| 7/20/2006 12:00:00 AM

Caldas, Risaralda y Quindío: A la sombra del café

Los departamentos del eje cafetero se desarrollaron gracias a la cultura cafetera, pero hoy las actividades no agrícolas toman cada vez más fuerza en la zona.

Los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío dependieron hasta hace poco de una manera fundamental del cultivo del café, que se instaló en el siglo XIX y se consolidó en el XX. Según lo refiere Carlos Ariel García, en 1880 había en Manizales y Pereira, apenas 19 establecimientos industriales a escala artesanal: dos tenerías, tres zapaterías, cuatro talabarterías, tres trapiches para la producción de azúcar y seis para la producción de panela, y un taller para la fabricación de cobijas. Con el desarrollo del cultivo del café y del cacao, aparecieron las primeras trilladoras y pequeñas fábricas para la producción de chocolate.

Hoy tienen espacio grandes actividades empresariales no agrícolas. Quindío se concentró en el turismo, Risaralda en comercio e industria y Caldas en industria y servicios. ¿Cómo se transformó esta región? Es una historia interesante que además es ejemplo de los procesos que moldearon el desarrollo empresarial del país en los últimos 150 años.

Caldas, los pioneros
Los movimientos en las rutas de comercio, los ciclos internacionales en los precios del café y las ayudas de gobierno modificaron la historia empresarial caldense desde su inicio.

A finales del siglo XIX, comenta Guillermo Trujillo, ex presidente de la Corporación Financiera de Caldas, la salida y la entrada de mercancías a parte de Antioquia y al sur del país, desde el Valle hasta Nariño, se hacía por el Río Magdalena hasta Honda y desde allí, pasaban por Manizales. "No se había abierto el Canal de Panamá, con lo que Buenaventura no era importante, ni funcionaba el Ferrocarril de Antioquia hasta Puerto Berrío", señala. Esto hizo que Manizales fuera un cruce de caminos que le permitió crecer aceleradamente. Además de esto, el cultivo de café, que según Mariela Márquez fue iniciado hacia 1864 por Eduardo Walker, acrecentó el consumo en la región.

Al inicio del siglo XX vino una fuerte expansión del cultivo del café movido por la bonanza de precios de la década de 1890. Esto capitalizó a los empresarios rurales, propietarios en su mayoría de fincas pequeñas, y facilitó la conformación de algunas industrias artesanales como "el primer taller de fundición para la fabricación de herramientas agrícolas y la reparación de molinos de caña y trilladoras"1.

En esa primera expansión industrial, Enrique Cardona Mejía, Leonidas Villegas y Luis Jaramillo Walker fundaron Chocolate Luker en 1906, que luego como Casa Luker se convirtió en una de las empresas más importantes de Caldas. El nombre se conformó con la dirección telegráfica de Walker, usando el 'Lu' de su nombre y las tres últimas letras de su apellido. La Luker, como lo hizo en Bogotá la Fábrica de Chocolates Chaves desde 1887, masificó el consumo de esta bebida que en la Colonia había estado reservada a las clases altas. Hasta ese momento, el chocolate se hacía en las casas o en muy dudosas condiciones de higiene.

Cardona venía de conformar en Antioquia tres empresas productoras de chocolate y algunas de sus plantas fueron incorporadas luego a la Compañía de Chocolates Cruz Roja, hoy la Nacional de Chocolates.

En 1919 se constituyó la Compañía de Hilados y Tejidos de Caldas, la primera fábrica manufacturera en Manizales, que inició actividades en 1921.

Una baja en los precios del café en 1920 quebró un gran número de firmas. A partir de ese momento, se consolidó una actividad de sustitución de importaciones de bienes de consumo, movida por los grandes importadores. Se abrieron fábricas de textiles, cerveza y fósforos, que perduraron como parte de lo que hoy se podría caracterizar como la huella digital de la industria local. Algunos de estos sectores fueron muy exitosos. "Caldas, con El Rey y otras tres fábricas, fue el Detroit de los fósforos en Colombia", señala Trujillo.

Otra de las grandes revoluciones empresariales de la región está asociada al nombre del inglés Thomas Miller, que vivió en Mariquita (Tolima), y fue el principal gestor del cable aéreo, un medio de transporte audaz que permitía mover carga —principalmente café— y pasajeros entre Manizales y el Río Magdalena y que comenzó a operar en 1922. La utilización de su capacidad superó el 70%, llegando en algunos años al 96%2. El cable reemplazó a 10.000 bueyes que los grandes empresarios de la arriería de la época tenían dispuestos para la actividad. El éxito del primer cable motivó su expansión a otros lugares de Caldas y Santander y facilitó el comercio de mercancías.

