| 9/26/2008 12:00:00 AM

¿Bogotá: una ciudad sostenible?

Bogotá se está preparando para ser una ciudad sostenible en 2038, año en que se cumple el quinto centenario de su fundación. La autosuficiencia energética, alimentaria y de suministro de agua van por buen camino pero la infraestructura de transporte y vivienda requieren mayor atención.

Si la población sigue creciendo al ritmo que lo está haciendo actualmente, en 30 años Bogotá tendrá 14 millones de habitantes, casi el doble de los que tiene hoy en día. Un incremento en la población que podría sumergir a la ciudad en el caos si no se hace una planificación urbana adecuada, y no se empiezan a asegurar desde ya las fuentes de abastecimiento de servicios y de alimentos.

Durante la segunda versión de "Bogotá 2038: Foro por una Ciudad Global", organizado por las revistas Dinero y Semana, autoridades locales y expertos internacionales y nacionales analizaron el tema de la sostenibilidad de Bogotá con miras a su cumpleaños número 500. La conclusión del foro, y de las entrevistas que realizó Dinero con los dirigentes que lideran las empresas y las entidades que tienen a su cargo las áreas críticas de la ciudad, es que en aspectos como abastecimiento de energía, agua y alimentos, la ciudad ha avanzado, pero hay otros temas críticos como infraestructura de vivienda y de transporte en los que las autoridades tienen que trabajar muy duro para poder garantizar la sostenibilidad de Bogotá en los próximos años.

En el ranking de las mejores ciudades para hacer negocios en América Latina que publica la revista chilena América Economía, Bogotá pasó de ocupar el puesto 13, en 2000, a ubicarse en la octava posición este año, gracias a sus mejoras en estabilidad política y económica, su creciente dinamismo económico, las reformas institucionales y de mercado, el estancamiento de sus competidoras, el capital humano emergente y su poder de marca al alza. De acuerdo con Felipe Aldunate, director editorial de la revista América Economía, Bogotá, Lima y Ciudad de Panamá, se encuentran en el grupo de las ciudades emergentes, aquellas que han crecido sostenidamente en los últimos años. Pero Bogotá tiene ventajas importantes frente a sus competidoras en temas como la seguridad energética y la sostenibilidad de la matriz eléctrica, que son determinantes para las empresas.

Por su parte, el alcalde mayor de Bogotá, Samuel Moreno, hizo énfasis durante el foro en que el Plan de Desarrollo "Bogotá Positiva" busca construir las bases de la ciudad del futuro, sobre los pilares de la habitabilidad y la sostenibilidad, de acuerdo con las necesidades actuales y futuras de la población de la ciudad y de la región. Para ello, el Plan se fundamenta en el reconocimiento y restablecimiento de los derechos básicos, humanos y ambientales, con el fin de derrotar la pobreza y la segregación y alcanzar mejores niveles de calidad de vida y bienestar, garantizando el acceso a recursos y bienes y servicios, de manera equitativa y sostenible.

La sostenibilidad de una ciudad comprende múltiples factores, entre los que se destacan la organización de su suelo (vivienda, movilidad e infraestructura, entre otros), la provisión energética, de agua y de alimentos. Dinero habló con expertos y autoridades en estos temas para hacer el balance presente e indagar sobre las perspectivas futuras de Bogotá en estos aspectos.

Panorama promisorio en energía eléctrica y gas natural

En Bogotá vive el 21% de la población colombiana, la capital participa con el 28% del Producto Interno Bruto (PIB) de la Nación y consume el 24% de la energía eléctrica del país. En este escenario es imprescindible pensar en la planeación que se está haciendo en la ciudad para mantener su oferta energética futura. En este sentido, Astrid Martínez, presidente de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), expresa su preocupación por la falta de un estudio de prospectiva para la ciudad. Según la presidente de EEB, la planificación en el tema energético se realiza en escenarios de mediano plazo, diez años como máximo, pero actualmente se ha evidenciado la necesidad de contar con un estudio de más largo plazo y, por ello, en asocio con Codensa y la Secretaría de Planeación Distrital, se están formulando las bases para desarrollar dicho estudio en un horizonte de 30 años, es decir, con miras a 2038.

