| 9/17/2004 12:00:00 AM

Confecciones Colombia. Una tradición que evoluciona

Everfit ha sido el genérico usado en el país para identificar la ropa formal masculina. Hoy, la empresa desarrolló un modelo de paquete completo aprovechando su integración vertical.

José Manuel Arango, un sastre paisa, ganó a finales de la década del 40 un concurso muy particular. Confecciones Colombia, una naciente empresa de la época, abrió un concurso para escoger el nombre más indicado para lanzar al mercado su producto: ropa formal masculina. El nombre ganador, sugerido por Arango, fue Everfit.

Así, nació una de las marcas más reconocidas en vestidos para hombre, convirtiéndose con el paso del tiempo casi en un genérico para este mercado, y el producto insignia de Confecciones Colombia, una empresa que se inició en 1940 por iniciativa de Aureliano Posada, Luis Mariano Uribe, Roberto Posada, Jaime Moreno, Roberto Uribe Escobar y Jorge Aristizábal y que buscaba desarrollar un mercado en forma similar al de Estados Unidos, donde este nicho ocupaba los primeros lugares en la confección de prendas de vestir.

¿Cuáles fueron las variables de éxito en ese momento para Everfit? Descubrir y masificar productos para un segmento que en su momento era muy exclusivo y que utilizaba para gran parte de su producción, paños ingleses, que generaban productos de alto costo. En el caso de Everfit, los precios eran cerca de 25% más baratos y los productos tenían una duración mayor a los confeccionados con otros paños.

Sin embargo, para lograrlo tuvieron que fortalecer su estrategia en manufactura y comercialización. Por eso, participaron activamente en la creación de Hilanderías Medellín, para completar sus procesos textiles y de Cocentral, para financiar la compra de vestuario.

Sus movidas empresariales, entonces, estuvieron enfocadas más hacia la consolidación de la compañía y, en 1944, se integró con Indulana en una operación trascendental, porque le permitió ofrecer paños de lana, garantizando el suministro de esta materia prima para el corte y la confección. Además, amplió sus canales de distribución abasteciendo cerca de 35 almacenes en el país. En la década del 60, participó en la constitución de Enka y modernizó sus propias plantas de confección para producir nuevas líneas.

Para los años 70, las inversiones realizadas en ampliaciones y nuevos negocios erosionaron el capital de trabajo y los resultados financieros no fueron los esperados, mientras las exportaciones copaban gran parte de su producción -60% en un contrato con International Brand Apparel- que limitó el aumento de la confección para el mercado local. Ante esta situación, empezó un proceso de contracción que llevó a liquidar la planta de ovinos, vender almacenes en Bogotá y las acciones en Hilanderías Medellín y Enka. Pero, al lado de estas decisiones, insistió en la conformación de entes industriales, como la fábrica de San Pedro, Hilanderías del Aburrá, Comercializadora Colombia, Evertrade y Almacenes Luomo; y en incursionar en otros segmentos de mercado de ropa formal masculina y femenina, ropa deportiva y casual, decisiones que tampoco generaron aumentos significativos en los ingresos. Sin embargo, la lección que quedó de ese momento era que no tenía foco. "En el pasado, las exportaciones se hicieron de manera desorganizada y como estrategia de desespero", explica María Luisa Mejía, presidente de la compañía.

La crisis del sector de principios de la década del 80 tocó a Confecciones Colombia y a partir de allí, diseñó una estrategia para consolidarse y sacar adelante la empresa. Ese plan estuvo enfocado en definir segmentos de mercado y de negocios, modernizar sus plantas y sus capacidades instaladas, y aumentar las exportaciones. Pero faltaba vocación exportadora y la prioridad era el mercado nacional.

En los 90 se dieron las circunstancias para empezar a exportar en dos sentidos: de adentro hacia fuera, como en el caso del Canadá exportando lanas; o de fuera hacia dentro, cuando los compradores, en este caso marcas de ropa, buscaban proveedores para sus pedidos. Sin embargo, en muchas ocasiones, no cumplieron los estándares de calidad y los compradores devolvieron pedidos. Tuvieron que redefinir negocios y hacer planes de choque. "En ese momento, la empresa se enfrenta a una situación compleja: exportar o morir", afirma Mejía.

En 1997 se colocaron como meta que, en 2000, el 50% de los ingresos correspondiera a exportaciones. Hoy las ha superado, pues el 70% de sus ingresos corresponde a ventas a Estados Unidos, Inglaterra, México, Canadá y Guatemala, entre otros países.

Este proceso de internacionalización se dio, inicialmente, con la modalidad de maquila simple, es decir, solo el ensamble de piezas ya cortadas. Ahora desarrolla el modelo de 'paquete completo', para marcas como Tommy Hilfiger, Perry Ellis o Ralph Lauren, donde su integración vertical es fundamental para el suministro de insumos para la confección.

Los buenos resultados y las oportunidades que se abrieron gracias a las preferencias arancelarias que entregó Estados Unidos y a la negociación del TLC, la hacen hoy una empresa atractiva que este año venderá cerca de $120.000 millones. Hoy, el reto para la compañía -donde el Grupo Empresarial Antioqueño tiene la mayor participación- es conseguir un socio estratégico que le inyecte capital, tecnología y mayores mercados.
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