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Julio Mario Santo Domingo.

| 9/17/2004 12:00:00 AM

Bavaria. De Kopp a Santo Domingo

Esta cervecera ha sido cantera de otras empresas y motor de uno de los mayores grupos económicos del país. Su futuro está en los mercados internacionales.

En la ola de migraciones que se dio a finales del siglo XIX, llegó a Colombia un joven alemán que montó la que llegó a ser una de las empresas más sólidas del país en los últimos 115 años: Bavaria. Leo Kopp, quien nació judío, fue masón grado 33 y está enterrado en un cementerio católico de Bogotá, se convirtió en el precursor de la industria moderna en el país, con la creación de la Cervecería Alemana de Kopp en 1889, con la cual logró masificar esta bebida, estimada por las élites que consumían cerveza importada.

Bavaria fue la primera empresa que se construyó en un edificio especialmente pensado para ella, y la primera en registrar las marcas de sus productos ante la respectiva dependencia de Hacienda, en 1889. El temperamento planificador y estricto de Kopp, heredado de la cultura europea, influyó notoriamente en el manejo fabril y en la administración de la empresa. "Lo significativo fue la destinación de un espacio exclusivo y fijo para la empresa, en un momento en que las empresas todavía se podían confundir con viviendas. Las máquinas, aparatos y procesos reunidos, muchos de ellos empleados por primera vez en Colombia, eran relevantes por los volúmenes de producción que permitían, el esfuerzo de mecanización y el cambio fundamental en las características del producto que ocasionaban", relata Édgar Valero en Empresarios, tecnología y gestión en tres fábricas bogotanas. Los avisos de Bavaria se ilustraban con imágenes de grandes industrias europeas, para asociarla con la industrialización.

Algunas de las características que le imprimió Kopp a la empresa se han mantenido consistentes. El desarrollo industrial, la preocupación por la calidad, la integración vertical que se inició en 1896 con la construcción de la fábrica Fenicia para sustituir las botellas importadas, y la habilidad para vencer a sus competidores y quedarse con el mercado son atributos que permanecieron, a pesar de los cambios de dueño. Todo esto, enmarcado por la gran liquidez que genera el negocio de la cerveza.



Superar competidores

Cuando Bavaria abrió sus puertas el 1 de junio de 1891 en Bogotá, la fabricación de cerveza era artesanal. Para esa época, tenía tradición la cervecería Sayer, fundada en 1896 por el inglés Samuel Sayer, y la Cervecería Cuervo, fundada a mediados de 1860 por los hijos de Rufino José Cuervo, Ángel y el filólogo Rufino José. También eran importantes La Rosa Blanca (1882) y La Camelia Blanca (1896). La primera, propiedad del general Emilio Murillo, dueño del hotel más famoso de esa época, del cual tomó su nombre la cervecería, y la segunda de Lino Casas, ex trabajador de Cervecería Cuervo, que ayudó a montar la fábrica de cerveza de Montoya y Cía. en Bogotá y La Colombiana, en Tunja.

Aunque la mayor competencia la representaban los fabricantes de chicha y guarapo, bebida popular y que estaba muy arraigada en la cultura bogotana, las primeras peleas de Bavaria por el mercado se centraron en las cervecerías rivales, que ofrecían la cerveza a un menor precio al que podía hacerlo Kopp.

La estrategia estuvo encaminada a la diferenciación, para lo cual Bavaria aprovechó su fortaleza técnica. En 1899, Kopp publicó apartes de un concepto sobre cervezas que se emitió durante la exposición industrial de ese año. En él, se destacaba la supremacía de Bavaria y se conceptuaba que era la única que, por sus características, podía llamarse cerveza. Esto originó uno de los muchos enfrentamientos con las otras cervecerías, ya que Kopp se apoyó reiteradamente en este tipo de estudios para marcar una diferencia.

Esta estrategia se completó con el ingreso de Bavaria al segmento popular -de bajo precio-. El primer esfuerzo fue con la compra de Cervecería Inglesa en 1895, donde produjo la marca Tivoli. Sin embargo, el lanzamiento de La Pola en 1911 le permitió conquistar las masas. Fue tal su éxito, que este nombre aún es sinónimo de cerveza.

