| 3/28/2008 12:00:00 AM

Calidad sinónimo de competencia

La acreditación de alta calidad de programas y universidades avanza a paso lento pero seguro. Las instituciones de educación superior que han sabido aprovechar las fortalezas de esta herramienta marcan diferencia e impulsan su oferta de maestrías y doctorados.

Poco a poco las instituciones de educación superior han venido entendiendo la importancia de obtener una acreditación que garantice no solo la alta calidad de sus programas de pregrado, sino también del alma máter como un todo. Ha sido un proceso lento de aprendizaje que comenzó con la creación del Sistema Nacional de Acreditación, en 1992. Hasta la fecha, solo 13 universidades, de 124 que hay aproximadamente en el país, están acreditadas institucionalmente. A su vez, 125 entidades educativas han sometido sus programas al proceso de acreditación, entre las cuales figuran 70 universidades, 30 instituciones universitarias, 19 tecnológicas y seis técnicas. En total, ya se acreditaron 677 programas. Una cifra que no es tan alta si se tiene en cuenta que en el país existen unas 3.000 carreras, pero demuestra que se mantiene vivo el interés. De hecho, otros 476 programas están actualmente en proceso de acreditación.

El 'examen' es riguroso. Según el Consejo Nacional de Acreditación, la evaluación de la calidad con miras a la acreditación institucional implica la evaluación integral de la institución como un todo. Esta evaluación se centra en el cumplimiento de los objetivos de la educación superior, en el logro y en la pertinencia social de los postulados de la misión y del proyecto institucional. También tiene en cuenta la manera como se cumplen sus funciones básicas en los distintos campos de acción de la educación superior, en las especificidades de los estudiantes y de los profesores, en el impacto social de la labor académica, en los procesos de autoevaluación y autorregulación y en el desarrollo de las áreas de administración, gestión, bienestar y de recursos físicos y financieros.

Explica el organismo educativo que la acreditación institucional, junto con la de programas, concebidas como complementarias en el aseguramiento de la calidad, pueden jugar un papel estratégico en aspectos tales como la búsqueda de un ejercicio responsable de la autonomía universitaria. Y advierte que dada la relación entre el número de instituciones y el número de programas, el impacto de la acreditación institucional en el sistema global de la educación superior puede ser muy significativo; es decir, marca la diferencia. Se ha podido establecer que las instituciones de educación superior que hacen parte de dichos procesos están comprometidas de diversas maneras con la evaluación de sus proyectos. El análisis sistemático de las fortalezas y debilidades de la institución, enriquecido por la evaluación externa, orienta acciones cuyos resultados son apreciables en el corto plazo.

Y ya hay varios botones para la muestra. Claudia Velandia, directora de planeación de la Universidad de los Andes, cuenta que las instituciones que se han comprometido con este proceso se han visto beneficiadas, especialmente en la mejora continua de sus procesos académicos, de investigación y de medio externo. Explica que una parte fundamental de la acreditación es la autoevaluación realizada por los profesores, estudiantes, directivas, egresados y empleadores que sin duda contribuyen a la mejora de los mismos. "En este sentido, la Universidad de los Andes, que está acreditada institucionalmente y que cuenta con 20 de sus 28 programas de pregrado acreditados, puede reconocer en este proceso una oportunidad para impulsar con mayor dinamismo la ampliación de la oferta de maestrías y doctorados", sostiene.

Explica que el hecho de que cualquier área que haya superado todo el proceso de acreditación de alta calidad ya cuente con la capacidad necesaria para desarrollar un magíster o un doctorado, es una garantía y una ventaja competitiva frente a programas de pregrado de otras universidades que no están acreditadas y que sin embargo lanzan magíster y doctorados. "Eso no debiera permitirlo el Ministerio de Educación", advierte. Hoy, Los Andes cuenta con 28 programas de maestría, 12 programas doctorales aprobados y otros tres en trámites.

En este mismo sentido, en la Universidad del Valle los resultados también saltan a la vista. Según Amparo Granada, directora de autoevaluación y calidad académica, uno de los aspectos fortalecidos a raíz de la acreditación institucional y de programas es que las diferentes facultades buscan renovar permanentemente la oferta para dar respuesta a las necesidades del medio en general. "Vale la pena mencionar la creación de programas, algunos de los cuales ya cuentan con registro calificado para su ofrecimiento; como especializaciones en conservación de la biodiversidad, rehabilitación oral, cirugía de trauma y emergencias, logística, fisioterapia cardiopulmonar y enfermería en cuidado crítico del adulto, así como varios doctorados".

Para la Universidad del Valle, los procesos de acreditación de programas académicos y de acreditación institucional se convierten en actividades de revisión y evaluación de objetivos y de sus logros que involucran a toda la comunidad universitaria. Tal vez uno de los logros de la Universidad durante estos procesos de autoevaluación radica en que toda la comunidad académica participa en ellos, lo que facilita posteriormente las acciones de mejoramiento. Como resultado, la Universidad ha desarrollado proyectos para observar más de cerca problemas detectados, como la deserción estudiantil, el tiempo de permanencia en las carreras y la diversidad cultural. Los resultados de estos proyectos han generado diversos programas, como el de Mejoramiento de Competencias Básicas.

