| 10/12/2007 12:00:00 AM

Calidad es la clave

Los estudiantes y el país se benefician cuando las universidades deciden mejorar su calidad. ¿Qué piensan sobre esto los estudiantes, el gobierno y los rectores?

El año próximo, Natalia Taborda viajará a China, donde estará por lo menos seis meses. Se matriculará en una universidad para seguir aprendiendo mandarín, un idioma que estudia desde hace un año y medio. "Quiero aprender el lenguaje de los negocios", dice esta estudiante de administración de empresas de Eafit. Cuando regrese al país, como es su plan, quiere trabajar en una compañía cementera o cafetera y seguramente los empleadores se la pelearán porque no solo obtuvo el mejor promedio de su carrera, sino también el puntaje más alto en el examen de Estado de Calidad de la Educación Superior —Ecaes—, un puesto que compartió con dos estudiantes de administración de la Universidad de Los Andes de Bogotá, Juan Daniel Olarte y Juan Camilo Vega.

Los Ecaes se han convertido gradualmente en una medida para las competencias de los estudiantes, lo mismo que en un patrón para comparar la preparación académica que ofrecen los distintos programas universitarios. Todavía hay debates más o menos acalorados sobre su utilización y la interpretación de sus resultados, pero lo cierto es que si se juzga por el grupo que consiguió el mejor puntaje en los Ecaes de junio, la prueba es bastante buena para identificar profesionales que tienen pasión por su carrera, interés por el futuro y una buena formación para destacarse en lo que hacen.

Juan Daniel Olarte es un joven de 24 años nacido en Lima. Ahora organiza sus planes para comenzar su especialización en finanzas o mercadeo con la beca que le dio la universidad por su resultado en el examen de Estado. Piensa abrir en algún momento una empresa propia de servicios de tecnología, después de trabajar en una compañía donde pueda aprender más sobre su carrera.

Juan Camilo Vega con 24 años ya pasó por la China. En 2005 estuvo en Macao, en el sur de ese país, con un programa de intercambio de su universidad. Disfruta la amplitud del campo de acción que le ofrece su carrera de administración de empresas y por eso ahora está listo para trabajar en una multinacional o en un banco de inversión, sus intereses actuales.

Los tres campeones del Ecaes de este año tienen varias cosas en común. De un lado, concuerdan en que sacar un puntaje alto en los exámenes de estado es fundamentalmente una cuestión de actitud. "Fue una meta. Quería que me fuera bien", dice Juan Camilo Vega, quien se propuso desde 2004 hacer una buena prueba. Los tres querían sobresalir en el examen.

También le atribuyen el éxito a su capacidad de análisis. Coinciden en que no es un problema de aprender cosas sino de saber aplicar sus conocimientos. "Al que mejor le va no es al come-libros sino al que tenga el pensamiento lógico más desarrollado", dice gráficamente Natalia Taborda.

Por eso, como lo señala la estudiante paisa, "el Ecaes evalúa las competencias en sus tres dimensiones: saber, saber hacer y ser (actitud)".

El debate
Pero a pesar de que los exámenes parecen mostrar que hay relación entre los resultados y las calidades de los estudiantes, los rectores de algunas universidades desconfían de los resultados. "¿Qué es lo que se pretende evaluar en un profesional, el conocimiento o la capacidad de aprender?", se pregunta Bernardo Rivera, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Universidades, Ascún, transmitiendo esas preocupaciones. Piensa que el examen es demasiado específico. "No hay un examen para ingenieros, sino para ingenieros agrónomos. Por eso no puede medir las especificidades de cada institución", afirma. "A lo que debíamos llegar es a un sistema que mida las competencias de un profesional", agrega.

Señala además que el método de medición no permite comparar los resultados de años distintos. Por último, agrega que aún hoy no está claro para las entidades si la presentación del examen es obligatoria para todos los estudiantes.

Margarita Peña, directora general del Icfes, entidad encargada de manejar la metodología de los Ecaes, reconoce que algunos de esos problemas existen. Los Ecaes pretenden evaluar a la vez la calidad de la educación superior y la de los programas. "Esos objetivos pueden no ser convergentes", dice. Mientras la evaluación de programas necesita datos muy específicos de cada área, la de la calidad de la educación necesita que los resultados sean comparables entre carreras. "En esto hemos encontrado falencias solucionables. Es cierto que una ingeniería no es comparable con otra ingeniería", añade. Los problemas se explican en buena parte porque el examen es muy reciente.

Pero, de otra parte, afirma que los resultados sí son comparables en el tiempo, aunque están haciendo cambios técnicos para que en el futuro la comparación sea más precisa.

Además, confirma que los exámenes son obligatorios para todos los estudiantes, aunque el incumplimiento de esta disposición no tiene sanciones claras. Es una norma sin dientes.

La sentencia de la Corte Constitucional sobre los Ecaes no afecta para nada la realización de las pruebas hasta diciembre de 2008, ni cambia la obligatoriedad de presentarlas, explica. En esencia, el alto Tribunal encontró que la reglamentación de los Ecaes no la podía dejar el Congreso en el Ejecutivo sin haber establecido una reglamentación marco. Por eso le dio al gobierno el límite del 1º de enero de 2009 para pasar por el congreso una ley con las condiciones generales para los Ecaes; sin embargo, la norma vigente no deja de aplicarse hasta esa fecha.
 
