Comercio: ¿cuál es la línea?

| 2/21/2003 12:00:00 AM

Comercio: ¿cuál es la línea?

El presidente Uribe decidió tomar la iniciativa en materia de comercio exterior y llevar al país a una nueva fase de negociaciones comerciales. ¿Cómo podría ser la estrategia?

El presidente Uribe anunció el lunes pasado que su gobierno avanzará con firmeza hacia una nueva fase de negociaciones comerciales internacionales. Uribe está consciente de la vulnerabilidad de Colombia en este frente: las preferencias entregadas por Estados Unidos en el ATPDEA se acaban en el año 2006 y va a ser muy difícil renovarlas, otros países se están adelantando para ganar acceso preferencial al mercado de Estados Unidos, y las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) corren el riesgo de estancarse. Es necesario tomar la iniciativa.

El debate de comercio vuelve a despertar grandes pasiones en Colombia. Las opciones en la discusión parecen haberse reducido a dos. Colombia podría avanzar hacia la negociación del Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) en compañía de los demás países andinos. Esto es lo que ha venido haciendo. La alternativa sería buscar un acuerdo bilateral de comercio con Estados Unidos, probablemente en un grupo conformado por los países que hoy son beneficiarios de la Ley de Preferencias Andinas, ATPDEA.

En términos generales, estas dos posibilidades dejan alineados a los mismos dos bandos de siempre. Quienes hace 10 años se opusieron a la apertura, prefieren avanzar hacia el Alca con calma y en espera de que una negociación en grupo con los aliados regionales le cueste menos al país. Los amigos del libre comercio prefieren buscar a Estados Unidos ya, como lo han hecho Chile y Centroamérica, pues ven que Colombia puede quedarse de última en la cola para acceder al mercado más grande del mundo.

Ante esta disyuntiva, las palabras pronunciadas el pasado 11 de febrero por Robert Zoellick, representante de Comercio para Estados Unidos, caen como un balde de agua fría para quienes quieren acelerar el camino hacia el libre comercio. En la misma rueda de prensa en la que planteó las ofertas arancelarias de Estados Unidos en las negociaciones del Alca, Zoellick dijo que le había informado al ministro de Comercio de Colombia, Jorge Humberto Botero, que al menos en el corto plazo los países andinos deberían concentrar sus esfuerzos en el avance hacia el Alca. "Aunque estamos abiertos a discutir el tema con algunos de nuestros colegas latinos, nuestro foco está en el Alca en este momento", sostuvo. Por otra parte, Zoellick resumió en una frase la línea negociadora de Estados Unidos, al afirmar que "el trabajo que hagamos en la implementación del ATPDEA y en el avance hacia el Alca es básicamente el mismo que necesitaríamos para avanzar en un acuerdo de libre comercio con cualquiera de los países andinos".

Ante todo, estas palabras deberían revelar una lección: Estados Unidos ha adoptado una postura única, consistente y conocida en todas sus negociaciones comerciales. Su postura en Alca es la misma que tiene en las negociaciones bilaterales, e incluso al conceder el ATPDEA buscó beneficiar los mismos intereses, que son clarísimos y pueden ser consultados en internet (ver la página www.ustr.gov). Colombia, entre tanto, no tiene aún una postura clara y la definición parecería depender del terreno en el cual se vayan a dar las cosas. El propio gobierno parece indicar que tendría una actitud si negocia en Alca en compañía de los socios andinos, y otra si se diera el bilateral con Estados Unidos. Respecto a esa ambigüedad, puede decirse que ninguno de los países que están siendo exitosos en la internacionalización de sus economías sigue una actitud semejante. La falta de claridad es la receta para perder, no para ganar.



Falso dilema

Un breve examen de lo que está ocurriendo en el ámbito internacional muestra que en Colombia estamos adelantando el debate con base en algunas premisas falsas. Ante todo, no es cierto que la alternativa sea escoger entre Alca y un bilateral. La verdadera alternativa está entre internacionalizar la economía o no hacerlo. Si se decide lo primero, el siguiente paso es avanzar para buscar acceso preferencial a otros mercados, con una combinación de acuerdos bilaterales, subregionales, hemisféricos, intercontinentales, o los que haga falta.

