| 12/7/2006 12:00:00 AM

Cómo cambiar de marca

Sergio Regueros volvió a Colombia con la llegada de Movistar, y dirigió el cambio de marca en el país. Una experiencia que recuerda con pasión.

El 6 de abril de 2005 era el gran día. El país y el mundo amanecerían vestidos con la m de Movistar. La compañía llevaba más de un mes generando expectativa, probando la más ambiciosa campaña de publicidad vista y la coordinación tenía que ser perfecta. Jugábamos con retos como involucrar a los empleados, cautivar a nuestros clientes, generar expectativa, sorprender, cuidar la calidad y ser simultáneos.

La tarea era colosal: una empresa decide comunicar un mismo concepto, una misma marca, sembrar una nueva cultura corporativa y una estrecha promesa entre 350 millones de personas en 13 países en un mismo día. Más de 100.000 personas en Latinoamérica trabajaban para un mismo objetivo. Fueron días muy difíciles con jornadas de trabajo muy largas, con una coordinación y logística impecables. La confidencialidad era imprescindible, el cumplimiento de los proveedores ponía en juego nuestra misión y lo más importante, la respuesta y las emociones de la gente eran fundamentales para el éxito. Empleados, distribuidores, agentes comerciales, publicistas, medios, ingenieros de sistemas y cientos de profesionales de las más diversas áreas trabajaban por un solo objetivo y con una sola fecha en mente: el lanzamiento de la nueva marca. Recuerdo esos meses como frenéticos, pero sobre todo llenos de adrenalina, buena tensión, compromiso y pasión.

El cambio de marca implicaba hacer uso de todas las herramientas posibles para contarle a la gente acerca de Movistar y familiarizarlos con una juguetona m verde que cambiaba el estilo de la marca anterior. Teníamos que hacer que la quisieran, se identificaran, vibraran con ella y con nuestra empresa. Camisetas, gorras, carteles, animaciones en tercera dimensión, fachadas de los edificios, cebras en los cruces peatonales, individuales de los restaurantes, en fin la producción de piezas de mercadeo que cambiaba lo tradicional fue impresionante y definitivamente llamó la atención.

Llegó la noche mágica. Llegó el día en el que Colombia amanecería con la m. Me sorprendí al ver cómo habíamos transformado muchas de las palabras que contienen la letra m; cómo las habíamos transformado para convertirlas en un vehículo de percepción de nuestros valores: innovación, liderazgo, alegría, claridad, humanidad.

Encontrar nuestra m en el periódico del desayuno, en la valla vista por la ventana de una oficina, en los paraderos y en los estadios era emocionante. Hacía sonreír. Llegar a aeropuertos, países y ver nuestra m en todas partes nos hizo integrar. La movida regional de la que fuimos parte privilegiada fue posible, gracias a la unión del talento y la pasión del servicio que Telefónica Móviles presta en todo el mundo. Nuestro negocio, nuestro compromiso y nuestros valores unidos hicieron posible que le entregáramos Movistar al mundo.

Ahora, al escribir esta columna, reviso los documentos y los videos que tenemos en la empresa sobre este acontecimiento y siento orgullo por nuestra gente y me complace que Colombia hiciera parte de esta historia.

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