"Vamos a hacer los Ecaes en noviembre y los del año entrante sin ningún cambio", afirma la directora del Icfes. "El fallo es muy claro en el sentido de que se mantiene el sistema", reafirma el viceministro de Educación Superior, Gabriel Burgos.

No obstante, aunque haya asuntos por revisar en el método, lo cierto es que cualquier economista o administrador puede probarles a los rectores que la información sobre los programas y su calidad es un bien que trae beneficios para los estudiantes y las universidades. Los mejores programas tienden a atraer los mejores investigadores y profesores. De manera que, promover la calidad, es un asunto vital para la supervivencia de las universidades.

Además, los Ecaes tienen un gran respaldo. "Involucraron a buena parte de la comunidad académica en su construcción. Eso le da muchísima legitimidad", afirma Margarita Peña. Estos puntajes son útiles y se harán indispensables incluso aunque la ley no los hiciera obligatorios. Algunos postgrados y unas empresas los exigen como requisito de ingreso.

Calificar a los calificadores
La mayoría de las universidades están convencidas de la necesidad de acreditar sus programas. "La acreditación es una expresión de la calidad", dice Bernardo Rivera, director ejecutivo de la Ascún.

La acreditación es voluntaria, pero todos trabajan por conseguirla. "No conozco la primera universidad que no esté haciendo la acreditación", afirma. Sin embargo, el proceso no es sencillo. En diciembre había 419 programas y 12 universidades acreditadas, porque conseguir mejoras en calidad requiere inversiones cuantiosas. Además es temporal, lo que plantea un gran reto de actualización que también es costoso. De hecho, Bernardo Rivera no cree que todas las universidades colombianas lleguen al nivel de la acreditación internacional.

A veces el reto está en focalizar la inversión. "El 90% del proceso tiene que ver con la calidad de los profesores", asegura Álvaro Zerda, decano de economía de la Universidad Nacional. Las universidades más ricas ofrecen más recursos, pero si no cuentan con docentes de buena calidad para transmitir conocimiento, no desarrollan pedagogías intensivas e invisibles y sus contenidos no están actualizados, el esfuerzo no sirve.

Sin embargo, lo mismo que en el caso del Ecaes, en la acreditación internacional hay rectores menos interesados en el tema. "La discusión es sobre quién certifica al certificador. Es el eje del debate", dice Rivera. "Tenemos desconfianza de los acreditadores", dice. Por eso algunas universidades argumentan que están esperando a que alguna entidad avale las certificadoras antes de someterse a su escrutinio.

Otro punto que algunos no comparten es la ponderación de los elementos que se califican en la acreditación "La universidad tiene cuatro dimensiones: formación, investigación, proyección y el administrativo y financiero. Uno podría darles el mismo peso o ponderar una dimensión más que otra". Hay rectores que no están de acuerdo con la importancia que se le da a algunos factores.

Por ahora, Colombia está en la tarea de conseguir una acreditación internacional para el Consejo Nacional de Acreditación. "Es un tema de vital importancia en este momento", dice el viceministro Burgos.

Lo más importante de las acreditaciones es que se puedan homologar los títulos colombianos en otros países. "Colombia ya tiene convenios con México y Argentina. Los títulos de instituciones acreditadas se homologan automáticamente", explica el funcionario.

A pesar de no estar de acuerdo con algunos elementos, Ascún propicia los procesos de calidad y acreditación. "Somos críticos de los sistemas pero les estamos apostando", señala el director de la asociación.

Pertinencia
Pero, ¿los alumnos que están formando las universidades les sirven a los empresarios y a los que quieren seguir en la academia? Esa pregunta tan vieja podría tener respuestas nuevas.

De un lado, los empresarios tradicionalmente se han quejado del sentido teórico de la educación superior. Desde hace años han esperado una formación más práctica y efectiva, dice Guillermo Carvajalino, director ejecutivo de la fundación Empresarios por la Educación. Esto se soluciona abriendo la universidad hacia la empresa o hacia los programas de postgrado para que haya menos 'costuras' entre ellos.

Como problema similar, recuerda que uno de los puntos críticos para la deserción escolar ocurría cuando se cambiaba de sistema y de plantel para pasar de 5º a 6º grado. Esto se resolvió cuando el gobierno conformó la escuela única, que minimizó el impacto de ese cambio de curso. Los colegios y las universidades, las universidades en pregrado y posgrado y las empresas son realidades educativas distintas. "No hay diálogo entre universidad y colegio", dice el ejecutivo.

Una forma de acercar la universidad a la empresa, y por esa vía mejorar la pertinencia de la formación y la investigación, está en el asocio de la universidad, la empresa y los gobiernos locales. Margarita Berrío, vicerrectora de extensión de la Universidad de Antioquia, encabeza el programa más avanzado del país en esta materia. Tienen planes de investigación conjuntos con el sector privado, un parque de emprendimiento y profesores en año sabático trabajando en empresas. Su experiencia se está copiando en otros sitios del país.

Otra manera de hacer las cosas es incrementar la información laboral. Hoy por hoy hay una enorme demanda de ingenieros y de enfermeros en el mundo, pero el interés de los estudiantes colombianos en estos campos es escaso.

Los retos son interesantes y al menos se siente en el entorno que en las universidades las cosas se mueven hacia la mejora en calidad y pertinencia de la educación. Es una buena noticia para todo el país.
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