| 3/6/2009 12:00:00 AM

Ciencia para el desarrollo

La competitividad del país en el largo plazo dependerá cada vez más de su desarrollo científico.

Los avances científicos representan hitos en la historia en los que las naciones más avanzadas han sabido capitalizar su conocimiento y ponerlo al servicio de su desarrollo económico, a veces sin siquiera pensarlo.

La Revolución Científica es un ejemplo de ello. A partir de entonces, la forma de producción cambió para siempre. Desde la Revolución Industrial, las innovaciones en los métodos y mecanismos de producción no han dejado de reinventarse, aportando cada vez más valor a los frutos de la actividad humana.

En momentos en que en el país acaba de ser aprobada una de las leyes que más impactará la forma en que se desarrolle la investigación científica, la Ley 1286 del 23 de enero de 2009 –Ley de Ciencia y Tecnología–, todo apunta a que en el futuro cercano viviremos uno de esos momentos memorables, como lo fue en su momento la Misión de Sabios.

Y no es para menos, con una ley que busca “fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología y a Colciencias para lograr un modelo sustentado en la ciencia, la tecnología y la innovación, para darle valor agregado a los productos y servicios de nuestra economía y propiciar el desarrollo productivo y una nueva industria nacional”. Esta ley es, en definitiva, una ley para el desarrollo económico y competitivo del país.

La tarea apenas comienza

Aunque la evidencia empírica muestra el enorme potencial que tienen las políticas en ciencia y tecnología; en aspectos como la indexación de artículos científicos de nacionales en el exterior, que en 2005 se acercaban a 900 (ver gráfico), es necesario sentar las bases de lo que será la ciencia en el mediano y largo plazo en el país. Alexis De Greiff, subdirector de Programas Estratégicos de Colciencias, se muestra optimista porque, en su opinión, “la nueva política nacional define una serie de derroteros y pone en la conciencia pública la búsqueda de soluciones a la equidad social”.

De Greiff es consciente de los retos que tiene el país en su desarrollo científico. Por ello afirma que lo más importante será usar el conocimiento para mejorar la equidad. “Las condiciones para los empresarios están dadas”, agrega, al tiempo que declara que más que una idea genial, una innovación es la introducción de productos en el tejido social.
En los años por venir, el país necesitará de una mayor cooperación de las empresas y los centros de investigación científica, así como despertar el interés por la ciencia y tecnología entre los menores y no únicamente a nivel de posgrado, donde se han concentrado los esfuerzos hasta ahora.

Iniciativas como la de Pequeños Científicos, de la Universidad de los Andes, o el requisito de presentación y sustentación de tesis para aspirar al título de bachiller en entidades de educación básica, como el Instituto Alberto Merani, muestran la conveniencia de desarrollar la actividad científica desde temprana edad.
El más grande reto que debe superar Colombia a futuro es lograr la mejor interacción posible entre las diferentes ramas de la actividad científica. Para ello, es necesario reconocer las ventajas de diferentes aproximaciones para enfrentar un problema común, favorecer una mayor cooperación entre las diversas disciplinas e incluir a la sociedad de forma más participativa en las decisiones.
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