La planeación de la oferta energética en el largo plazo no es una tarea fácil, principalmente por cuenta de los cambios que puede acarrear el descubrimiento de nuevas fuentes energéticas o el mayor impulso a la utilización de fuentes de energía sustitutas, dadas las necesidades ambientales que cambian con el tiempo. De hecho, según la EEB, el estudio de prospectiva de más largo plazo en Colombia fue realizado en 1982 por el Ministerio de Minas y Energía, el Departamento Nacional de Planeación y Fonade, para el conjunto del país. El estudio revela la dificultad de hacer pronósticos acertados en el largo plazo: las estimaciones del mismo para el año 2000 ubicaban a Colombia en un escenario de un país importador de gasolina, Acpm y kerosene; se esperaba que el cocinol continuara siendo usado de forma regular como fuente de energía para la cocción de alimentos; las reservas de gas natural del país se agotarían y no se hacía mención de otros combustibles limpios.

La imprecisión de las estimaciones en el tema es tal, que en dicho estudio la demanda proyectada fue sobreestimada en 46% promedio para el periodo 1985-2000; las señales erróneas de la demanda proyectada frente a la real justificaron el aplazamiento de nuevos proyectos de generación en los ochenta; y la imprevisión, los errores en planeación, la demora exagerada en los proyectos y los problemas financieros del sector, entre otros, terminaron desencadenando el racionamiento de 1991-1992. Así mismo, el Plan Maestro de Masificación del Gas, emprendido por Ecopetrol en 1997, permitió sustituir el consumo de cocinol por gas natural. Por otra parte, Colombia se rezagó frente a otros países en el uso de combustibles limpios para el transporte.

En 2038, con tasas de crecimiento de la economía del orden del 5% anual, en 30 años el PIB y las exportaciones se cuadruplicarán y se estima que la población aumentará en 4,8 millones. Así, en la EEB consideran que, suponiendo un crecimiento promedio de 3,9 % anual, la demanda de energía eléctrica se triplicaría y, suponiendo un crecimiento promedio anual de 5,1%, en 2038 se cuadruplicaría el consumo. "Bajo estos escenarios y, teniendo en cuenta que el 93% del potencial hidroeléctrico del país está sin explotar, con todo lo demás constante, en Bogotá no hay por qué preocuparse por el abastecimiento energético", afirma la gerente de la EEB.

Agua: prudencia en su consumo y conservación del medio ambiente

El agua de Bogotá proviene de la denominada red matriz de Bogotá, compuesta por el sistema Chingaza (cuencas de los ríos Chuza, Guatiquía y Teusacá), el sistema Tibitoc (cuenca del río Bogotá) y el sistema Tunjuelo (cuenca del río Tunjuelo). Esta red de abastecimiento genera el 60% del agua consumida en el país y el 70% de las centrales hidroeléctricas nacionales. Tan solo Chingaza abastece a 11'400.000 habitantes en Bogotá y otros 15 municipios.

En la actualidad, según datos de la Empresa de Acueducto de Bogotá (EAAB), la capacidad instalada en esta red matriz es de 31,5m3 por segundo y el consumo de Bogotá es de 14,5 m3, mientras en 1994 era de 17,99 m3. Los hábitos de consumo de los bogotanos cambiaron con la concientización acerca de la necesidad de reducir su consumo, que tuvo sus inicios en la primera administración de Antanas Mockus. Al respecto, el gerente de la EAAB, Jorge Enrique Pizano, comenta: "el consumo actual de Bogotá es el mismo de hace 23 años, el racionamiento de 1997 causado por la disminución de la oferta de Chingaza favoreció la conciencia ciudadana".

Con miras a 2038, el Plan Estratégico de la EAAB se centra en el acercamiento al ciudadano: "hoy hay más y mejor información que permite hacer control por parte del ciudadano", afirma Pizano. En cuanto a la infraestructura en el futuro, la EAAB tiene pensado aplazar las obras que han generado polémica recientemente y busca impulsar el uso de equipo de bajo consumo, como los sanitarios de doble descarga. Además, se encuentran desarrollando mejoras en el ciclo integral del agua, esto es, lograr un mejor manejo y aprovechamiento desde los páramos hasta el tratamiento de aguas residuales para otros usos.

Por último, un menor impacto ambiental se logra en la medida en que se maneje el ciclo integral del agua con responsabilidad y para ello la EAAB está implementando la estrategia de 'PIE firme con la gestión': Policía ambiental, Ingeniería y Educación al ciudadano. Esta estrategia contempla planes de prevención, innovación y evaluación y la inclusión de grupos de interés mediante un trabajo de acompañamiento a las familias que pierdan sus recursos, de la mano de acciones de la policía ambiental que garanticen que no se deterioren las fuentes.