La reducción en los fletes de carga hasta el Magdalena mejoró la competitividad de las fincas cafeteras familiares caldenses que ya operaban con costos bajos y esto propició una de las grandes transformaciones de la caficultura nacional, porque hizo declinar casi hasta su desaparición, el modelo de la gran propiedad rural que estaba bien establecida en lugares como Cundinamarca. En ese período, Caldas ganó participación en la caficultura nacional y el modelo de pequeñas propiedades rurales perdura hasta hoy.

Hasta ese momento, Manizales conservaba su naturaleza de nodo del sistema vial del país, porque allí convergía una gran cantidad de caminos y carreteables. "A partir de 1925 esto se empezó a revertir y se comenzó a generar un aislamiento del resto del país", señala García. En 1929, la red ferroviaria conectó a Bogotá con el occidente del país y con Buenaventura a través de Ibagué, y marginó a Manizales del panorama.

Entre 1920 y 1930, por el alza en los precios del café de 1924 a 1927, se establecieron muchas pequeñas empresas que luego se liquidaron en la crisis de 1929 y en los primeros años de la Depresión. El desarrollo industrial de la zona se estancó en esa época, porque según los analistas regionales, sufrió una especie de 'enfermedad holandesa' que favoreció la producción de café sobre todas las demás actividades. La mayor productividad de sus tierras frente a las antioqueñas y el comercio sencillo por Buenaventura y el Canal de Panamá mejoraron las condiciones para el cultivo y su exportación. Esa prosperidad convirtió a Manizales en la cuarta ciudad más grande del país.

Además, los excedentes de los exportadores de café no se reinvirtieron en industria, sino como sospechan los analistas, se gastaron en importaciones de bienes de consumo suntuario y en bancos que sacaron los capitales de la región. Sobre este último fenómeno, Trujillo señala que la creación del Banco de la República en 1923 pudo haberle restado posibilidades de financiamiento a Caldas, porque les quitó el manejo de las divisas a los grandes exportadores. "Ellos eran el banco central del pueblo", afirma.

Entre 1930 y 1940, la industria se dedicó en su mayoría a la producción de bienes de consumo, principalmente alimentos, bebidas y prendas de vestir. A partir de 1945, con el modelo de sustitución de importaciones, se movió a la manufactura de bienes intermedios, pero esta tendencia se revirtió en los 50. El segundo censo de la industria manufacturera del Dane en 1953, citado por García, señala que la fabricación de alimentos y bebidas generaba algo más del 85% de la producción de la industria local.

De esta época, el economista Lauchlin Currie dice que el desarrollo industrial de Caldas "ha sido desconsolador", y lo atribuye a los altos costos de transporte a los principales centros de consumo, a la falta de materias primas dentro del departamento, a la carencia de energía abundante y barata y de la competencia por la mano de obra, producida por la gran prosperidad de los cultivadores. "Estos factores pueden explicar la preferencia aparente de caldenses pudientes que prefieren invertir su dinero fuera del departamento", decía3.

De esta fase de estancamiento se salió a finales de los 50 con la conformación de Tejidos Única, y de fábricas de metalmecánica como Iderna, Incolma y Herragro y luego en los 60 con la Corporación Financiera de Caldas. La conformación de la entidad financiera generó un nuevo cambio hacia la producción de maquinaria, de bienes intermedios y de alimentos de exportación. La Corporación no solo ayudó en la conformación de más de 40 empresas, sino en el rescate de otro número importante de ellas que resintieron en la crisis del 98, que tocó con tanta fuerza a la región y acabó con Única, su empresa insignia. La corporación se liquidó en los 90 y se convirtió en un fondo de administración de inversiones en empresas, sin captaciones del público.

En 1985 y 1999, las exenciones tributarias para los municipios afectados por la erupción del Volcán del Ruiz y el terremoto de Armenia dieron nueva vitalidad a la industrialización regional. Con los incentivos del volcán se crearon o fortalecieron Tablemac, la Fábrica de Café Liofilizado, Decafé, Manilit, Tecnigres, Madeal, Progel y Pasicol y se cerró la compra de Incorsa por Philips (hoy está en manos de la mexicana Mabe). Se crearon cerca de 500 empresas, muchas de las cuales desaparecieron o regresaron a su lugar de origen cuando terminaron los beneficios, pero se consolidaron los sectores en los que ya el departamento había mostrado tener vocación: metalmecánico, textiles y confecciones y aparecieron algunas de químicos y plásticos.

La industria de Caldas tiene una historia variopinta. Al lado de la exitosa y centenaria Luker, y las más recientes exitosas Súper de Alimentos, o Madeal, hay datos de mortalidad empresarial que, según Eduardo Arango Restrepo, han sido en promedio de 85% y una tasa de creación de apenas 2,7 empresas industriales por año. Junto a la Fábrica de Café Liofilizado, se da la desaparición de grandes emprendimientos como los cables aéreos o la aerolínea Aces. Ahora en un entorno de precios de café más bajos, el reto nada fácil parece estar en pensar cómo reinventar la caficultura, y a la vez cómo desarrollar la industria y los servicios en un lugar que no tiene grandes ventajas de localización.
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