| 12/7/2006 12:00:00 AM

Cómo sobrevivirá el libro

Los libros son el mundo de Benjamín Villegas. Porque conoce el negocio a la perfección, está seguro de que nunca van a desaparecer.

Leer un buen libro es un placer mayor. Nos saca del mundo real, nos relaja, nos enseña cosas. Leer un libro es una manera de encontrarse con la intimidad, de vivir en la distancia lo imaginario o real que haya podido pasar por la mente de quien ha tenido la generosa idea de regalárnoslo. Y creo en su permanencia.

Son muchos los fatalistas que vaticinan su pronta desaparición, que anticipan el triunfo de la información sobre la literatura, que aseguran su exterminio por los medios electrónicos, que afirman que la lectura se extingue…

¡Qué va! La gente lee y cada día más. Lo que pasa es que no lee tantos libros: lee o mira revistas y periódicos, que en el fondo son los grandes rivales del libro. No podemos pretender que en pleno siglo XXI el libro sea la única forma de esparcimiento. Pero, si pensamos lo que el libro ha significado en nuestras vidas, tendríamos que hacérselo saber a nuestros hijos, permitirles su acceso, criarlos en un medio que los incluya y darles el ejemplo de la lectura.

El libro sigue vivo. Basta ir a la Feria de Frankfurt para verlo, para percibir la vitalidad con que defiende su territorialidad en un mundo globalizado. Porque el mercado existe, así crezca poco, y alguien debe quedarse con él. De ahí que las editoriales pequeñas estén siendo absorbidas por los grandes grupos; que las pequeñas librerías estén desapareciendo frente a las grandes cadenas; que el comercio electrónico del libro sea cada día más grande. Esas son las reglas actuales del juego… Lo importante es que el libro permanezca.

Su mundo es muy grato. Gira alrededor del autor, el editor, el impresor, el distribuidor, el librero y el lector. El autor crea, pero lleva la parte más difícil al invertir su tiempo con inciertas probabilidades de éxito. Y en el caso de los libros ilustrados de calidad, en nuestro medio solo son posibles con apoyo institucional. El editor es el empresario que busca, escoge, invierte y arriesga gestión y dinero. El impresor es el escalón técnico contratado por el editor, no menos importante. El distribuidor pone el libro al alcance del público en diversos canales, uno de ellos el librero, un gran oficio digno de admiración. Finalmente, el lector, destinatario de todo el esfuerzo, con poder de vida sobre el libro.

En Colombia, el mundo del libro es complejo. Hay muchos autores buscando editor; pocos editores dispuestos a arriesgarse con autores nuevos o primeras ediciones; gran competencia por los derechos de libros ya probados en otros mercados; buenas imprentas; pocos distribuidores independientes; un número significativo de pequeños libreros batallando frente a las nuevas cadenas. Y todos en busca del best seller que nos permita permanecer en el medio, bien trayendo temas y autores de moda, bien arriesgando en autores y productos, como en nuestro caso —valga la cuña— en que hemos publicado a Ángela Becerra, Cosas de niñas y los que serán los más vendidos este año: Púberman, para hombres adolescentes y Crónicas de Mistmantle, una fantasía para todas las edades.

En todo caso, para este final de año, lo importante es leer un buen libro.
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