Vivienda: urgencia en la planeación del desarrollo urbanístico

El proceso de revisión del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que se adelanta en la actualidad rescata las conclusiones de la "Carta de las Ciudades Europeas hacia la Sostenibilidad", aprobada por los participantes a la Conferencia Europea sobre Ciudades Sostenibles, celebrada en Aalborg (Dinamarca) en mayo de 1994, en lo concerniente al impacto de las ciudades, al rescatar que "las ciudades tienen una función determinante en el proceso de cambio de los modos de vida, de la producción, del consumo y de las pautas de distribución del espacio". Aquí se expresa el motivo de dicha revisión, al plantear su enfoque de Construcción Social del Territorio que busca garantizar la construcción colectiva de la ciudad, mediante reglas del juego transparentes y legítimas que generen apropiación social de los resultados.

En lo relativo a vivienda, más allá de hacer propuestas de construcción de viviendas de interés social, el POT debería hacer un estricto examen de las condiciones de expansión habitacional de la ciudad que permitirán albergar a la creciente masa de residentes en Bogotá que, de acuerdo al crecimiento de la población durante los últimos diez años, rondaría los 14 millones en 2038. El tema cobra relevancia si se tiene en cuenta que la Secretaría Distrital del Hábitat proyecta que en 30 años la ciudad sea compacta y densa, y que para ello se están definiendo límites estrictos de expansión territorial de Bogotá.

La dificultad de pensar en la evolución de Bogotá como una ciudad compacta y densa la expresa el urbanista Samuel Jaramillo, profesor e investigador de la Universidad de los Andes, al resaltar que imponer límites a la ciudad implica planeación. El investigador explica que hay dos modelos de urbanismo posibles: la suburbanización y la densificación. El primero de ellos, aplicado principalmente en ciudades estadounidenses, ha demostrado ser ineficiente por incrementar los tiempos de desplazamiento en las actividades diarias, lo que trae consigo una mayor utilización de vehículos particulares como modo de transporte y el consiguiente aumento en el consumo de combustible y los problemas ambientales que esto implica. El segundo, aunque no genera dichas externalidades negativas, debe planearse adecuadamente para evitar congestión de zonas residenciales y porque los efectos directos se traducen en incrementos del valor del suelo urbano.

En este último aspecto, el consultor Eduardo Pizano, ex ministro de Desarrollo, plantea escenarios de construcción vertical que muestran cómo, a mayor altura, una edificación ve incrementados sus costos más que proporcionalmente de acuerdo al valor del metro cuadrado de terreno en el que se esté construyendo. Así, mediante un modelo de crecimiento diversificado de la ciudad, el precio de una vivienda unipersonal de 43m2 puede pasar de un valor final de $27,7 millones para una casa, a un valor de $62,3 millones si esta misma área es construida en una edificación de 10 pisos.

Los problemas son múltiples, tal y como lo documenta el constructor Sergio Mutis, ex presidente de Fedelonjas, al mostrar la tendencia de las viviendas de sectores de bajos recursos de la ciudad a ampliarse verticalmente, mediante la construcción de pisos superiores sin una estructura pensada para tal fin y los consecuentes riesgos que esto conlleva en resistencia sísmica, por citar un caso importante.

Estos son temas que deben estar sobre la mesa en la planeación urbana de la ciudad si se tienen en cuenta que, según Oscar Molina, secretario de Planeación Distrital, se ha definido y delimitado en 6,8% el área de expansión de Bogotá.

El modelo de seguridad alimentaria

"Bogotá es pionera en Colombia y en América en el desarrollo de una política de abastecimiento alimentario y está siendo mirada desde el exterior actualmente", con estas palabras Eduardo Díaz, director del programa "Bogotá Sin Hambre", define el alcance de un programa que se inició como un juego de palabras del ex alcalde Luis Eduardo Garzón en respuesta a las políticas previas de Bogotá sin carro que se adelantaron en la ciudad. El enfoque que le ha dado la ciudad al tema de la alimentación es decisivo, en la medida en que parte del derecho fundamental a la alimentación.

La planeación de Bogotá se ha generado fundamentalmente desde su interior pero el enfoque alimenticio abarca necesariamente la ruralidad. El actual programa en este sentido se ha denominado "Bogotá Bien Alimentada" y se enmarca dentro de la política de desarrollo rural de Bogotá. Entre las novedades que presenta el esquema actual es importante resaltar la inclusión de factores de salud, lo que llevó al surgimiento en la ciudad de la política de seguridad alimentaria y nutricional.

