Revista Dinero

César Gaviria Trujillo.

| 9/12/2008 12:00:00 AM

César Gaviria Trujillo

Con Cesar Gaviria, el país inició una nueva era. La economía se internacionalizó y las reformas estructurales que se hicieron durante su gobierno cambiaron la forma de hacer negocios en Colombia.

Con Cesar Gaviria, el país inició una nueva era. La economía se internacionalizó y las reformas estructurales que se hicieron durante su gobierno cambiaron la forma de hacer negocios en Colombia. El impulso logrado en materia de competitividad se estancó en los años siguientes, y hoy reclama para el país mayor inversión en infraestructura, así como disciplina fiscal. Es crítico de Uribe, aunque reconoce la importancia de los avances en el tema de seguridad y confianza inversionista. Recalca la importancia de una buena política económica y es enfático en su rechazo al populismo.

D. ¿Cuál es su balance de la economía del país en los últimos 15 años?

El país ha avanzado muchísimo en materia económica. Yo creo que la globalización de la economía colombiana le ha permitido dar al país un salto enorme en materia de ingreso per cápita, de inversión y crecimiento. Obviamente, hubo un período muy difícil entre 1996 y 2002, pero mirado en perspectiva, sin duda, la economía colombiana ha avanzado muchísimo.

D. También, mirando en perspectiva, ¿cuáles han sido los mayores aciertos y desaciertos en materia económica?

Colombia ha tenido un manejo económico relativamente ortodoxo. Yo diría, sin embargo, que cuando nos han cogido las crisis en los mercados internacionales y se han secado un poco los mercados de capitales, los desajustes fiscales y cambiarios han tenido un enorme costo económico. A pesar de la tradición de seriedad, no hay duda de que se han cometido errores, sobre todo porque cuando hay una crisis internacional y la economía está muy desajustada, los costos son enormes.

D. ¿Cómo cuándo?

El país, por ejemplo, no estaba en una buena situación fiscal ni cambiaria en el año 96, cuando se produjo una crisis que se extendió a toda América Latina. Hubo un gran desahorro interno, una gran fuga de capitales y el costo fue la caída del crecimiento en Colombia y en toda América Latina. Las tasas de crecimiento, que van del 95 a 2002, en América Latina son muy malas. Y, tal vez, si hubiéramos estado menos desajustados el costo no habría sido tan alto. El 99 fue un año de alto crecimiento negativo.

D. Entonces, fue una crisis latinoamericana y todos estábamos en la misma situación.

Si, pero, por ejemplo Brasil, al que le pegó más duro la crisis, simplemente paró de crecer y en pocos meses empezó a crecer de nuevo. Nosotros tuvimos una caída del producto de 4%. Le pasó a Colombia, le pasó a Ecuador y le pasó a Venezuela. No le pasó a Perú que tenía una economía en mejor estado.

D. ¿Cuál ha sido el mayor acierto?

Yo diría que el proceso de internacionalización de la economía. Abrir la economía, ponerla a competir y promover las exportaciones sobre la base de abrir la economía. Desde luego, los estímulos para la inversión extranjera y la seguridad democrática han contribuido a que se de un salto en materia de inversión extranjera que es bastante relevante y que tiene mucho que ver con el gobierno del presidente Uribe.

D. Entrando en su gobierno, ¿cuáles eran sus expectativas, y cuáles logró concretar?

Las medidas que se tomaron en materia de apertura fueron anunciadas desde la campaña y no fueron una sorpresa. A eso se sumó que nosotros aceleramos las desgravaciones con Ecuador y Venezuela y, al terminar el gobierno, incluso antes, con Venezuela en el 92, y un año más tarde con Ecuador, prácticamente hicimos realidad lo que era el Grupo Andino. Levantamos las restricciones sin excepciones, y eso logró crear unos mercados que han sido y siguen siendo muy importantes para Colombia.

En materia cambiaria se aligeraron bastante las normas del estatuto 444, y es importante señalar que entonces, el presidente Lleras aprobó esas modificaciones al estatuto. Colombia abandonó ese régimen tan estricto de control de cambios que tenía.

En materia de la participación privada en servicios públicos, gracias a normas consagradas en la Constitución, el país dio saltos muy importantes en materia de concesiones. Desde luego, también se han cometido errores, pero era imprescindible para que el país avanzara en materia de infraestructura.

Es bueno señalar que se dieron cambios políticos con la Constitución que le permitieron a Colombia también gozar de un periodo de confianza y prosperidad y de crecimiento importante. No hay que olvidar que, al terminar mi gobierno, el índice de desempleo terminó por debajo del 8%. En un periodo de cuatro años, logramos la tasa de desempleo más baja que se ha dado en varias décadas y a la que no hemos podido regresar.