Alberto Jaramillo, director de planeación integral de Eafit, también lo tiene claro: la acreditación es un objetivo y hace parte de los planes de desarrollo de la universidad. "La acreditación nos otorga el reconocimiento de contar con programas de calidad. Comenzamos en el 97 con este proceso y fuimos los primeros en presentar siete programas de manera simultánea para su acreditación. En 2003 recibimos la acreditación institucional", dice. Este proceso también les ha permitido hacer planes de mejoramiento para ampliar horizontes. Por eso, el año pasado hicieron una reforma curricular que incluyó la reducción del tiempo de algunos pregrados y el diseño de nuevas ofertas educativas, como una especialización en biotecnología que está en trámite, una maestría en estudios humanísticos, una especialización en mecánica computacional, una en procesos químicos y biotecnológicos y un doctorado en ingeniería.

Otro parte positivo lo da Miryam L. Ochoa, decana de la facultad de Ciencias de la Educación y coordinadora de los procesos de acreditación de la Universidad Externado. Ella explica que con el modelo del Consejo Nacional de Acreditación se identificaron varios factores portadores de calidad, como misión institucional, profesores, sistematización, procesos académicos, bienestar, organización, administración y gestión. "Estos factores son mundiales. Las universidades que tengan desarrollo en estos indicadores son de excelencia y las ponen a la vanguardia a nivel mundial", dice.



La unión

Un hecho que destaca Ochoa es que la acreditación ha unido a varias universidades del país para trabajar conjuntamente en aras de la calidad académica. Son la del Valle, la UIS, Antioquia, Andes, del Norte, la Javeriana en Bogotá y Medellín, Eafit, Nacional y el Externado. El grupo se creó en 1994 por voluntad de los rectores, frente al reto que representaban los procesos de acreditación. "El 80% de los programas acreditados son nuestros. Por eso ha rendido muchos beneficios. Compartimos fortalezas y tenemos el único programa exitoso de movilidad estudiantil denominado 'Sígueme' que ha beneficiado a unos 3.000 estudiantes de estas universidades. Lo que nos junta es la búsqueda de la calidad y la exigencia, compartimos publicaciones, eventos académicos, investigaciones, profesores y publicaciones", señala la académica.

Por su parte, José Hernando Bahamón, director académico de Icesi, destaca que el proceso de acreditación de alta calidad ha generado en la institución uno de mejoramiento continuo que se ha traducido en mejores profesionales, en el desarrollo de planes de investigación pura y aplicada y en la construcción de modelos de aseguramiento de la calidad; lo que tiene, a su juicio, un impacto positivo sobre la sociedad y las organizaciones. También motivó la migración de especializaciones a maestrías, "que son títulos más reconocidos a nivel internacional", en áreas de la administración como mercados, finanzas y planeación estratégica, entre otras. También hay planes para un MBA y una maestría en ingeniería informática y comunicaciones.

Otra universidad que ha estado comprometida con el proceso es la del Rosario. El vicerrector, José Manuel Restrepo, sostiene que, desde un principio, la institución se alineó con la propuesta del CNA y apoyó algunos de los procesos iniciales y por eso no es extraño que su programa de derecho hubiese sido el primero de su género en el país en ser acreditado. "Le apostamos a ese modelo sobre la base de que era un paso en el proceso de modernización. No se trata de una medalla. Es un escenario de mejoramiento y aseguramiento de la calidad que está atado a planes estratégicos", sostiene. Al igual que las antecesoras, el Rosario ha ampliado su oferta de doctorados como parte de su compromiso con la calidad en áreas como el derecho y la economía, entre otras.

Una visión muy parecida es la que comparte Alberto Roa, vicerrector de la Universidad del Norte, que también le ha apostado a la acreditación de alta calidad, por lo que la institución se ha embarcado en planes de aseguramiento que le han permitido no solo acreditar sus más importantes programas de pregrado, sino también de manera institucional, objetivo que cumplió en 2003. Otras universidades también están comprometidas con este proceso, como la del Cauca, La Sabana, de Caldas, Tecnológica de Pereira, la Nacional, la Fundación Universitaria del Área Andina, Santiago de Cali y la UIS.

La idea es que cada vez más universidades y otras instituciones de educación superior entiendan la importancia que representa la acreditación de sus programas y de sus respectivos claustros para competir por un mercado que demanda cada vez más calidad y mejores profesionales y técnicos, acordes con las nuevas exigencias del mercado laboral. Un segundo paso, que ya han empezado a dar algunas universidades, es el de la certificación internacional, lo que abrirá aún más la brecha entre las que se acercan a las exigencias internacionales de la calidad en la educación en un mundo globalizado y las que no ven más allá de sus propios corredores.
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