En términos de abastecimiento, Bogotá cuenta con una ubicación geográfica privilegiada por estar ubicada en el trópico y hacer parte de la región andina del país. Esto le permite tener en sus proximidades gran variedad de pisos térmicos, lo que hace que la disponibilidad de alimentos esté garantizada. No obstante, prevalece un cuello de botella: el acceso. Las dificultades de acceso a los alimentos no se presenta por problemas de distribución; Bogotá cuenta con una amplia red de tiendas con presencia en todo su territorio. Se da por el tema de costos, dado que, con las condiciones actuales, la excesiva intermediación hace que el acceso a los alimentos sea excluyente por la vía de los precios.

Por ello, el distrito ha implementado el Plan Maestro de Abastecimiento de Alimentos y Seguridad Alimentaria de Bogotá, en cabeza de Arturo Ospina, director de economía rural y abastecimiento alimentario de la Secretaría de Desarrollo Económico. En él se articula la política para la ciudad con un enfoque de Bogotá región y de nutrición. Ospina, citando una reciente investigación, afirma que "una reducción de 1% en desnutrición representa una disminución de 3,1% en pobreza" y agrega que por ello es vital la nutrición de los niños. El Plan viene trabajando tanto en el sector rural de Bogotá, como en sectores rurales más distantes, al tiempo que se adelanta un exhaustivo levantamiento de datos de las cadenas de distribución para optimizar procesos, mediante acceso a la información, buscando principalmente que agentes especuladores del mercado pierdan su razón de ser.

Movilidad: la piedra en el zapato

En una ciudad hay tres actores principales entre los cuales se desarrollan enormes tensiones: la sociedad, las compañías privadas y el medio ambiente. El medio ambiente es una fuente de recursos para las compañías, que están cada vez más obligadas a protegerlo, lo que se ha convertido además en una oportunidad de negocios. Adicionalmente, las compañías dependen de los habitantes de la ciudad, tanto por la mano de obra que ofrecen como por el consumo que representan. Esto hace que en el largo plazo los tres actores deban estar en equilibrio y por ello las políticas que se tomen en cualquier ámbito deben incluir las tensiones que se generan alrededor de estos tres actores.

Es así como, la planificación sostenible de la infraestructura de transporte de una ciudad tiene que ser de largo plazo y cuidarse de no dar señales en el sentido de estar alejandose de su meta. Por ello, como explica Edgar Blanco, director ejecutivo del Center for Transportation and Logistics de MIT, más que discutir acerca de la conveniencia de construir un metro, ampliar las vías para los carros particulares o encarecer el uso del espacio público, lo importante es que la política que se estime adecuada implementar debe ser de largo plazo y el esfuerzo debe estar enfocado en procurar no alejarse de la meta fijada: "es un acuerdo social", afirma. Blanco cita como ejemplo lo que se hace en California, Estados Unidos, "es un estado alineado con una política sostenible, independiente del político de turno, gracias al compromiso social".

Por su parte, Ken Robert Livingstone, ex alcalde de Londres, insiste en la necesidad que tienen las ciudades de países emergentes de cobrar fuertemente por el uso de vehículos particulares para reducir la congestión y favorecer el medio ambiente. La visión de Livingstone ha sido destacada y avalada en múltiples foros. La alemana Siemens, en su investigación London Study, señaló que con la tecnología disponible en la actualidad es posible desarrollar este y otro tipo de soluciones al transporte de ciudades como Bogotá. Siemens tiene gran experiencia en el tema y en Colombia ha hecho presencia con grandes obras como la construcción del metro de Medellín. A este respecto, Andreas Melhorn, consultor de negocios en jefe de la firma alemana, afirma que "actualmente las ciudades son vistas como compañías que deben proyectarse al futuro".

En esta misma vía, Ralph Gakenheimer, profesor de planeación urbana de MIT, insiste en la necesidad de crear políticas de largo plazo en el tema de transporte urbano y afirma que un buen punto de partida para Bogotá sería la organización de una biblioteca destinada exclusivamente a publicaciones sobre Bogotá. "Hoy, el esfuerzo debe centrarse en definir qué es posible lograr de aquí a 2038, según diferentes posibilidades", agrega Gakenheimer.

Todavía hay tiempo para planear la ciudad que queremos, y para garantizar que el aumento estimado de la población, en vez de ser un problema, se puede convertir en una oportunidad para repensar la ciudad y definir una política de largo plazo que garantice la sostenibilidad de Bogotá. La coordinación institucional y un acuerdo que permita llevar a la práctica la visión soñada de Bogotá, sin importar quien sea el gobernante de turno, serán factores claves para garantizar que los 500 años de Bogotá sean un motivo de orgullo y no de frustración.
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