D. ¿Cómo se logró?

Yo creo que a diferencia de lo que está pasando ahora, cuando hay tanta inversión en sectores que generan bajo empleo, como energía, carbón y petróleo, en esa época las inversiones se hicieron en áreas e industrias más intensas en mano de obra. Tal vez esa pueda ser una explicación, no será la única.

D. ¿Cuál es la mayor satisfacción y la mayor frustración de su gobierno?

La mayor satisfacción es la Constitución de 1991. Haber podido hacer una Constitución democrática, pluralista e inclusiva, que hizo del respeto por los derechos de los ciudadanos, la feria principal de la Constitución. El significativo fortalecimiento de la justicia, la tutela y la creación de la Fiscalía General de la Nación. Ese es el elemento más sobresaliente de lo que se hizo entonces. Las decisiones económicas fueron importantes, pero el país apreció mucho más las decisiones que se tomaron en materia política.

D. Y, ¿la mayor frustración?

Bueno, uno siempre tiene la mayor frustración en el tema del orden público. Tuve momentos muy difíciles como la fuga de Escobar, que pude contrarrestar después con el total desmantelamiento del Cartel de Medellín y la muerte de Escobar. Tuve momentos muy difíciles como el racionamiento, que fue fruto de circunstancias un poco ajenas al gobierno nacional, pero que hubo que asumir.

D. Pero, ninguno afectó la economía seriamente.

No, la tasa de crecimiento del 92, que fue el año difícil, de racionamiento, no fue alta, pero fue bastante razonable, por encima de 3%.

D. ¿Cuál sería una razón para querer volver a la presidencia?

No, yo no estoy pensando en eso.

D. Bueno, entonces, ¿cuál es la tarea pendiente?

A mi me preocupa que el país en años recientes parecía muy bien enderezado en materia económica, tuvimos un periodo de gran expansión, fruto de la expansión de la economía mundial y también de las decisiones acertadas que el Gobierno tomó en materia de seguridad e inversión. Pero, me parece que todo se está poniendo en peligro. Se está poniendo en peligro porque el Gobierno no ha querido reconocer que las circunstancias cambiaron y quiere mantener exactamente la misma política tributaria de gasto público, y tiene una confrontación con el Banco de la República, absolutamente dañina. En esas circunstancias, el Gobierno está poniendo en peligro sus mismos logros, simplemente porque está en una actitud de negación.

El grado de inversión, por ejemplo, lo dejó ir a punta de esa actitud de no reconocer los cambios económicos y con su confrontación con el Banco de la República. El TLC también lo está poniendo en grave peligro y no por razones de política económica, sino por enfrentamientos con la Corte Suprema, por su confrontación con la Justicia. Son actitudes que en muchos casos tienen que ver más con la forma que con el fondo. Es la actitud beligerante y agresiva del Presidente frente a las otras instituciones.

D. ¿Qué más está pendiente?

El país necesita revisar su política de gasto público, tiene que ver cómo crea un nuevo equilibrio cambiario que trate de promover más las importaciones con mecanismos de mercado. Necesita revisar su estructura tributaria porque en algunas áreas se debilitó de manera significativa en la última reforma. Necesita un superávit fiscal importante, esa es la única manera de frenar la tendencia a la revaluación, tan dañina para tantos sectores. Hay un mundo de cosas por hacer.

Obviamente, en infraestructura, el Gobierno prácticamente se va a blanquear porque sencillamente adoptó una política agresiva contra las concesiones en los primeros años y, cuando se han dado cuenta, adoptaron una política de construcción de obras públicas totalmente clientelista y no pensando en el país y sus necesidades. Se están creando unas limitaciones enormes a la política económica.

D. ¿Cómo se imagina el país en 15 años?

Yo creo que el país va a tener un buen porvenir. Tiene potencialidades enormes, ya las ha demostrado. Pero, hay una cosa sobre la cual no podemos tener dudas. Eso solo se consigue con buena política económica. No es como dice el presidente que hay que preguntarle a cada ciudadano, que hay que oír al pueblo para tomar decisiones económicas. Eso se llama populismo, politiquería. Una política económica seria implica hacer sacrificios, tomar decisiones impopulares. Hacer populismo no es hacer buena política económica, con el perdón del presidente Uribe.

D. Volviendo al equilibrio cambiario, ¿cuál cree usted que es la tasa de cambio que debería tener la economía colombiana actualmente?

Hay un cambio radical de la estructura de la economía por las inversiones que se están dando, y por eso hay que buscar la manera de que el país importe más, para permitirle sobrevivir a las industrias de exportación que tienen más de 60 años y que están en grave amenaza. Pero esto se corrige con decisiones difíciles. Que yo entiendo que no son fáciles, pero hay que tomar

D. Pero, ¿cuáles?

Aquí, el gran peligro que tenemos es que algún día se va a dar un descubrimiento petrolero o gasífero y vamos a volver a tener $300 o $400 menos de tasa de cambio. Yo me pregunto, ¿cómo está preparado el Gobierno para esa eventualidad? Porque si la tasa de cambio que tenemos y hemos tenido ha hecho tanto daño, no me quiero imaginar qué va a pasar con esta economía en el momento en el que, con tanta inversión que se está haciendo, se haga un descubrimiento significativo. El país no se está preparando para esas eventualidades.