Para 1915, cuando las cervecerías caseras habían reducido su participación en el mercado, Bavaria inició una agresiva campaña contra la chicha y el guarapo, sustentada en estudios y en la diferencia en las condiciones de higiene de estos productos frente a la cerveza.

Entre las cervecerías que sobrevivieron estaban Germania, en Bogotá (que posteriormente fue absorbida por Bavaria) y Bolívar, en Barranquilla, que en 1932 Mario Santo Domingo compró, junto con la Cervecería Barranquilla, para dar origen a Cervecería Águila.

"En 1916, Bavaria se constituyó como la principal industria de Bogotá, y el crecimiento anual de sus ventas entre 1910-19 fue del 15,5%", señala una monografía de Enrique Ogliastri sobre la compañía. Además, afirma que lo que marcó la diferencia y la supremacía de Bavaria en el sector fue la creación de una fábrica para hacer tapas corona en Barranquilla en 1928, lo que impuso una brecha tecnológica y le aseguró el abastecimiento de materia prima.



Financiación

Los vínculos de Leo Kopp con Europa fueron decisivos por la asesoría de expertos cerveceros en la fábrica y como fuente de financiación. En 1897 convenció a 24 personalidades y casas alemanas de participar en la empresa, pacto que se cerró en Hamburgo con la creación de la Deutsch Columbianische Braveri, lo que permitió ensanchar la fábrica, fundar Fenicia y comprar la Cervecería Inglesa. Todo esto, conservando el 50% de la sociedad para él y su familia.

Años después, en 1922, trajo un nuevo socio de su viaje por Europa. Se trata de Handel, firma con sede en Holanda, que en diciembre de 1922 compró las fábricas de Bavaria, Fenicia y las minas de Zipacón. Con estos recursos, Kopp hizo una nueva ampliación en la planta.

La Gran Depresión de los 30 golpeó, como a todas, a la industria cervecera y presionó la fusión de las cervecerías. Así, el 4 de noviembre de 1930 se constituyó el Consorcio de Cervecerías Bavaria, resultado de la fusión de Handel y Cervecería Continental de Medellín, que aportó las fábricas de Pereira, Barranquilla, Medellín y Bogotá, además de algunos lotes. Al consorcio también se unieron Colombiana de Gaseosas (Manizales) y las cervecerías de Honda, del Magdalena, Colombia y Andes, en Cali.

Don Leo no pudo ver la creación del Consorcio, pues murió el 4 de septiembre de 1927. Su hijo Guillermo lideró todo el proceso y estuvo a cargo del Consorcio hasta 1942-43, cuando se retiró de la empresa después de la nacionalización que decretó el gobierno a las empresas de ciudadanos alemanes, italianos o de territorios ocupados por estos países (ver Dinero noviembre de 1995).

Empieza la era Santo Domingo

Durante las décadas del 40 y 50, la compañía se concentró en el ensanchamiento y modernización de sus plantas, y en la creación de compañías como la Maltería de Santa Rosa de Viterbo (1943), Malterías de Colombia (1946) y la Distribuidora Bavaria (1947). También compró Cervecería Clausen en 1957.

En 1959 se inició la primera política de diversificación, bajo la presidencia de Alberto Samper Gómez, que duró diez años. En esa década, compró una constructora de equipos de maquinaria pesada (Toddshipbuilding Company), Petroquímica del Atlántico, constituyó Hops Extract Corporation of America para producir extracto de lúpulo y participó, entre otras, en la Fábrica de Vidrio Colombiano. En 1964 creó la Compañía Inversionista Nacional para manejar las inversiones no cerveceras.

Esta acelerada diversificación y una reliquidación de impuestos por parte del Ministerio de Hacienda, en 1969 en la que la conminaba a pagar $280 millones adicionales, llevaron a la compañía a un enfrentamiento con el presidente Carlos Lleras Restrepo, lo cual propició que los Santo Domingo se quedaran con la compañía.

Ante el aviso de reliquidación, Bavaria anunció una reducción en el dividendo, lo que llevó a Lleras a convocar una comisión para analizar las finanzas de la compañía. El estudio descubrió que la política de inversión no había sido tan afortunada como se esperaba. Entre otros resultados, la compañía había liquidado empresas por $21,6 millones, de los cuales solo había podido recuperar $14,9 millones (ver Dinero noviembre de 1995) y tenía problemas de liquidez.

