| 12/7/2006 12:00:00 AM

Cómo reciclar

Julián Jaramillo está obsesionado con la innovación, un tema que hace parte del ADN de Alpina, la compañía que preside. ?Pero también es descomplicado y sabe observar. Por eso, entiende que nuestras ciudades están pidiendo a gritos el reciclaje.

Soy un trotador consumado. Troto. Troto mucho y en todas partes. Por mi trabajo, debo viajar a muchos lugares, en el mundo y en Colombia. Y siempre troto. Esa rutina del ejercicio es un interesante espacio para la reflexión. De esa manera, se alimentan el cuerpo y el alma.

Cualquiera podría pensar que el que corre, en su ejercicio diario, lo hace algo ensimismado, medio alejado de la realidad. No. Por el contrario, quien trota disciplinadamente establece otras formas de relación con su entorno. Los trotadores somos grandes observadores.

Nuestros corazones se aceleran al ritmo de nuestros pasos. Percibimos cada modificación de nuestro metabolismo; nuestro cerebro está atento a cualquier modificación súbita. La mejor forma de conocer una ciudad es trotar por ella. La mirada tradicional —desde un bus turístico; desde un vehículo a toda velocidad, camino a una cita; o desde algún plácido refugio de turistas— nos oculta muchas de las realidades de esos lugares que visitamos.

En los últimos tiempos, algo me obsesiona en mis jornadas de trote. Como lo hago en tan diversos lugares, me puedo dar el lujo de compararlos y un referente me persigue: las basuras. Y no todas. Presido una empresa que produce alimentos para una vida saludable y en la tarea de hacerlos para nuestros clientes, nos esmeramos en todos los detalles. Y como las cosas entran por los ojos, el empaque de todos nuestros productos es una combinación de arte e ingeniería e implica fuertes dosis de tecnología, de inversión y de trabajo, que garantizan que la calidad del producto se mantenga.

La industria del empaque y los productores de artículos de consumo, cada vez más preocupados con el destino de nuestro planeta, procuramos que los materiales que se usan en su fabricación sean reciclables y amigables con el ambiente. El mundo desarrollado ha emprendido fuertes campañas para lograr que cada empaque utilizado retorne a un lugar adecuado para su tratamiento. Cada esquina en ciudades como Barcelona, Madrid, New York, París cuenta con sitios especializados para disponer de los desechos sólidos. Por allí el vidrio, por allá el papel y el cartón, por aquí el plástico. Las tasas de recuperación son bastantes altas, obviamente.

Troto por Bogotá, Cartagena, Medellín, Santa Marta. A cada paso, tropiezo con alguno de esos empaques que con tanto empeño hicimos: una botella, una caja, el vaso de un yogur, la lata de una cerveza. Mi cerebro empieza a sumar y a restar. Cuánto perdemos por un inadecuado tratamiento de esos desechos. Cuánto ganaríamos, si lo hiciéramos adecuadamente. Un programa de reciclaje, organizado eficientemente, puede convertirse en una importante fuente de recursos para los municipios y tendría efectos positivos de diverso orden sobre la comunidad. Mantener limpias nuestras ciudades y hacer un buen uso de los recursos naturales puede y debe ser un negocio que nos beneficie a todos.

Llego a mi oficina. Estoy en reposo. Vuelvo a hacer, mentalmente, el recorrido de mi trote de hoy. Estoy satisfecho con mis avances. Pero no estoy feliz del todo. Siento que algo tenemos que hacer con esa obsesión que les he contado. Ustedes también. ¿Cierto?

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