Esta búsqueda de mercado ampliado es la estrategia que ha seguido México, país que ha firmado acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Chile, Colombia, Venezuela, y países tan lejanos como Israel y Noruega. En consecuencia, el mercado que ha asegurado para sus productos llega a US$19,4 millones de millones. Por su parte, Chile ha firmado con Estados Unidos, la Unión Europea, Corea del Sur, Canadá, Colombia y otros países, asegurando mercados por US$20 millones de millones. Entre tanto, los tratados firmados por Colombia permiten acceder a un mercado 20 veces inferior. El propio Robert Zoellick dijo en alguna oportunidad que envidiaba la estrategia de México, y ahora Estados Unidos está siguiendo su ejemplo al realizar acuerdos con muchos países, entre los que se cuentan Chile, Singapur, los países del sur de Africa, Marruecos, y se habla de un posible acuerdo con Turquía.

La estrategia de negociar acuerdos de libre comercio con todos los socios comerciales significativos es conocida como el "regionalismo aditivo". Estos acuerdos no solo amplían mercados para las exportaciones, sino que también aseguran que las importaciones provengan del sitio más eficiente (y no de un socio desde el cual es posible importar con aranceles bajos, pero que tiene una producción ineficiente, fenómeno conocido como desviación de comercio).

Una estrategia así supone una actitud clara del país hacia el libre comercio, que le permite tomar la iniciativa en la forma como se presenta ante el mundo. Chile redujo su arancel promedio, comenzó negociaciones sobre requisitos fitosanitarios y buscó un acuerdo con Estados Unidos durante casi 10 años antes de firmar con ese país. Al igual que México, Chile tomó la iniciativa para ceder discrecionalidad en el manejo de variables que afectan la inversión, con el fin de garantizar reglas de juego estables a los extranjeros y poner el tema por fuera de las veleidades de los gobiernos de turno.



Indecisos

Entre tanto, Colombia se mantiene en una postura indecisa. Sigue supeditada a lo que hagan sus socios andinos. La situación andina fue resumida de la siguiente manera por el Secretario General de la Comunidad, el colombiano Guillermo Fernández de Soto, en un artículo publicado en el diario Portafolio: "¿Sirve la integración, es decir, contribuye para crecer, para exportar, para crear empleo? ¿Es la integración un lastre para algunos países y un subsidio para otros? ¿En un momento en que el mundo se abre, por el impacto vertiginoso e inclemente de la globalización, es útil negociar en bloque, o cada país debe negociar solo, de acuerdo con su propia 'velocidad', tanto económica como política?". Toda esta disquisición para sustentar la tesis de que no estamos en "la peor época" de la Comunidad Andina, sino que "estamos en un momento de transición", que es diferente.

La duda agonizante no es la postura más recomendable para un país que enfrenta un panorama internacional como el de Colombia. Venezuela, que fue nuestro "milagro" exportador en la última década, ha entrado en una crisis sin final a la vista. Por otro lado, cada país latinoamericano que gana acceso preferencial a un mercado grande representa una pérdida de competitividad sustancial para las empresas colombianas. El próximo acuerdo entre Estados Unidos y Centroamérica no solo implica que los países del subcontinente serán mucho más atractivos que Colombia para invertir, al ganar acceso a este enorme mercado (este atractivo también será valorado por los capitales de nuestro país), sino que los colombianos tendrán que competir en Centroamérica con la producción de las empresas de Estados Unidos que entrarán con menores aranceles.

La falta de decisión se traduce también en posturas negociadoras primitivas. Los colombianos seguimos pensando que lo mejor es empezar "cañando", pidiendo lo máximo para ver qué sacamos a partir de ahí. Eso fue lo que se quiso hacer el año pasado, se intentó presentar un arancel agrícola consolidado en el máximo declarado ante la OMC, el cual es superior al vigente. A los estadounidenses, sin embargo, este tipo de posturas no les hacen gracia, y el propio Robert Zoellick intervino para dejar en claro que si esa iba a ser la postura negociadora, Colombia y los andinos podrían olvidarse de acceder a los beneficios del ATPDEA. Colombia retrocedió en el acto.