Mario Santo Domingo y su hijo Julio Mario aprovecharon la falta de liquidez para apropiarse de Bavaria. La historia empezó en 1967, cuando Bavaria llegó a un acuerdo de distribución con Cervecerías Barranquilla y Bolívar (que cambiaron su nombre por Águila), propiedad de los Santo Domingo, para embotellarles y distribuir Águila en Bogotá, a la vez que ellos distribuían Bavaria en la Costa.

Esta relación dio pie a que los Santo Domingo convencieran a Alberto Samper de comprar Cervecería Águila, mediante un intercambio de acciones, dados los problemas de liquidez de Bavaria. Esto le dio el 22% de Bavaria a los Santo Domingo y los convirtió en el mayor accionista individual, ya que ninguno de los demás tenía individualmente más del 10%. La magnitud de este hecho se manifestó en la asamblea de accionistas de Bavaria de 1968, cuando los Santo Domingo asumieron el control de la empresa apoyados, entre otros, en la anulación de poderes que habían sido utilizados tradicionalmente por los antiguos socios mayoritarios. Además, les permitió nombrar dos miembros en la junta directiva de la compañía.



De una gran empresa al mayor grupo

Lo primero que se hizo después de la crisis con Lleras fue volver a focalizar la cervecería. Se liquidaron empresas como Cereales Colombianos, Vidriera Fenicia, Tapas y Envases, Embotelladora Tropicana y Empresas Molineras. A la vez, se aumentó la capacidad instalada con las nuevas fábricas de Cali y Cúcuta.

Para esa época, Bavaria no solo era una de las industrias más importantes del país, sino que para 1975 ya era considerada conglomerado por la Superintendencia de Sociedades. Con la presidencia de Augusto López Valencia (1985-1999), se convirtió en el único productor importante de cerveza y en un jugador internacional y acumuló el poder actual, para lo cual fue clave la adquisición de Caracol Radio y Caracol Televisión en 1986. Esta jugada le dio a Bavaria el poder político, además del económico que ya ostentaba.

En 1996 compró Cervunión, construyó la Maltería Tropical de Cartagena y la Cervecería de Tibasosa, amplió la de Bogotá y reestructuró las cervecerías de Quito y Guayaquil que había adquirido en 1985. Además, en 1990, adquirió una participación en la compañía portuguesa Central de Cervezas y en 1992 invirtió en España. Años después, Bavaria se retiró de Europa. López repelió el ataque de Ardila Lülle, cuando esta organización incursionó en cerveza con Leona, para lo cual se metió en el terreno de su rival: entró en gaseosas, aguas y jugos.

También amplió el área de inversiones de la empresa, con la incursión en telecomunicaciones, con Celumóvil, Americatel, Latinonet y Orbitel; en petroquímica con Propilco y Biofilm; turismo con la Compañía Hotelera Cartagena de Indias y la sociedad Desarrollos Hoteleros Guanacaste, en Costa Rica. Entró a Sofasa y a Carrefour, entre otros.

En octubre de 1997, la empresa se escindió para darles claridad a la actividad industrial y a la que, como inversionista, venía haciendo Bavaria. Se creó Valores Bavaria, para administrar el portafolio. Sin embargo, las dos empresas quedaron bajo la presidencia de López.

En 1999, Andrés Obregón asumió la presidencia de Bavaria, mientras que en diciembre de 2000 a Leonor Montoya le correspondió iniciar la separación administrativa de las dos compañías y hacer una escisión por $816.266 millones entre Valores y Bavaria, para terminar de clarificar las cuentas entre las dos compañías. En 2002, Javier Aguirre asumió la presidencia de Valores, que para 2001 había perdido casi $1 billón, con la misión de liquidar las inversiones en sectores no prioritarios.

En 2001, Ricardo Obregón asumió la presidencia de Bavaria. Su reto ha sido concentrarla nuevamente en el negocio cervecero, racionalizando la operación, haciéndola más productiva y dándole una dimensión internacional, más centrada en la región. Después de la diversificación, vino la calma.
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