| 12/7/2006 12:00:00 AM

Cómo hacer algo en el congreso

Cecilia López ha sido polémica desde el Seguro Social hasta el Ministerio del Medio Ambiente. Ahora pasó de la tecnocracia a la política. Por eso, tiene autoridad para hablar del Congreso.

Llegar al Congreso es enfrentarse a una realidad sustancialmente diferente a la que se espera. No obstante haber asistido muchas veces a sus sesiones como funcionaria de varios gobiernos, tengo que aceptar que esa experiencia no se parece en nada a la de ser parte de esta institución. Sin dejar de reconocer que el momento actual es particularmente complejo, prefiero reflexionar sobre la experiencia de más de tres meses como senadora por el Partido Liberal. Sé que es un atrevimiento pero como esa es parte de mi personalidad, me tomaré la libertad de plantear lo que creo es un decálogo, no para sobrevivir en la labor legislativa sino para esperar objetivamente algunos logros. Es posible morir en el intento, pero vale la pena tratar.

1. No subestimar a los colegas: hay mucha gente capaz y comprometida que no merece el desprecio generalizado que el país tiene sobre el Legislativo. Sin embargo, es necesario y, sobre todo interesante, descubrir el juego de los otros que poco hablan o proponen.

2. Reconocer que el Congreso tiene poder político: cuando se está adentro, se descubre por qué en las elecciones la lucha es a muerte en pos de una curul. Al congresista no solo lo asedia el gobierno para que le ayude a sacar adelante los proyectos, sino también el sector privado que acude allí para defender sus intereses.

3. Las paredes hablan y las curules también: amigos, lo que se llama amigos, más bien pocos. No hay nada oculto en el Congreso; aunque muchos de los peores temas se pueden manejar de manera subterránea hasta cierto punto, hoy lo vivimos. En boca cerrada no entran moscas debería ser un lema para primíparos.

4. Los votos no tienen estrato: regla de oro para sobrevivir en el Congreso. Todos son iguales, vengan de donde vengan, vístanse como se vistan. Ya lo he dicho: aquellos que se creen de mejor familia por estar cerca del palacio de Nariño encuentran mucha resistencia, especialmente porque ahora hay más de uno en esas circunstancias.

5. Aceptar que el Congreso es un mundo raro: toma tiempo asimilar el horario, especialmente en los días de sesiones que empiezan con juntas parlamentarias, que a su vez se cruzan con el trabajo de las comisiones y terminan a la medianoche con las plenarias. El que se tome el trabajo en serio debe tener claro que para cada una de ellas hay que llegar preparado, física e intelectualmente para poder resistir.

6. Hay más solidaridad de género que de cuerpo: no obstante haber mejorado esta última en aquellos partidos que siguen la ley de bancadas. Pero se destacan las mujeres que han sido capaces de pelear con todos y en todo menos en los temas relacionados con su género. El proyecto de Ley de Justicia para la mujer, presentado recientemente por la bancada femenina, es el mejor ejemplo.

7. Hay reglas de comportamiento y se aplican: el congresista primíparo debe hacer un curso acelerado del reglamento del Congreso, léase Ley 5ª, si no quiere hacer el ridículo y sufrir las consecuencias de los goles que le meten. No es lo mismo hacer una interpelación que presentar una proposición, ni ejercer el derecho a réplica o pedir una moción de orden.

8. Aceptar que el Congreso es una escuela insustituible: difícil encontrar un escenario tan rico en temas. Los debates abordan asuntos tan complejos como las reformas económicas y tan sensibles como los derechos de la sociedad moderna. El reto consiste en sacar el tiempo para no dejar de estudiar, para no desconectarse del mundo y ante todo, para encontrar un nicho y no dispersarse.

9. Estar al día: el Congreso es un hervidero de noticias, la mayoría de las cuales no alcanza a ser registrada por los medios. Al mismo tiempo, el congresista es una de las personas más consultadas por los periodistas que buscan afanosamente todo tipo de reacciones. Esto implica estar siempre informado sobre lo que pasó en el último minuto o en la última noche.

10. Si no le gusta el Congreso o tiene rabo de paja, sálgase: como el diario vivir no es nada fácil, la permanencia se le puede convertir en una tortura china. Mi principal conclusión: el Congreso no es para todos.


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