Ciegos, sordomudos

La falta de capacidad de los colombianos para llegar a una decisión sobre internacionalización tiene grandes costos. Mientras creemos que adoptamos una actitud de prudente expectativa, en realidad estamos retrocediendo. La influencia de las entidades que deberían encabezar la internacionalización se está diluyendo. Los gremios se están rompiendo por las costuras ante este tema, pues las contradicciones entre las cadenas productivas los están dejando mudos, sin capacidad de expresarse en forma clara y, por este camino, sin razón de ser. Los empresarios prefieren hoy pasar por encima de ellos para promover sus intereses ante el Presidente de la República.

Hay que desmitificar el debate sobre la agricultura. Crisis y transformación de la agricultura colombiana 1990-2000, un libro de Carlos Felipe Jaramillo que acaba de aparecer, demuestra que la protección arancelaria sobre la agricultura colombiana siguió siendo muy alta después de la apertura económica. Para 1998, el nivel nominal del conjunto de productos considerado como más sensible en la agricultura estaba en 42%, cuando al comienzo de la década había descendido a 21%.

Como señaló Salomón Kalmanovitz en su comentario en el lanzamiento de este libro, el cambio fundamental fue la eliminación del monopolio de importación del Idema. Muchos empresarios ganaron, pues el cambio hizo posible, por ejemplo, el crecimiento vertiginoso de la industria avícola en el país, y un fenómeno similar que está ocurriendo con la porcicultura. La competencia ha favorecido ramas nuevas como la acuicultura de truchas, cachama, mojarra y camarones, los cultivos de palmitos, champiñones, espárragos, verduras y frutas tropicales.

Este tipo de cultivos, en los cuales Colombia es competitiva en los mercados internacionales, deberían ser el foco de la discusión agrícola. Estos empresarios deberían tener una posición más activa defendiendo sus intereses. El debate no debería estar dominado por los representantes de los cereales, cultivos en los que la competitividad de los países de regiones frías está garantizada en comparación con los países del trópico, pues allá el invierno hace el trabajo que aquí tienen que hacer los pesticidas.

Uno por uno, en todos los grandes temas del comercio, Colombia debería adelantar un debate público orientado por la decisión de acelerar la internacionalización de la economía. En los temas candentes de propiedad intelectual, inversiones, dumping y otros, el gobierno y la comunidad empresarial colombiana deberían formular propuestas realistas y atractivas, para llevarlas a todas las mesas de negociación. Una nueva política comercial tendrá costos, pero lo importante para el país es que estos temas se discutan abiertamente. Como dice Nicolás Lloreda, abogado colombiano de la firma Sidley, Austin, Brown & Wood, de Washington: "En su relación comercial con Estados Unidos, Colombia no puede seguir dependiendo de unas preferencias unilaterales como el ATPDEA. Pero tiene que pensar cuánto le va a costar obtener un TLC".

Con un objetivo claro, es posible avanzar en medio de las numerosas fuentes de incertidumbre que se presentarán en el camino. Si Estados Unidos quisiera un acuerdo bilateral con nosotros, excelente; un acuerdo con Estados Unidos y la preservación de las preferencias arancelarias con Venezuela (que podría darse en el futuro con un acuerdo de libre comercio en lugar de una unión aduanera) sería buen negocio para el país, como lo ha planteado el economista Ricardo Rocha, del Centro de Estudios para el Desarrollo Económico (CEDE), de la Universidad de los Andes. Si lo de Estados Unidos no marcha rápidamente, seguiríamos por el mundo buscando socios. Si el Alca se consolida rápidamente, pues mejor; pero si se dilata, igual mantendríamos la ruta. No se trata de firmar acuerdos comerciales parciales para excluir al resto del mundo, pues eso reduce el bienestar del país, sino de avanzar hacia una apertura cada vez mayor, no solo con América sino también con Europa, pues en ese gran mercado ampliado se obtendrían las mayores ganancias de bienestar, como lo ha demostrado el economista Hernán Vallejo, también del CEDE. Poco a poco, Colombia extendería su acceso a mercados, para convertirse en la plataforma exportadora que debería ser por derecho propio. Esa es la estrategia.
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