| 9/17/2004 12:00:00 AM

Cementos Samper. Como nueva después de 100 años

A lo largo de su historia, Cementos Samper ha sufrido varios períodos de debilidad que casi la llevan a la quiebra. Hoy, opera bajo el mando de una de las cementeras más grandes del mundo.

Desde las 200 toneladas diarias de cemento que producía la Fábrica Cementos Samper en los 30, hasta el millón que producía Industrias e Inversiones Samper a mediados de los 90, la historia de la primera cementera del país ha girado en torno, al menos en parte, a la suerte de sus proyectos de inversión para aumentar su capacidad instalada.

La sociedad familiar Hijos de Miguel Samper explotaba yacimientos de caliza en cercanías de Bogotá desde 1905 y, hacia 1929, abrió la Fábrica de Cemento Samper. Desde su fundación y hasta 1947, la cementera necesitó dos inyecciones de capital e inversionistas nuevos para financiar sus planes de expansión. Después de la última, la familia Samper perdió el control mayoritario.

A comienzos de los años 50, los planes de expansión se vieron truncados ante la imposibilidad de financiarlos. Varias obras se frenaron, entre ellas la expansión de la capacidad de la fábrica de La Siberia hasta 1.000 toneladas diarias.

Con todo, en los años 50 y 60, Cementos Samper aprendió a armonizar sus necesidades de crecimiento con su salud financiera. Al comenzar la década del 50, las deudas por la importación de maquinaria para las plantas hidroeléctricas y otras cosas desbordaban la capacidad financiera de la empresa. Por ello, se reorganizó e implementó una política de inversión y financiamiento más austera. A lo largo de estas décadas, la empresa logró desatascar trabajos que habían estado detenidos por años. Y a principios de los 60, instaló una nueva planta de empaque y distribución y, en 1967, por fin, quedó listo el ensanche hasta 1.200 toneladas diarias de la planta en La Siberia.

Incluso, los años 60 le sirvieron a Cementos Samper para hacer unas compras. Desde los 50, Cementos Samper ya estaba inmersa en otros negocios relacionados con el cementero, como los de minería de carbón y minerales y de generación de electricidad. Pero no todas las inversiones estuvieron relacionadas con el negocio de cemento. La empresa también se convirtió en accionista de Seguros Bolívar y del Banco de Bogotá.

Estas inversiones fueron rentables. Tanto, que en los años 70 le permitieron a Cementos Samper regresar a su negocio central, esta vez en grande. Amenazada por la posible disminución de su negocio industrial, pues sus reservas de materias primas eran limitadas, la empresa decidió construir una planta en la zona de La Esperanza y otra de empaque y molienda en Santa Rosa, ambas en La Calera.

No tuvieron suerte con el ensanche. En 1978 presupuestaron que la obra costaría US$100 millones y duraría dos años. Sin embargo, imprevistos como la reticencia de unos vecinos a vender sus terrenos, duplicaron los tiempos y costos. La Esperanza terminó costando US$180 millones y se demoró cuatro años. A esto se sumó la competencia de Cementos Paz del Río, que en 1982 entró a suplir la sobredemanda de cemento en la zona central del país, donde también operaba Samper. Peor aún fue el endeudamiento externo. Industrias e Inversiones Samper financió casi la totalidad de La Esperanza con créditos externos, dice el ex gerente Carlos Santamaría en su libro "Historia de una gran empresa". La altísima devaluación que golpeó a Colombia a principios de los 80 demolió los estados financieros de la cementera.

En 1984 Samper declaró la cesación de pagos. Sus deudas ascendían a más de $25.000 millones, mientras que sus ventas no superaban los $5.000 millones. La empresa llegó al borde de la quiebra y en 1986 debió declararse en concordato. La firma terminó desmembrada entre sus acreedores y en 1988, el Banco de Bogotá se convirtió en su mayor accionista.

Pero Samper revivió por el repunte en el sector de la construcción a comienzos de los 90 y por la confianza de sus mayores accionistas, que permitió poner en marcha una agresiva estrategia comercial, eliminando intermediarios y brindando un mejor servicio. En ese momento, casi duplicó su producción hasta un millón de toneladas diarias y recuperó el 51% del mercado de Bogotá. En 1995 terminó de pagar sus deudas a los bancos.

Por esta época, la mexicana Cémex, hoy tercera cementera del mundo, buscaba entrar a Colombia comprando marcas reconocidas. En 1996, adquirió Cementos Diamante por US$400 millones y luego Cementos Samper por US$300 millones. Las dos empresas fueron fusionadas y optimizadas para crear Concretos Diamante-Samper. Hoy, Diamante-Samper es la tercera empresa del sector cementero, con ventas de $214.000 millones en 2003, un aumento de 36%, el segundo crecimiento más alto de la industria el año pasado.
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