D. Y, ¿cuál es la manera?

Hay que buscar un nuevo equilibrio cambiario. Seguir el camino de los países exitosos, similares a Colombia, como Chile y Perú, que tienen una política de comercio exterior más abierta, más agresiva y que tienen superávit fiscal. Pero, aquí no se puede hacer porque el presidente no es capaz de hacer una rectificación, de tomar ninguna decisión que sea impopular y eso es supremamente dañino para el país. Puede ser muy popular para su gobierno, pero muy dañino para la economía del país y para el manejo económico.

D. ¿Cuales son las políticas de Estado que debería tener Colombia para crecer de manera sostenida, ser más igualitaria y aumentar el ingreso per cápita de la población?

El país ha hecho siempre un gran esfuerzo por mantener una política económica seria y aquí el debate económico es un debate relativamente inteligente. Cualquier política debería empezar por dos aspectos fundamentales: infraestructura y programas sociales. En materia de infraestructura son muy pocos los resultados que tiene para mostrar el gobierno de Uribe. En materia social tiene unos programas interesantes que han sido exitosos en otros países. Pero aquí tienen limitaciones grandes. Se hace mucha politiquería y la manera como opera el programa corrompe de manera significativa el sistema político.

El periodo que va del 95 a 2002 fue supremamente frustrante para Latinoamérica. La valoración que mucha gente hizo es que todo lo que se había hecho en los ochenta y los noventa era equivocado. Pero, lo que verdaderamente ocurrió es que todas las cosas que no hicimos bien terminaron costándonos mucho. Es decir, en Latinoamérica existe una tendencia a la sobresimplificación. A creer que los problemas son simples y pocos, y que si uno maneja esos problemas bien, todo lo demás viene por añadidura y va a ser maravilloso. Esa es la enorme diferencia que tenemos con Asia. En Asia hacen muchas cosas bien. Nosotros hacemos unas pocas cosas bien y pretendemos que nos vaya muy bien y esto es imposible. Los asiáticos, en general, tienen Estados muy eficientes que saben hacer las cosas. Nosotros no. Nosotros tenemos muchas deficiencias en el manejo del Estado y nos cuesta mucho, como nos cuestan mucho los errores económicos, los déficits fiscales, los desajustes cambiarios, la falta de estar más comprometidos con la lucha contra la inflación. Esas cosas nos cuestan muchísimo.

D. ¿Usted cree que se deben hacer acuerdos para llegar a tener en el largo plazo un país diferente?

Me parece un ejercicio interesante. Pero a mi lo que me da miedo de esos ejercicios es el escapismo. Por no enfrentar los problemas de hoy, hablemos del mañana, que es una manera para no molestar al Gobierno, para no molestar al soberano, entonces hablemos de dentro de 20 años, y así no hay necesidad de hacer crítica. Yo sí creo que a Colombia en materia de economía le está haciendo mucha falta mucha más crítica, un sector privado muchos más claro, más contundente y un sector político más comprometido en hablar de estos temas.

Para qué nos vamos a poner hablar de 2023 en un país que no es capaz de invertir en infraestructura. Para qué nos ponemos a hacer un ejercicio, que si estuviéramos haciendo bien la tarea, podríamos mirar hacia delante. Pero es que no la estamos haciendo. Un país no llega a US$25.000 de ingreso per cápita, sino con muy buena infraestructura. Con muy buena política social y eso no está pasando. Para hablar del futuro hay que hacerlo bien en el presente, y no se está haciendo.

D. Pero, hay que entrar en la discusión...

Sí, para que nos digan que hay que hacer infraestructura, que hay que tener mejor educación y que se necesita mejorar el sistema de salud. Es una pena que sea la Corte Constitucional la que le tenga que decir al país y al Gobierno que tiene que diseñar un mejor sistema de salud. Es una vergüenza para el país.

D. Bueno, pero usted dijo que el país va a estar bien en 15 años.

Yo espero que vaya a haber rectificaciones importantes. Estoy perdiendo la esperanza de que en el gobierno de Uribe se vayan a dar, porque veo al presidente obstinado en negar la realidad.

Pero, creo que el país se está dando cuenta de que necesita infraestructura; que tiene que ponerle cuidado a los temas del empleo y que el simple crecimiento no resuelve esos problemas. Si hay un crecimiento sesgado hacia sectores que no generan empleo, obviamente se generan los problemas de empleo que se están presentando.
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