincubación de empresas, para que los alumnos, antes de graduarse, ya hayan madurado planes de creación de empresas.



Cartagena



La estrategia de Cartagena es posicionarse como "la capital del Atpa" en un sentido mucho más amplio que el industrial, ya que también busca constituirse en un sitio estratégico de exposición, promoción, comercialización y proyección internacional de los bienes y servicios exportables desde Colombia.



"Estamos trabajando en una evaluación de las necesidades para que la ciudad se convierta en la sede de producción y de negociación de los empresarios", señala Bernard Gilchrist, presidente de la Cámara de Comercio de Cartagena. De esta manera, espera aprovechar la sensación de seguridad que produce la ciudad, para que los empresarios puedan atender allí a los visitantes internacionales, y se puedan realizar ferias comerciales, exposiciones e intercambios entre empresas, entre otros.



El mercado objetivo lo componen Centroamérica, Estados Unidos, el Caribe, las áreas donde puede haber mayor interés comercial, y las empresas del interior del país. "Más que sonsacar confeccionistas de Medellín o Bogotá, vamos a traer a los que están produciendo para Estados Unidos en países que no tienen ventajas arancelarias", afirma Eduardo Pizano, quien está trabajando en el diseño de la estrategia.



La gran ventaja de Cartagena es su amplia oferta hotelera y de convenciones, así como su condición de patrimonio histórico y turístico. En cuanto al puerto, que se ha especializado en las operaciones de transbordo, hay programadas inversiones por US$20 millones en los próximos 18-24 meses. Estos recursos se utilizarán para mejorar la infraestructura y adquirir nuevos equipos, como dos grúas pórtico y dos grúas de patio. El puerto se está preparando para recibir barcos de 5.000 contenedores, un tamaño mayor al que atiende ahora.



En cuanto a los cruceros, el retiro de una línea en la temporada pasada quedó superado, y para la nueva temporada que comienza en octubre, ya hay confirmada llegada del mismo número de barcos que el año anterior, es decir, 110 cruceros.



Otro punto importante tiene que ver con la amenaza que representa el avance del delta del Canal del Dique, que en los últimos 15 años se ha internado 3.000 metros lineales en la bahía de Cartagena y ya consolidó más de 120 hectáreas de tierra firme.



Si no se toman pronto los correctivos del caso "la bahía de Cartagena literalmente puede desaparecer", explica Jaime Alberto Restrepo, presidente de la seccional Bolívar de la Andi. Una solución integral a este problema demandaría inversiones por US$100 millones para el Canal del Dique de Cartagena y US$40 millones adicionales para la estabilización del canal navegable en Barranquilla, calcula el dirigente gremial.



En el mercado interno, Cartagena tiene un desarrollo incipiente en confecciones y manufacturas de cuero. Pero el dinamismo de las exportaciones ha hecho que prácticamente se duplique la capacidad instalada de sectores como la petroquímica, los plásticos, la industria de alimentos, la agroindustria pesquera, los cultivos de camarón y la industria química. Inclusive, la más reciente encuesta anual manufacturera del Dane ya destaca a Cartagena como la primera ciudad industrial de la Costa.



Santa Marta



Santa Marta es una ciudad turística, con una base industrial prácticamente inexistente, y concentrada en pequeñas y medianas empresas. Por eso, su posibilidad de atraer inversión a raíz del Atpa y de orientar producción a bienes que se beneficien de las ventajas arancelarias se ve como una manera de ayudar a la industrialización de la capital del Magdalena.



"Nuestras ventajas y potencialidades son el terminal del ferrocarril, el puerto de aguas profundas y la disponibilidad de mano de obra", señala Alfredo Diazgranados, director de la Cámara de Comercio, y quien está convencido de que el Atpa puede ayudar a la industrialización de la ciudad.



La reparación de la vía entre Puerto Berrío y Santa Marta, que ya fue adjudicada, debería estar lista en el 2004, y el trayecto hasta La Dorada, un año después. Si estas obras se concretan, serían el único puerto con acceso directo al ferrocarril. Este proceso quedó andando en la administración anterior, y se espera que el gobierno del presidente Alvaro Uribe termine de sacarlo adelante. Si se concreta la habilitación del ferrocarril, este sería el principal factor de diferenciación y competencia de la ciudad.



Y esta es la ventaja que quieren desarrollar. El puerto está invirtiendo US$7 millones en el dragado de muelles para poder cargar directamente el carbón a los buques (ahora se hace con barcazas), y se le va a dar prioridad a la adecuación de la infraestructura para el manejo de contenedores, donde ven las mayores posibilidades de crecimiento. "Vamos a hacer inversiones para generar zonas de actividades logísticas para el manejo de carga de importación y exportación", explica Mauricio Suárez, gerente de la Sociedad Portuaria.



Las ciudades de la Costa no van a tener un beneficio tan rápido de las ventajas que ofrece el Atpa, porque la gran base industrial de confecciones y manufacturas de cuero está en el interior del país.



Pero si diseñan paquetes atractivos de venta de sus ventajas competitivas, y se vuelcan a atraer inversión del exterior, estas capitales podrían lograr que esta vez sí se genere desarrollo con su inserción en el comercio internacional. Tienen una ventaja frente al resto del país: su condición caribe las aísla un poco de la percepción de inseguridad del país y esto puede ser decisivo a la hora de convencer a los inversionistas internacionales de instalarse allí.



La desventaja sigue siendo la falta de mano de obra calificada, pero se podría solucionar con voluntad y recursos. En Cartagena, por ejemplo, ya se están organizando reuniones entre los empresarios y los centros que prestan educación tecnológica, para diseñar esquemas que permitan adecuar la oferta de programas a las necesidades del sector privado.



El peligro inminente se deriva de la falta de confiabilidad en el sistema eléctrico, debido al deterioro de las térmicas y de las distribuidoras de la región, y en eso el gobierno debe tomar cartas en el asunto, porque el problema, que era empresarial, se está convirtiendo en una bomba social.



Hoy las ciudades están mucho más preparadas para competir que a principios de la década del 90, y eso es una diferencia significativa frente a los 10 años anteriores del Atpa y frente a las expectativas que generó .la apertura económica para la zona.



Por eso, a pesar del escepticismo que despierta la experiencia pasada, en la que ni la apertura ni las preferencias arancelarias lograron atraer inversión a las ciudades portuarias, hay esperanzas de que esta vez el comercio exterior sí ayude a la dinamización de la región. La oportunidad para disparar el desarrollo está dada. Hay que aprovecharla.
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